El secreto medieval detrás del chanchito: por qué las alcancías son cerdos

Un símbolo que todos tuvimos de chicos esconde una historia tan curiosa como inesperada: entre ahorro, crisis medievales y una confusión lingüística, el clásico “chanchito” tiene mucho más para contar.

¿Qué es una alcancía? Se le denomina así a la vasija, elaborada comúnmente de barro, la cual se encuentra cerrada y posee una hendidura estrecha en la parte superior. Es por medio de esta rendija donde se echan las monedas o billetes doblados. La única manera de acceder al contenido es rompiendo el recipiente.

El diccionario de la lengua española explica que la palabra alcancía proviene del árabe hispánico alkanzíyya, y este del clásico kanz o tesoro. Con el trascurso de los años ganó popularidad en el mundo, por lo que pueden encontrarse diversos tamaños, formas y colores.

¿Sabías que ese cerdito donde guardabas monedas de chico… en realidad esconde una historia medieval?

Desde chicos, muchos tuvimos una simpática alcancía con forma de cerdo. Estaba ahí, en una repisa o sobre un mueble, esperando monedas. Pero la pregunta es inevitable: ¿por qué un cerdo?

La respuesta, como suele pasar en la historia, no es una sola. Y las dos versiones que explican este origen son igual de fascinantes.

La primera nos lleva directo a la Europa medieval. En un contexto donde el dinero no siempre era estable y las crisis eran parte de la vida cotidiana, ahorrar no era tan simple como guardar monedas. Para muchas familias, la estrategia era otra: invertir en un cerdo.

Lo compraban, lo alimentaban, lo cuidaban… y llegado el momento, lo vendían. Era una forma concreta de guardar valor, una especie de “plazo fijo” muy particular… que comía. Con el tiempo, ese vínculo entre el cerdo y el ahorro empezó a instalarse en el imaginario colectivo como símbolo de reserva y previsión.

Pero hay otra historia, igual de interesante, que nos lleva al terreno de la lingüística.

En la Inglaterra medieval se utilizaba una arcilla llamada “pygg” para fabricar recipientes domésticos. En muchos de ellos, la gente guardaba monedas. Eran, en esencia, las primeras alcancías, conocidas como “pygg banks”.

Con el paso del tiempo, la pronunciación de “pygg” empezó a confundirse con “pig”, que en inglés significa ‘cerdo’. Y ahí ocurrió algo inesperado: los artesanos comenzaron a fabricar esos recipientes… pero con forma de cerdito.

Una confusión de palabras terminó moldeando un símbolo que atravesó siglos y culturas.

Así que la próxima vez que veas una alcancía con forma de chancho, podés pensar en dos cosas: en una antigua forma medieval de ahorrar… o en un curioso error lingüístico que terminó haciendo historia.

Porque a veces, la historia no solo se guarda en los libros. También se guarda… en un cerdito.

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