Se trata del “Padre Serafín”, quien hasta 2018 oficiaba ceremonias “de sanación” en la capilla del Hospital San Felipe. Desde la Diócesis advierten que el cuestionado clérigo fue protagonista de “incumplimientos graves” y solicitan a la comunidad de fieles que quien disponga de datos sobre su actual actividad la brinde en el Obispado.

De la redacción de EL NORTE
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A través de un llamativo comunicado, el Obispado Diocesano de San Nicolás advirtió a la comunidad de fieles sobre un sacerdote que se encontraría “ejerciendo el ministerio de manera ilegítima”.
«El sacerdote conocido con el nombre de ‘Padre Serafín’ se encuentra ejerciendo el ministerio sacerdotal ilegítimamente por haber incumplido gravemente la obligación de residir en la Diócesis de San Nicolás de los Arroyos», indicó el comunicado diocesano firmado por el presbítero Javier Fortunato, vicario general de la Diócesis que lidera el obispo Hugo Santiago.
El escrito también revela que el cuestionado sacerdote se «sustrajo de la autoridad del Obispo Diocesano» y advirtieron asimismo que no está «en comunión con la autoridad eclesiástica de esta Iglesia Particular».
«Se solicita a los fieles que si alguno conoce donde se encuentra el Padre Serafín, informe a este Obispado, ubicado en Calle Mitre 84 de esta ciudad, cuya atención es de lunes a viernes, en el horario de 9:00 a 13:00, de modo personal, a los teléfonos 336 – 442 2364, 336 – 442 9529, o al correo electrónico [email protected]».
Según pudo reconstruir EL NORTE a partir de fuentes eclesiásticas, el Padre Serafín, de origen senegalés y médico de profesión, pertenecía a la Diócesis y solía oficiar misas “de sanación” en la capilla del Hospital San Felipe de nuestra ciudad. Sus actividades allí concluyeron durante 2018, luego de la asunción de Hugo Santiago al frente de la Diócesis. En rigor, todavía pertenece formalmente a la Diócesis nicoleña.
Aunque desde el Obispado no lo confirmaron, la presunción es que el Padre Serafín podría estar ejerciendo el ministerio sacerdotal en otra Diócesis, algo para lo cual no estaría habilitado, puesto que ello implicaría por un lado una autorización del Obispado de San Nicolás en el cual se desempeñaba y, a su vez, una aceptación –también formal– de la Diócesis en que se encontrase llevando a cabo sus actividades religiosas.

