Diez días con la abuela: lección de presencia y conflictos

La experiencia que cambió la forma de habitar los conflictos

Jorge Yunes junto a su abuela, símbolo de presencia y escucha activa

NewsITe

Durante diez días, a caballo entre el cierre de 2025 y el inicio de 2026, el mediador y abogado especializado en neurociencia aplicada a la gestión de conflictos, Jorge Yunes, convivió con su abuela de más de 90 años. Lo que comenzó como una simple solución de logística familiar terminó convirtiéndose en un laboratorio íntimo sobre la presencia, la escucha y la manera en que habitamos –o no– nuestras conversaciones cotidianas.

Lejos de las grandes revelaciones y sin escenas de película, esos días transcurrieron entre comidas sencillas, silencios prolongados, preguntas repetidas y partidas de cartas. Pero, detrás de esa aparente simpleza, Yunes encontró una clave que hoy atraviesa su trabajo profesional: aprender a estar de verdad, sin que la mente se escape a la agenda, al celular o a las preocupaciones de siempre.

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En una editorial publicada en LinkedIn, Yunes sintetizó el propósito que surgió de esa convivencia: “Este año quiero estar plenamente presente en cada conversación, en cada conflicto, en cada mirada”. El disparador fue incómodo: advirtió su propia impaciencia y lo que define como “fastfood mental”, esa aceleración interna que lo alejaba de las personas incluso cuando físicamente estaba con ellas.

El mediador reconoce que muchas veces “scrolleaba con la mente” aun sin el celular en la mano. Mientras alguien hablaba en una audiencia, su cabeza ya saltaba a la próxima reunión o a la lista de pendientes. Ese divague mental lo conectó con el concepto de wandering mind, la mente errante, y con la evidencia científica que muestra que, cuando la mente se va, no solo se esfuma la presencia: también cae el bienestar subjetivo.

La presencia como práctica: lo que enseña una abuela de 90 años

La abuela de Yunes, lúcida y atenta a pesar del desgaste físico propio de la edad, se convirtió sin proponérselo en una maestra de presencia. No presiona, no compite ni mide rendimientos. Pero percibe, observa y se da cuenta cuando el otro está conectado o cuando su atención se fue a otro lado. Esa sensibilidad, moldeada por décadas de vínculos, le marcó al mediador un límite claro: con ella no había margen para la multitarea emocional.

En lugar de teoría, Yunes eligió explicar lo aprendido a través de un acróstico al que llama la “conexión 5G” para habitar los conflictos con presencia. Cada letra resume un eje que, dice, su abuela encarna en lo cotidiano:

  • Gratitud: valorar las herramientas adquiridas, la capacidad de argumentar y, sobre todo, a quienes nos escuchan. No como consigna abstracta, sino como forma de estar en el mundo.
  • Ganar–Ganar: abandonar la lógica binaria de que uno gana y otro pierde. Incluso con recursos escasos, siempre es posible ampliar la mirada y crear valor en lo que realmente importa.
  • Gestión: dejar la tribuna y pasar a la acción. Habitar el conflicto implica hacer, involucrar el cuerpo, aceptar errores y trabajar más profundo que un simple “me gusta” o un mensaje rápido.
  • Glosario: animarse a preguntar qué quiere decir el otro. Detenerse en las palabras, especialmente en las más técnicas, abre nuevos sentidos y mejora la comprensión mutua.
  • Generosidad: entender que lo importante no es solo lo que nos llevamos, sino lo que dejamos en el otro: una pregunta, una mirada, un gesto que modifique el clima del encuentro.

Para el mediador, estas cinco “G” son una hoja de ruta sencilla pero profunda para quienes trabajan con conflictos, pero también para cualquier persona que quiera sostener conversaciones más humanas en un contexto atravesado por la velocidad y la dispersión permanente.

Neurociencia, miedo y generación silver: por qué la presencia regula

Desde la neurociencia, Yunes explica que la presencia funciona como un regulador natural porque le baja el volumen al miedo. Cuando estamos verdaderamente atentos al otro, el cerebro deja de leerlo automáticamente como amenaza y disminuyen las respuestas defensivas típicas: luchar, huir o quedarse paralizados. El conflicto no desaparece, pero se desactiva la lógica de guerra y se abre espacio para elegir mejores respuestas.

Ese desafío se vuelve especialmente relevante para la llamada generación silver, que combina experiencia, pérdidas, largas conversaciones y silencios incómodos. Para Yunes, allí hay un capital clave: un oído entrenado. Propone “afinarlo” cada día, como quien prepara una guitarra antes de salir a escena. Esa afinación exige algo escaso: silencio y quietud. Sin ese trabajo previo, no hay canción posible, por más talento que se tenga.

“Escuchar bien no garantiza que todo salga bien, pero es siempre un buen comienzo. Porque cuando el oído está afinado, los conflictos empiezan a sonar distinto”, resume Yunes.

Entre mediaciones, teorías de la neurociencia y cartas sobre la mesa, la enseñanza de su abuela se volvió simple y poderosa: quedarse un poco más, no levantarse de la conversación antes de tiempo, dar lugar al silencio y recuperar la capacidad de estar. En tiempos de mentes errantes, esa puede ser la forma más silenciosa –y más efectiva– de transformar los conflictos.

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