El proyecto de presupuesto no reunió los votos necesarios en el Senado y el Gobierno federal enfrenta el riesgo de un cierre parcial desde el viernes.

Estados Unidos volvió a quedar al borde del shutdown luego de que el Senado de los Estados Unidos rechazara el proyecto de presupuesto federal, que no alcanzó los 60 votos necesarios para avanzar. La iniciativa fue bloqueada por 55 votos contra 45, en un contexto de fuerte polarización política y disidencias dentro del Partido Republicano.
El freno legislativo se produjo mientras continúan negociaciones de urgencia entre la Casa Blanca y senadores demócratas para destrabar el financiamiento del Department of Homeland Security, convertido en el eje central del conflicto presupuestario.
Si no se alcanza un acuerdo antes de la medianoche del viernes, el Gobierno federal podría enfrentar un cierre parcial, con impacto en agencias y servicios considerados no esenciales.
El eje del conflicto: inmigración y fuerzas federales
Los demócratas reclaman separar el financiamiento del DHS del resto del paquete presupuestario para introducir cambios en el funcionamiento de Immigration and Customs Enforcement. Entre las exigencias figuran el fin de patrullajes móviles sin supervisión, reglas más estrictas sobre el uso de la fuerza, la obligatoriedad de cámaras corporales y la prohibición del uso de máscaras por parte de los agentes.
La presión política se intensificó tras la muerte de civiles en Minneapolis durante operativos federales, entre ellos el enfermero Alex Pretti, hechos que reavivaron el debate sobre el accionar de las fuerzas federales en tareas de seguridad interna.
Del lado republicano, el oficialismo necesita el respaldo de al menos siete senadores demócratas para evitar el cierre del Gobierno. El liderazgo legislativo mantiene abierta la posibilidad de volver a someter el paquete a votación si se alcanza un entendimiento político en las próximas horas.
Riesgo de cierre técnico
Incluso si se alcanza un acuerdo, fuentes legislativas advirtieron que podría producirse un shutdown técnico breve, ya que cualquier modificación aprobada por el Senado deberá regresar a la Cámara de Representantes, que actualmente se encuentra en receso.
El riesgo de paralización parcial del Estado se inscribe en un patrón recurrente de la política estadounidense, donde el financiamiento federal se utiliza como herramienta de presión entre el Congreso y el Poder Ejecutivo. En los últimos años, las discusiones presupuestarias quedaron atravesadas por disputas ideológicas, en especial en materia de inmigración, seguridad interna y gasto público.
El escenario actual también refleja el clima político tras el regreso al poder del presidente Donald Trump, con una agenda marcada por el endurecimiento migratorio, el uso ampliado de agencias federales y una relación de alta confrontación con el Partido Demócrata y varios gobiernos estatales.
El antecedente del shutdown más largo
El riesgo actual revive el recuerdo del shutdown más prolongado de la historia de Estados Unidos, cuando el Congreso tardó 40 días en destrabar el financiamiento federal. En aquel episodio, el Senado aprobó por 60 votos contra 40 un acuerdo que permitió reabrir las agencias federales, tras semanas de parálisis, protestas y tensiones políticas.
El cierre afectó a millones de personas: cientos de miles de empleados federales quedaron sin cobrar, se suspendieron servicios públicos, se retrasaron pagos de cupones de alimentos y se produjeron demoras en aeropuertos por falta de personal. Muchos trabajadores continuaron cumpliendo funciones sin percibir ingresos.
El acuerdo restableció de manera temporal la financiación de las agencias federales y frenó despidos hasta fines de enero, aunque dejó pendientes discusiones clave, como la continuidad de subsidios sanitarios vinculados a la Ley de Cuidado Asequible (Obamacare).

