Entra en vigor el Tratado Global de los Océanos sin EE.UU.

El BBNJ marca un hito para la protección de la alta mar

Representantes de la comunidad internacional celebran el Tratado Global de los Océanos

NewsITe

El 17 de enero entra en vigor el Tratado Global de los Océanos, también conocido como Tratado de Alta Mar o BBNJ, luego de alcanzar las 81 ratificaciones necesarias. El acuerdo, que se negocia desde 2004 en el marco de Naciones Unidas, busca reforzar la protección de la biodiversidad marina en aguas que no pertenecen a la jurisdicción de ningún país. La puesta en marcha se concreta en un escenario de fuerte presión sobre los ecosistemas marinos y de tensiones geopolíticas que han ralentizado la agenda ambiental internacional.

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A pesar del amplio respaldo —el texto cuenta con la firma de 145 Estados—, Estados Unidos aún no ha ratificado el tratado, pese a que el gobierno de Joe Biden lo suscribió. La ausencia de la principal potencia económica y militar del planeta abre interrogantes sobre el alcance efectivo del BBNJ y recuerda el retroceso que implicó, durante la presidencia de Donald Trump, la salida de Washington de distintas instancias multilaterales vinculadas al clima y al ambiente.

El tratado se apoya en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y viene a completar su andamiaje jurídico. Entre sus herramientas centrales se destaca la posibilidad de crear áreas marinas protegidas en alta mar, establecer evaluaciones de impacto para actividades potencialmente dañinas —como la pesca industrial, el transporte marítimo o la exploración minera— y poner en marcha mecanismos de cooperación científica y transferencia tecnológica hacia países en desarrollo.

El texto también prevé la creación de un fondo específico para financiar la implementación y un sistema para resolver controversias entre las partes. Uno de los ejes clave es el principio de reparto justo y equitativo de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos. Esto incluye desde compuestos con posible uso farmacéutico hasta desarrollos biotecnológicos que hoy despiertan fuerte interés económico. Cuando no haya consenso en la toma de decisiones, las resoluciones podrán aprobarse por una mayoría de tres cuartas partes de los Estados parte.

Objetivo: proteger el 30% de los mares hacia 2030

Organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Alianza de Alta Mar y Greenpeace consideran que la entrada en vigor del BBNJ es un avance histórico. Heidi Weiskel, gerente sénior del Programa de Océanos de la UICN, remarcó que la salud de la alta mar es condición para la vida humana: de ella dependen alimentos, productos clave para diversas industrias y la regulación del clima global. Según la especialista, cuando se reducen las presiones directas —ruido, sobrepesca, tránsito marítimo intenso— muchas especies pueden mostrar signos de recuperación en plazos relativamente breves.

El acuerdo se alinea con metas globales como la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal, que fijan el objetivo de proteger al menos el 30% de los océanos para 2030. Para lograrlo, será necesario declarar áreas marinas protegidas a un ritmo superior a doce millones de kilómetros cuadrados por año, una superficie comparable al territorio de Canadá, según estimaciones de Greenpeace.

España se ubicó entre los países impulsores del proceso: fue el primero de la Unión Europea en ratificar el tratado, el 4 de febrero, en un acto que reunió a la ministra de Transición Ecológica y a ONG ambientales. Entre las zonas señaladas como prioritarias figura un área frente a la costa occidental de África, donde confluyen las corrientes de Canarias y Guinea, considerada estratégica para la biodiversidad. Desde Greenpeace reclaman que el gobierno español lidere la protección de esa región y de otros puntos sensibles.

Multilateralismo, equidad y desafíos para la implementación

El BBNJ incorpora, además de la conservación, una dimensión fuerte de justicia y equidad en el acceso a los beneficios de los recursos marinos. Nathalie Rey, asesora de la Alianza de Alta Mar y coordinadora de la Unión Europea, destacó que ese equilibrio fue clave para sumar apoyos de países con capacidades económicas y tecnológicas muy dispares. La cooperación científica, la capacitación y la transferencia de tecnología aparecen como instrumentos para reducir brechas entre el Norte y el Sur global.

La implementación práctica del tratado quedará en manos de la Conferencia de las Partes, cuya primera sesión debería realizarse dentro del próximo año. Allí se discutirán propuestas concretas de áreas protegidas y se definirán reglamentos técnicos, procedimientos de monitoreo y criterios para evaluar impactos ambientales en la alta mar. Si bien la experiencia indica que los grandes acuerdos ambientales tardan años en mostrar resultados, expertos y ONG sostienen que, en este caso, podrían observarse mejoras en plazos más acotados si se logra frenar las amenazas más urgentes sobre especies y ecosistemas.

  • Entrada en vigor: 17 de enero, con 81 ratificaciones.
  • Países firmantes: 145, aunque no todos lo ratificaron aún.
  • Metas: proteger hasta el 30% de los océanos para 2030.
  • Ejes: áreas protegidas, evaluación de impactos, cooperación y reparto de beneficios.

“No podemos sobrevivir en la Tierra sin un océano sano. Nos proporciona alimentos y productos de los que dependemos para nuestra supervivencia, y además regula nuestro clima”, advirtió Heidi Weiskel, de la UICN.

La entrada en vigor del Tratado Global de los Océanos se produce en un contexto en el que la agenda climática enfrenta resistencias políticas y económicas, pero también una creciente presión social por respuestas concretas. Para la comunidad científica y las organizaciones ambientales, el BBNJ ofrece una oportunidad inédita para coordinar la protección de la alta mar, ordenar su uso y garantizar que los beneficios derivados de sus recursos se repartan de manera más justa entre los países.

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