Es docente y tiene que vender café en la calle para llegar a fin de mes: el emergente de una realidad económica que duele

Agustina Murúa vende café cada mañana antes de ingresar a trabajar para completar sus ingresos, en una situación que refleja la necesidad de muchos trabajadores de sumar actividades para sostener su economía diaria.

Agustina Murúa, profesora de Educación Física en San Nicolás, vende café al paso cada mañana en la esquina de Savio y Cavalli para poder llegar a fin de mes. La mujer, que tiene una hija de 4 años, combina esta actividad con su trabajo en el ámbito educativo ante la necesidad de sumar ingresos que le permitan garantizar un plato de comida.

“Voy todas las mañanas desde las 5:30/6 hasta las 7:30 porque después tengo que entrar a trabajar a la escuela”, explicó sobre su rutina diaria.

Su caso expone una realidad que se repite en distintos sectores, donde los trabajadores deben sumar otras actividades para sumar ingresos que permitan tener una vida digna. En muchos casos, se trata de empleos informales que complementan trabajos formales. Hay docentes que trabajan de Uber, venden ropa o productos de repostería.

Agustina se desempeña como profesora desde hace varios años y, en paralelo, sostiene este emprendimiento personal como una alternativa para afrontar los gastos cotidianos.

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La necesidad de sumar ingresos y el contexto salarial

La situación que atraviesa Agustina se replica en distintos ámbitos laborales. En el caso de la docencia esta realidad casi se ha normalizado por la incapacidad de los gremios al momento de alcanzar acuerdos salariales que permitan equiparar los ingresos con el creciente costo de vida, lo que lleva a muchos trabajadores a buscar alternativas.

Gremios como CTERA, FEB, SUTEBA y UDOCBA parecen más ocupados en la discusión política que en mejorar la calidad de vida de sus afiliados. De ahí tantos paros, y tan pocas soluciones a las demandas salariales.

En este contexto, los trabajadores recurren a actividades complementarias como chofer en aplicaciones, la venta de ropa o por catálogo, entre otras actividades informales.

Esta realidad también se observa en otros rubros, donde la combinación de empleo formal e informal se vuelve una estrategia para afrontar los gastos mensuales.

En diálogo con EL NORTE, Agustina expresó: “Soy profe de educación física desde el 2016. Estuve un tiempo sin ejercer porque me dediqué a viajar por el mundo, no tengo miedo de mandarme a nada. Hay días que trabajo (como docente) 8 horas, otros 5 u otros 3”.

Además, agregó: “La idea del café surgió con un amigo que vino de Mendoza y siempre le va bien en sus negocios, surgió para poder independizarme básicamente, porque yo soy mamá sola de una nena de 4 años. Vivo con mis padres, y el papá de mi hija no me ayuda económicamente ”.

En la misma línea, añadió: “La idea también surge porque quiero una casa propia. Para alquilar no me da con el sueldo. Imagínate que un docente está cobrando aproximadamente 700 mil pesos por mes. Para llegar a 1 millón tenés que trabajar un montonazo de horas, correr de una escuela a otra que tampoco te da el horario. Y creo que es el anhelo de la mayoría de los argentinos, más en la situación actual que estamos pasando de crisis económica. Por el momento no me está yendo bien, pero tengo que fe que afirmando detalles va a remontar”.

Por último, remarcó: “Sé que mi realidad es también la de muchas mujeres y que se van a sentir representadas”.

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