Por unanimidad, un jurado popular halló culpable a Gabriela Aracy Moreira. La defensa de la mujer había alegado que era víctima de violencia de género. La parte acusadora, a cargo del fiscal Guillermo Lennard, en tanto, aseguró que el móvil del crimen era económico. Por ello, el delito que le habían imputado fue el de homicidio agravado por el vínculo y por alevosía.

Tras una hora y 40 minutos de debate y por unanimidad, un jurado popular halló culpable este jueves a Gabriela Aracy Moreira, quien llegó a juicio ante el Tribunal Oral en lo Criminal Nº1 de Mercedes, acusada por haber matado a su esposo, el empresario rural Rolando Nusbaum (68), de un disparo en la cara en la casa que compartían junto a sus hijos en un barrio privado del partido de Luján. La condenaron a la pena de prisión perpetua.
En un principio la mujer negó el homicidio. Es que después de que encontraran el cuerpo del empresario, Moreira le dijo a la Policía Bonaerense que su marido había sido asesinado por tres ladrones a los que además tuvo que darles 30 mil dólares y ayudarlos a escapar. Sin embargo, según la investigación, se estableció que fue ella quien apretó el gatillo.
Violencia vs. móvil económico
Así, a lo largo del juicio, la defensa de la acusada, ejercida por Pablo Becerra y Leonardo Figal, sostuvo que Moreira mató a su marido como resultado de los años de violencia machista (física, psicológica y hasta económica) a la que fue sometida por Nusbaum.
La parte acusadora, a cargo del fiscal Guillermo Lennard, en tanto, aseguró que el móvil del crimen era económico. Entre los motivos se deslizó la disputa por una valiosa casa y millonarios negocios que tenían en común. Por ello, el delito que le habían imputado fue el de homicidio agravado por el vínculo y por alevosía.
El jurado de 12 miembros resolvió este jueves a favor de la versión de la acusación y halló culpable a Moreira.
El caso
El fiscal Pablo Vieiro, de la Unidad Funcional de Instrucción Nº10 descentralizada de Luján, encontró varias grietas en su declaración. Por ejemplo, no supo explicar por qué nunca subió a la habitación para corroborar que aquella detonación era efectivamente un disparo o por qué dejó a sus dos hijos solos para ayudar a los delincuentes a escapar.
Además de las inconsistencias en la declaración, hubo una prueba que le complicó: en el análisis de dermotest le encontraron restos de deflagración de pólvora en las manos.
Los policías que llegaron a la casa y encontraron el cuerpo de Nusbaum sobre la cama hallaron una caja color amarilla dentro de una vitrina, con la inscripción “9 mm. Luger Remington UMC made in USA”. La caja contenía 172 municiones y, a la vista, sólo un lugar estaba libre. Luego, se advirtió que estas municiones eran del mismo calibre y de la misma marca que la vaina servida que estaba en el suelo, al costado del cuerpo, disparada por una Beretta que Nusbaum había declarado en el ex Registro Nacional de Armas.
Nusbaum poseía diversas armas registradas y municiones debido a su práctica de la caza.
Según fuentes cercanas al expediente, los hijos manifestaron que no llegaron a escuchar ni la llegada de los asaltantes, ni el disparo.
Vínculo conflictivo
Varios allegados a la pareja que se convirtieron en testigos de la causa. Todos coincidieron en que el vínculo entre Moreira y Nusbaum era conflictivo y que al momento del crimen tramitaban el divorcio en el que había en juego la mansión de mil metros cuadrados, con nueve dormitorios, ocho baños y ocho cocheras que tenían en “La Ranita”, valuada en más de 1 millón de dólares.
No era lo único. Moreira, monotributista categoría F, registrada como empresaria en los rubros de la AFIP, tenía su domicilio fiscal en La Ranita y, según el Boletín Oficial, era parte legal de los negocios de su marido. En junio de 2013, Nusbaum le cedió 20 mil cuotas de la empresa a su mujer y renunció al cargo de gerente: la sucesora en el cargo fue ella. La empresa, curiosamente, había sido creada menos dos meses antes. La socia original era una mujer hoy de 37 años, del mismo apellido que el empresario, una aparente familiar.
Cuando la fiscalía de Instrucción elevó la causa a juicio con la viuda como presunta encubridora, Moreira asumió haber cometido el crimen en contexto de violencia de género. La defensa aseguró que tenía terror a las posibles represalias de realizar una denuncia contra su marido. Moreira, ya acusada del crimen, develó también que la misma noche del asesinato había sido amenazada por su marido con la frase “a vos te queda poco”.

