Reza Pahlavi redobla la presión internacional sobre Irán

NewsITe
Radicado en Estados Unidos desde hace más de cuatro décadas, Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, volvió a reclamar con dureza una intervención internacional ante la creciente ola de protestas contra el régimen de los ayatolás. En un contexto de represión extendida y denuncias de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, el heredero de la dinastía Pahlavi asegura que está dispuesto a regresar a su país si se abre un camino hacia una transición democrática.
Las movilizaciones, que se iniciaron a fines de diciembre y se extendieron por numerosas ciudades iraníes, comenzaron como un estallido por la crisis económica. El desplome del rial –la moneda local– y los aumentos sostenidos en alimentos y combustibles encendieron el malestar social. Sin embargo, con el correr de los días, las consignas derivaron en un cuestionamiento frontal al sistema político y religioso instaurado tras la Revolución Islámica de 1979.
Organismos de derechos humanos denuncian que la represión dejó al menos 2.572 muertos y miles de detenidos, aunque algunas fuentes elevan la cifra de víctimas fatales a cerca de 15.000. En ese marco, Pahlavi sostiene que el régimen atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad y que la presión internacional podría resultar decisiva.
Apelación a Trump y promesa de regreso
Desde Washington, Pahlavi reiteró que espera una caída inminente de la República Islámica. “La República Islámica caerá, no si, sino cuándo”, afirmó en una conferencia de prensa en la capital estadounidense, donde volvió a pedir que potencias como Estados Unidos ejerzan un rol activo para acelerar el fin del régimen.
El hijo del sha recordó que vive en el exilio desde que la Revolución Islámica derrocó a su padre, Mohammed Reza Pahlavi, en 1979. Aun así, se muestra dispuesto a volver a Teherán si se abre una transición. Su objetivo declarado es servir como figura simbólica en un eventual proceso de democratización laica, más cercana al rol de una monarquía constitucional que al poder absoluto que ostentó su padre.
Durante las recientes protestas en Irán, no fueron pocos los manifestantes que corearon su nombre, lo que alimenta, al menos en el exterior, la percepción de que conserva cierto peso como referente opositor. Sin embargo, el verdadero alcance de esa influencia dentro del país sigue siendo motivo de debate entre analistas y diplomáticos.
Una oposición en el exilio con poder limitado
Reza Pahlavi encabeza desde 2013 el Consejo Nacional Iraní para Unas Elecciones Libres, un espacio político en el exilio que busca articular a sectores opositores y ofrecer una alternativa al actual régimen. En las protestas internacionales contra los ayatolás es habitual ver retratos suyos, utilizados como símbolo de una vuelta a un Irán más cercano a Occidente.
No obstante, incluso voces cercanas a la Casa Blanca ponen en duda su capacidad real de liderar una transición. Si bien Pahlavi ha mantenido contactos con el expresidente estadounidense Donald Trump y otros dirigentes de peso en Washington, no hay consenso sobre si es la figura adecuada para encabezar un eventual cambio de régimen.
El propio Trump, que en su momento evaluó una intervención más directa en Irán, finalmente dio marcha atrás pese a sucesivas advertencias hacia Teherán. En ese tablero complejo se mezcla la presión internacional, el desgaste interno del régimen y la dificultad de construir una oposición unificada fuera del país.
Del esplendor de la monarquía al exilio permanente
Pahlavi tenía apenas 18 años cuando la Revolución Islámica forzó la salida de la familia real. En 1978 se encontraba en Texas completando su formación como piloto de combate, parte de la educación internacional que había recibido como heredero al trono persa. Sus padres llegaron poco después a Estados Unidos, en enero de 1979, huyendo del avance imparable de las fuerzas leales al ayatolá Ruhollah Jomeini.
La dinastía Pahlavi, que gobernó Irán desde 1925 hasta 1979, quedó desarticulada en cuestión de meses. Pese a sus vínculos con potencias occidentales y a la fastuosidad con la que el sha agasajaba a mandatarios extranjeros, los aliados terminaron soltándole la mano cuando quedó claro que el régimen no resistiría. Mohammad Reza Pahlavi moriría en Egipto en 1980, mientras en Irán se consolidaba la República Islámica.
En el exilio, Reza Pahlavi llegó a autoproclamarse sah con el nombre de Reza II, pero con el correr de los años abandonó esa pretensión. Hoy se lo sigue tratando como “príncipe heredero”, una figura que intenta reposicionarse como referente civil en favor de una democracia pluralista. Mientras tanto, la tensión en las calles de Irán y la presión de la comunidad internacional mantienen abierto el interrogante sobre el futuro político del país.
“Volveré a Irán”, promete Pahlavi, convencido de que el régimen de los ayatolás atraviesa su etapa más crítica y que la movilización social terminará por forzar un cambio.
En un escenario atravesado por la crisis económica, la represión y la incertidumbre regional, el rol de la diáspora iraní, la reacción de las potencias y la capacidad de organización de la oposición interna serán claves para definir si las calles pueden convertir el descontento en una verdadera transición política.

