El Gobierno busca convertir al uranio en un motor de exportaciones

NewsITe
El Gobierno nacional busca relanzar la política nuclear argentina con un fuerte foco en la generación de negocios, divisas y agregado de valor a las exportaciones. Al frente de esta estrategia quedó Federico Ramos Napoli, de 31 años, recientemente designado por el presidente Javier Milei como secretario de Asuntos Nucleares, dependencia que actúa bajo la órbita del Ministerio de Economía.
Ramos Napoli llega al cargo tras su paso por Dioxitek, la empresa estatal dedicada a la producción de dióxido de uranio para las centrales nucleares y de cobalto-60 para usos médicos e industriales. Desde ese lugar propone un cambio de lógica: ordenar el sector, corregir incentivos y lograr que las inversiones realizadas por el Estado a lo largo de 75 años tengan un retorno económico concreto.
Según el funcionario, el sistema nuclear argentino acumuló un capital humano y tecnológico de primer nivel, pero no desarrolló la escala industrial ni los modelos de negocio necesarios. Por eso plantea reformular el rol de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), concentrándola en investigación, desarrollo, generación de productos y servicios tecnológicos, y separando de su estructura aquellas actividades que ya alcanzaron madurez comercial.
Reforma del sector nuclear y nuevo rol para la CNEA
La propuesta oficial apunta a que cada proyecto nuclear tenga un modelo de negocio definido desde el inicio. La CNEA, sostiene Ramos Napoli, no puede seguir subsidiando de manera indefinida emprendimientos que ya fueron construidos y puestos en marcha. Parte del financiamiento deberá seguir llegando desde el Tesoro, pero otra parte tendrá que provenir del aprovechamiento comercial de los activos que la propia Comisión ayudó a crear.
En esa línea se inscribe la designación de Martín Porro al frente de la CNEA, en reemplazo de Germán Guido Lavalle. El Gobierno destaca sus tres décadas de experiencia en la institución, con participación en el reactor RA-3, en Atucha II y en la Secretaría de Energía. El objetivo es combinar conocimiento técnico con capacidad de gestión de proyectos, en un contexto de fuertes restricciones fiscales.
Uno de los puntos centrales de la agenda es la minería de uranio. La administración Milei sostiene que la Argentina puede convertirse en una suerte de “Arabia Saudita del uranio”, aprovechando sus recursos geológicos y el conocimiento acumulado para transformar el yellow-cake en productos de mayor valor, como dióxido de uranio o incluso hexafluoruro de uranio, clave para el mercado de reactores de agua liviana.
Dioxitek, uranio y la apuesta exportadora
El caso de Dioxitek funciona como laboratorio de los cambios que se intentan aplicar. La empresa llegó a la actual gestión con deudas con la CNEA que se remontaban a 1999. Con un esquema de negociación de precios y costos, se avanzó en el saneamiento financiero y en una producción récord de dióxido de uranio, suficiente para abastecer la demanda interna de las tres centrales nucleares argentinas.
Sin embargo, el Gobierno busca ir más allá del mercado local. Aun cuando el segmento de dióxido de uranio tiene limitado potencial externo, existen oportunidades si el país logra producir hexafluoruro de uranio y se integra a la cadena global de suministro de combustible para los 65 reactores que hoy están en construcción en el mundo. En ese marco se firmó un memorando de entendimiento con la estadounidense Nano Nuclear, interesada en las capacidades tecnológicas locales.
Otra línea de negocio en expansión es la de las fuentes selladas de cobalto-60, rubro en el que Dioxitek exporta la mayor parte de su producción. La actualización de contratos a precios de mercado permitió generar ingresos adicionales, mientras se analizan nuevos desarrollos vinculados a tecnologías de radioterapia avanzada, como el gamma-knife, que podrían sumar aún más valor agregado a la oferta argentina.
RA-10, protonterapia, agua pesada y el futuro de los reactores modulares
El mapa nuclear que debe ordenar la nueva Secretaría incluye varios proyectos emblemáticos. El RA-10, reactor de investigación y producción de radioisótopos, es considerado el desarrollo más relevante de la próxima década. Combina la experiencia de la CNEA e INVAP y apunta a posicionar al país como proveedor de insumos críticos para la medicina nuclear. No obstante, en el Gobierno admiten que todavía falta consolidar un modelo de negocio que garantice su sustentabilidad económica.
Algo similar ocurre con el Centro Argentino de Protonterapia, iniciativa conjunta entre la CNEA y la Universidad de Buenos Aires. La obra registra un avance técnico importante, pero resta definir su esquema de operación: si la CNEA deberá seguir aportando fondos o si, por el contrario, prestará servicios tecnológicos y cobrará un canon a la fundación que gestionará el centro.
En Neuquén, la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), parada desde 2017, aparece como otro activo clave. Para reactivarla, la CNEA firmó un acuerdo con la canadiense CANDU Energy, con el objetivo de reacondicionar la infraestructura y abastecer a los nuevos modelos de reactores CANDU Monark. También está en revisión el futuro del prototipo del reactor modular CAREM, detenido por problemas de ingeniería, mientras se evalúan alternativas como el ACR-300, diseñado por INVAP en alianza con capitales privados.
Con este conjunto de decisiones, el Gobierno busca consolidar un “entorno nuclear atractivo” para la inversión y la radicación de proyectos, tanto en generación eléctrica como en aplicaciones médicas e industriales. La apuesta oficial es que la Argentina deje de ser solo un laboratorio de alto nivel y se convierta, además, en un actor relevante de las cadenas globales del combustible y la tecnología nuclear.

