Estudios evalúan el impacto en la salud mental del uso del celular a edades tempranas

CUÁL ES LA EDAD MÍNIMA RECOMENDADA PARA COMENZAR CON ESTA TECNOLOGÍA

Una investigación global reveló que el uso de smartphones en la primera infancia se asocia con mayor riesgo de depresión y baja autoestima. Los expertos advierten sobre el efecto neurológico, emocional y social de la hiperconectividad en niñas y niños antes de los 13 años. El bullying social se da en proporciones más altas entre las adolescentes. La franja etaria más crítica se ubica entre los 11 y los 14 años.

La evidencia científica reciente advierte que el uso de teléfonos celulares y redes sociales por parte de niñas y niños desde edades cada vez más tempranas, podría tener consecuencias graves y duraderas sobre la salud mental infantil. Un creciente número de investigaciones vinculan la exposición precoz a dispositivos inteligentes con trastornos emocionales, baja autoestima, dificultades para regular las emociones y, en los casos más extremos, ideación suicida.

Un estudio publicado en la revista Journal of Human Development and Capabilities analizó el impacto del uso de teléfonos inteligentes antes de los 13 años y concluyó que cuanto menor es la edad de adquisición, peores son los indicadores de salud mental en la adultez temprana. El trabajo se basa en datos del Global Mind Project, con encuestas a casi dos millones de personas en 163 países.

Entre los hallazgos más destacados, se identificaron síntomas como pensamientos suicidas, desapego de la realidad, problemas de autoestima y dificultades en la regulación emocional, especialmente entre las niñas.

Efectos

Según el estudio, estos efectos se ven mediados por la exposición temprana a redes sociales, el ciberacoso, las interrupciones del sueño y el deterioro del vínculo familiar.

“Esto requiere una acción urgente para limitar el acceso de los niños menores de 13 años a los teléfonos inteligentes”, afirmó Tara Thiagarajan, autora principal del estudio y fundadora de Sapien Labs.

Propuso aplicar el principio de precaución y regular el acceso digital infantil de manera similar a como se hace con el tabaco o el alcohol.

Un trabajo anterior publicado en JAMA Pediatrics analizó durante cuatro años los hábitos digitales de más de 4.000 adolescentes estadounidenses entre los 10 y los 14 años. El 31,3% mostró un uso adictivo creciente de redes sociales y el 24,6% del teléfono celular. En paralelo, aumentaron los comportamientos autolesivos, los síntomas depresivos y la impulsividad.

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Niñas y vulnerabilidad a la validación social

Francisco José Rivera, catedrático de la Universidad de Sevilla y uno de los responsables del estudio internacional HBSC, remarcó: “Un uso intensivo, aunque no registre incidencias graves, puede terminar llevando a un uso problemático”. El dato más relevante fue que el tiempo total frente a pantallas no explicaba los trastornos, sino el patrón adictivo y su evolución en el tiempo. También destacó que las niñas presentan una conexión más constante a redes sociales que los varones y muestran mayor vulnerabilidad a la validación social. El 44% de ellas declaró una conexión casi permanente, frente al 36% de los chicos. Rivera explicó que el bullying social —basado en la exclusión y la mentira— se da en proporciones más altas entre las adolescentes. La franja etaria más crítica se ubica entre los 11 y los 14 años.

Es en este período donde el desarrollo neurológico es más sensible y coincide con la mayor exposición digital. Incluso si los hábitos cambian después, los riesgos ya se han instalado.

Supervisión y recomendaciones

Frente a este panorama, la psicóloga clínica Melissa Greenberg, citada en la investigación global, sugirió que las familias pueden actuar aun si el daño parece ya hecho. Recomendó usar controles parentales o eliminar funciones problemáticas. Hay iniciativas que proponen postergar el uso de celulares hasta el final de la primaria.

La médica pediatra especialista en usos y efectos de las tecnologías de información y comunicación en niños y adolescentes y presidente de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), Silvina Pedrouzo fue contundente en su advertencia a los adultos en un artículo de Infobae: “Es fundamental que los padres se involucren activamente en el manejo del uso de los dispositivos. Los niños y adolescentes aún no tienen la madurez suficiente para tomar decisiones sobre el uso saludable de la tecnología.

El acompañamiento no debe limitarse al control de horas, sino incluir la supervisión del contenido y de las interacciones en línea.

Asimismo, los adolescentes no saben manejar la frustración de la manera adecuada y su autoestima se ve afectada por la lógica de validación de las redes sociales: el número de likes, los comentarios. Pueden quedar expuestos a violencia, discriminación o grooming.

La recomendación de la Sociedad Española de Pediatría es: cero pantallas de 0 a 6 años y un uso muy limitado después. Se sugiere también activar el “modo avión” en determinados horarios y fomentar actividades desconectadas: jugar, explorar, aburrirse.

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