El calvario de los hermanos Horn: 737 días en cautiverio

De Buenos Aires a Nir Oz: la historia de una familia marcada por el 7 de octubre

Los hermanos Horn, argentinos secuestrados por Hamás el 7 de octubre

NewsITe

Eitan Horn nació en Buenos Aires en 1986. Años más tarde, junto a su familia, se radicó en Israel buscando lo que muchos judíos de la diáspora definen como un horizonte de protección y pertenencia. El 7 de octubre de 2023, esa sensación se desmoronó para siempre: Eitan fue secuestrado por Hamás en el kibutz Nir Oz, a pocos kilómetros de la Franja de Gaza. Su hermano mayor, Iair, también fue capturado ese mismo día. El tercero de los hermanos, Amos, vivió el horror desde afuera, sin saber durante meses si sus hermanos seguían con vida.

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La historia de los Horn volvió a tomar estado público en Madrid, donde Eitan y Amos participaron de la proyección del documental “47 minutos: imágenes sin censura del 7 de octubre”, en la Universidad CEU San Pablo. En esa película, cuentan, aparecen amigos asesinados en el ataque al kibutz y se reconstruye, con crudeza, la magnitud de la ofensiva de Hamás contra Israel. “Esperamos que el mundo aprenda y que nunca más vuelva a ocurrir un 7 de octubre en ningún lugar del mundo”, resume Amos.

Nir Oz, uno de los kibutz más golpeados durante la incursión, era el lugar de residencia de Iair. Eitan se encontraba allí de visita aquel fin de semana. Minutos antes del secuestro, las sirenas de alerta comenzaron a sonar alrededor de las 6.30 de la mañana, advirtiendo sobre el lanzamiento masivo de misiles desde Gaza. Según el testimonio de Eitan, en menos de una hora se dispararon más de mil cohetes. Poco después, los terroristas irrumpieron en el kibutz y comenzaron los asesinatos, incendios y saqueos.

737 días bajo tierra: “Es estar muerto en vida”

Eitan recuerda que el secuestro se produjo en medio del caos: hombres armados ingresaron a la casa entre disparos y granadas. Él y su hermano fueron reducidos con extrema violencia y separados. En ese momento, relata, perdió la noción del tiempo: sólo pensaba cuándo lo iban a matar y buscaba con la mirada el cuerpo de su hermano. Incluso recuerda a un niño de unos 12 años que intentó acuchillarlo ante la mirada de los adultos.

Recién a las dos semanas de cautiverio supo que Iair seguía vivo. Ambos detenidos estaban en grupos cercanos y, al descubrir que eran hermanos, los secuestradores decidieron juntarlos. A partir de entonces compartirían encierro durante casi dos meses, hasta que la enfermedad de Iair –es diabético– determinó su inclusión en una lista de rehenes liberados por razones humanitarias. Pasó 498 días preso en túneles subterráneos, sin ver la luz del sol, con comida y agua escasas.

Eitan, en cambio, permanecería mucho más tiempo: en total, 737 días de secuestro, la mayoría en túneles. “Estar secuestrado es estar muerto en vida”, resume. Describe espacios sin ventilación, sin referencia de día o de noche, casi sin higiene y con enfermedades sin tratamiento médico. “Tuvimos épocas de tres meses sin bañarnos; y bañarse era apenas tirarse un poco de agua”, cuenta. La violencia, asegura, era constante: física, psicológica y sexual, las 24 horas del día.

Miedo, liberación y una recuperación que recién empieza

Durante el cautiverio, Eitan sintió en varias oportunidades que estaba al borde de la muerte. Narra al menos tres episodios en los que los captores les advirtieron que, si el ejército israelí se acercaba más de lo permitido, ejecutarían a cada rehén de un disparo. En otra ocasión, mientras eran trasladados para evitar un operativo de rescate, escuchó órdenes en árabe que decían que, si la situación se complicaba, los “aniquilaran en el acto”.

  • 498 días de cautiverio para Iair, liberado por razones médicas.
  • 737 días secuestrado para Eitan, la mayor parte del tiempo en túneles subterráneos.
  • Dos años de incertidumbre extrema para Amos y el resto de la familia.

Desde afuera, Amos describe esos años como un “calvario, un vía crucis constante”, marcados por la búsqueda de ayuda internacional y la incertidumbre absoluta sobre el destino de sus hermanos. Recién con la liberación de Iair, y luego la de Eitan, pudieron empezar a reconstruir una rutina. “Fue tocar el cielo con las manos. Volver a disfrutar la vida y empezar a reconstruirnos como seres humanos”, explica.

“Te privan de todo derecho mínimo que un ser humano debe tener… y no sabés si vas a seguir vivo al minuto siguiente”, dice Eitan Horn sobre el cautiverio en manos de Hamás.

Hoy, a sólo tres meses de haber recuperado la libertad, Eitan admite que la recuperación será larga. Combina terapia psicológica, psiquiátrica y fisioterapia, y reconoce que no sabe si volverá a ser el mismo de antes. Sin embargo, siente que tiene una responsabilidad: contar lo que ocurrió para que no se repita, ni en Israel ni en ningún otro país, contra ninguna comunidad. Mientras intenta procesar lo vivido, se aferra al apoyo de su familia y a una certeza simple pero contundente: está vivo y, pese a todo, decide mirar hacia adelante.

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