Escuelas bajo amenaza: alertan por violencia celebrada en política

Amenazas en escuelas y cultura de la violencia: la advertencia de un especialista

Amenazas de tiroteos en escuelas y preocupación social en Argentina

NewsITe

El fuerte aumento de amenazas de tiroteos y ataques en escuelas de todo el país encendió las alarmas en el sistema educativo y en las familias. En este contexto, el abogado y psicólogo Nicolás Papalia, especialista en géneros y violencias, advirtió que hoy “la violencia es celebrada como un mecanismo de construcción política” y alertó sobre el impacto que esto tiene en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes.

En los últimos días se multiplicaron las denuncias por intimidaciones en colegios, con decenas de adolescentes identificados, imputados o demorados. El tema llegó al Consejo Federal de Educación, donde los ministros de todas las jurisdicciones debatieron posibles respuestas frente a un fenómeno que no es nuevo, pero que adquirió una visibilidad inédita por la gravedad de los últimos episodios.

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Papalia subraya que no se trata de un problema surgido de un día para el otro, sino de un proceso que se fue gestando durante años, en paralelo con el aumento sostenido del bullying y de las agresiones entre pares. Para el especialista, la hostilidad que circula en el espacio público y ciertos discursos provenientes de las más altas esferas del poder contribuyen a legitimar la violencia como forma aceptable de relación social.

Discursos de odio, redes sociales y jóvenes “nativos digitales”

El psicólogo retoma aportes de la psicoanalista Silvia Bleichmar para explicar que se produjo un “corrimiento de la legalidad”: es decir, se debilitó esa referencia interna que permite distinguir lo que está bien de lo que está mal y marca límites éticos a la conducta. Según Papalia, cuando desde el propio Estado se instalan expresiones agraviantes contra opositores, periodistas u otros actores sociales, se transmite el mensaje de que el maltrato y la descalificación son prácticas válidas, incluso celebradas.

En ese marco, los adolescentes, que construyen su identidad mirando el entorno adulto, tienden a reproducir esos modelos. El fenómeno se potencia en una generación de “nativos digitales”, que creció atravesada por pantallas y redes sociales. Para muchos chicos y chicas nacidos desde 2010, el límite entre lo virtual y lo real es difuso, y lo que se ensaya en plataformas, videojuegos o comunidades de true crime puede trasladarse a la vida cotidiana.

Papalia remarca que esta pertenencia a comunidades virtuales responde, en gran medida, a la necesidad de sentirse parte de un grupo en una etapa –la adolescencia– marcada por la búsqueda de nuevas identificaciones por fuera de la familia. Sin embargo, advierte que cuando esa exploración se da sin acompañamiento adulto y en contextos saturados de mensajes violentos, aumenta el riesgo de conductas de imitación o de banalización de la amenaza.

El rol de las familias, la escuela y las políticas públicas

Para el especialista, cada caso de amenaza o intento de ataque debe leerse como el resultado de múltiples factores: historias personales, contextos familiares, problemas de salud mental, aumento de la ansiedad y la depresión, además del clima social general. En ese escenario, sostiene que la palabra y la escucha son herramientas centrales: chicos y chicas necesitan espacios de contención con adultos disponibles en la familia, la escuela o la comunidad.

No obstante, Papalia advierte que no alcanza con “pasar la pelota” a las escuelas. Docentes mal pagos, con sobrecarga laboral y sin equipos interdisciplinarios de apoyo tienen pocas herramientas para abordar solos una problemática que es, ante todo, social. Reclama que la educación vuelva a ser prioridad y que se fortalezcan los recursos para el trabajo cotidiano en las aulas.

El psicólogo también traza un paralelismo entre los cuidados en el mundo real y el casi inexistente control en el universo digital. Mientras los adultos se preocupan por horarios de llegada, consumo de sustancias o trato con desconocidos en la calle, muchas veces dejan a niñas, niños y adolescentes navegar sin supervisión en redes como Instagram o YouTube, donde circula contenido extremo y violento. La solución, aclara, no pasa solo por la prohibición, pero sí por una regulación más estricta del acceso y por la formación de usuarios críticos desde la escuela.

  • Regular la edad y las condiciones de acceso a redes sociales y plataformas digitales.
  • Incorporar la educación digital crítica al diseño curricular obligatorio.
  • Reforzar equipos interdisciplinarios en las escuelas para el abordaje de conflictos y violencias.
  • Garantizar dispositivos de salud mental accesibles para niñas, niños y adolescentes.

“Los jóvenes reproducen lo que cultivamos los adultos. Si la violencia es celebrada desde el poder, se vuelve una opción disponible en la vida diaria”, advierte Papalia.

En medio de la preocupación por las amenazas en escuelas, la mirada de los especialistas converge en un punto: sin políticas públicas sostenidas, sin adultos presentes y sin un cambio en el clima de hostilidad social, los intentos de respuesta serán apenas parches frente a un problema complejo que atraviesa a toda la sociedad argentina.

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