Falleció Francisco Wichter, el último sobreviviente de la Lista de Schindler

Francisco Wichter, el último sobreviviente de la Lista de Schindler, falleció a los 99 años en la Ciudad de Buenos Aires. La noticia fue confirmada por su nieto, Tomás, quien reveló que el deceso ocurrió hace una semana en su hogar.

Feiwel Wichter, su nombre original, nació en Polonia y fue uno de los 1.200 judíos rescatados por Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de prisioneros del Holocausto. Su familia no corrió la misma suerte: sus padres y cinco hermanos murieron durante el nazismo.

El propio Wichter relató en diversas ocasiones los detalles de su historia y cómo, tras pasar por distintos campos de concentración, logró ingresar a la fábrica de Schindler, donde se convirtió en el obrero número 371 de la famosa lista. Tras la Segunda Guerra Mundial, emigró a Argentina junto a su esposa Hinda, también sobreviviente del Holocausto.

El testimonio de Wichter: el horror y la esperanza

A lo largo de su vida, Francisco Wichter compartió su historia en entrevistas y charlas para mantener viva la memoria de lo ocurrido. En una conversación con Clarín, recordó:

“Soy uno de los poquísimos sobrevivientes en el mundo de la Lista Schindler. De las casi mil trescientas personas que fuimos, hay un hombre que reside en Miami y yo en Buenos Aires. No sé si alguien más”.

Sobre su infancia, relató que creció en un pequeño pueblo polaco, en una familia judía humilde. Su padre era zapatero y, en 1939, cuando tenía 13 años y debía iniciar la escuela, la invasión nazi a Polonia cambió su vida para siempre.

“El horror, la casualidad, la voluntad de vivir y la intuición me llevaron de un modo extraño hasta la Lista Schindler”, contó. Relató cómo en 1944, en el campo de Plaszow, supo que el empresario alemán estaba trasladando su fábrica de Cracovia a Brünnlitz, en Checoslovaquia, para producir municiones. Schindler incluyó a cientos de prisioneros en una lista para que fueran enviados con él.

“Nos convertimos en la Lista Schindler: hombres y mujeres a quienes el destino les tenía previsto un respiro en medio del infierno”, recordó Wichter.

Si bien en la fábrica las condiciones de trabajo eran forzadas, él reconoció que Schindler y su esposa Emilie los trataban con humanidad, asegurándose de que tuvieran comida, calefacción e incluso medicamentos para los enfermos.

“La fábrica debía producir balas antitanque. En todo ese tiempo fabricamos apenas un vagón de balas que además regresó en devolución”, contó Wichter, revelando que, en realidad, el objetivo del empresario era salvar vidas antes que cumplir con la producción bélica.

El 7 de mayo de 1945, la guerra llegó a su fin. Alemania se rindió y Schindler reunió a sus trabajadores para anunciarles que eran libres.

“Atravesamos el portón de salida con emoción y miedo. Me fui de Brünnlitz una semana después de terminada la guerra”, relató.

La historia de Wichter es un testimonio invaluable de resistencia y memoria. Su legado quedará grabado en la historia, como uno de los últimos testigos de una de las páginas más oscuras del siglo XX.

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