El equipo de General Rodríguez fue el rival de Regatas el viernes en “La Ribera” por la tercera fecha del Prefederal Bonaerense. Los nicoleños terminaron ganando por 132 a 69 ante un adversario que se presentó a jugar solo con siete jugadores, de los cuales uno no ingresó. Y cuatro de ellos son hermanos. Y como si esto fuera poco, el papá es el técnico.

El viernes Regatas-Costa Brava debía comenzar a las 21.00 por la tercera fecha del Grupo D del Prefederal Bonaerense. Sin embargo, en un primer momento se retrasó quince minutos el inicio del juego, debido a que el vehículo que trasladaba rumbo a San Nicolás a un grupo de jugadores visitantes había sufrido una falla técnica en la ruta y su llegada a la ciudad venía demorada (“Están cerca de Ramallo”, se dijo). Esa fue la explicación oficial que la gente de General Rodríguez dio a los árbitros Ezequiel Valente y Pedro Ramírez; y también a la dirigencia regatense. Fue pasando el tiempo. Y los basquetbolistas en cuestión no arribaban, en medio de una ansiedad generalizada en las tribunas, y charlas e intercambio de opiniones dentro de la cancha. El encuentro no empezaba, con Costa Brava con solo siete integrantes de su plantel presentes en “La Ribera”. La confusión se apoderó aún más de la escena después de que se manifestara desde Costa Brava que finalmente los jugadores se encontraban en Baradero y que no iban a llegar (se llegó a decir que se trasladaban en remís y que el remisero los bajó porque no tenían plata para pagarle el viaje). Todo muy raro.
Tras un llamado al presidente de la Federación de Provincia de Buenos Aires, Marcelo Pallotti (y tras su visto bueno), las acciones se iniciaron, a las 22.00. En ese contexto, los nicoleños terminaron ganando por 132 a 69 ante un adversario que de los siete jugadores que tuvo utilizó seis, ya que uno no ingresó. Y si algún dato curioso más le faltara a esta historia, de los que pisaron la madera cuatro de ellos eran hermanos. Se trata de los Oroná: Iván (ex jugador de Los Andes de Villa Ramallo, y goleador de los suyos con 22 puntos), Sebastián (10 tantos), David (9) y Gastón (6). Y como si esto fuera poco, el papá, Hugo, fue el técnico (función que uno de sus hijos, Gastón, cumplió en otra etapa en la misma institución).
Según pudo averiguar EL NORTE, en cuanto a lo reglamentario, Costa Brava –que venía de ganarle de local en suplementario a La Emilia- estaba habilitado para afrontar este choque con ese número de basquetbolistas (hasta con cinco podría haber jugado). Jamás se sabrá si las razones que su Delegado entregó para que el encuentro no comenzara en tiempo y forma fueron las reales. Lo concreto es que sí fue un hecho cuanto menos desprolijo (por utilizar un término “suave”).
Y no fue la primera vez que le sucedió a Costa Brava. De hecho, el año pasado, cuando visitó a Somisa en el “Socios Fundadores” también se presentó con siete jugadores. Y terminaría perdiendo 134 a 47 aquella noche.

Su historia
En la década del ’60, un grupo de jóvenes se juntaba en la esquina de Boati Y Bernardo de Irigoyen, donde funcionaba el bar-pulpería de la familia Rotta. Con el paso del tiempo, formaron un equipo de fútbol al cual denominaron Costa Brava.
El grupo lo conformaba José Pisarello, Sánchez, Scaglia, Dante Olaizola, Rodolfo Diez, Viviana Grosso (Coton), la familia Brachi y Botta, entre otros.
Una vez formado, comenzaron los planes para fundar su propio club. Con el dinero que reunieron, compraron los terrenos que están ubicados en 2 de Abril y Demaetri.
Su primer reconocimiento oficial como Club, fue el 25 de mayo de 1973. A partir de esa fecha, se dio comienzo a su construcción. Fue así, como cada 25 de mayo, no solo se festejaba el día de la Patria y el aniversario de la institución, sino también se aprovechaba a recaudar fondos para las futuras instalaciones.
Una de las actividades que se realizaban y quedarán en la memoria colectiva, eran los tradicionales asados con cuero llevados a cabo en los galpones de la Auteria Olaizola, ubicada en Solanet y Pellegrini.
A fines de la década del ’70 se construiría el primer salón y, en los ’80, la cancha de bochas, convirtiéndose en una de las principales de la región.
Bajo la presidencia de Rodolfo Diez, comenzó la construcción de lo que actualmente es el tinglado mayor.
A partir del 2013, la institución tuvo un proceso de regulación, que fue encabezado por Viviano Grosso (Coton) acompañado por dos hijos de socios fundadores.
En lo basquetbolístico, con mucho esfuerzo, compitió hasta el año pasado en la Asociación de Zárate-Campana y desde esta temporada lo hace en el ámbito de Mercedes.
En sus compromisos oficiales Costa Brava hace las veces de local en el Microestadio Municipal del Polideportivo “Juan Antonio Ávila”, debido a que su cancha no cuenta con las medidas reglamentarias.
Aun entendiendo sus limitaciones en cuanto a lo estructural, lo material y lo presupuestario, en un torneo semiprofesional como este en el que está participando (ya por tercera temporada consecutiva, además), lo que pasó en nuestra ciudad no dejó bien parado a Costa Brava (ni tampoco a la organización de la competencia, desde ya). Y más allá de la valiosa tarea social que pueda llegar a cumplir a través de este hermoso deporte en su comunidad y del sacrificio que seguramente internamente realicen allí a diario para mantenerse en pie en los tiempos que corren, visto a la distancia, desconociendo su realidad, a juzgar por lo sucedido en Regatas, Costa Brava deberá replantearse en el futuro si vale la pena seguir así.

