Lucas Liveratore, de 34 años, había concurrido a despedir el año el 31 de diciembre de 2016 a una fiesta electrónica en el boliche Punta Stage, de Arroyo Seco. Al día siguiente fue hallado muerto en su casa por un paro cardiorrespiratorio, había consumido éxtasis. Otra joven santafesina falleció por la misma causa.

De la redacción de EL NORTE
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En los próximos días se cumplen 6 años de un suceso que sacudió a la ciudad, y que puso nuevamente el acento en el escaso control de las fiestas electrónicas donde se vendían drogas potencialmente peligrosas. Lucas Liveratore vivía en San Nicolás y tenía 34 años cuando decidió asistir a una de esas fiestas para despedir el año. El boliche Punta Stage, de Arroyo Seco, había sido el lugar elegido para divertirse. Lejos estaba el joven nicoleño de imaginar que no solo sería ese el último día del año, sino también el último de su vida. Pocas horas después, en la tarde del domingo 1º de enero fue hallado muerto en su casa.
Tras la investigación se sostuvo que Lucas murió como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio por una falla aguda de bomba cardíaca que le produjo un edema cerebral y un cuadro de deshidratación. Testigos cercanos aseguraron que el joven había consumido éxtasis y que había sido él mismo quien les confirmó que tomó pastillas durante el evento.
Otra joven, Giuliana Maldovan, de 20 años, nacida en Rosario, que también había estado en la fiesta, murió luego de sufrir una hemorragia digestiva alta y una intoxicación aguda. Tras descompensarse había sido trasladada desde Arroyo Seco al Hospital Provincial de Rosario, donde falleció el primer día del 2017. Giuliana también habría tomado esa droga sintética en la fiesta organizada por Live Art Producciones. Los dos fallecieron en la tarde del domingo. Lucas murió en su casa de San Nicolás mientras que Giuliana perdió su vida en el hospital.
Según relataron algunos jóvenes que asistieron a la fiesta, en el lugar había más gente de la permitida y varios dealers distribuidos por todo el predio. Aseguraron que el agua de los baños estaba cortada y que los controles de ingreso fueron desbordados. Además, contaron que había dos barras, atendidas por tres personas, donde vendían botellas de agua a precios exorbitantes. Ambas no daban abasto para atender al público. Como las muertes fueron en dos ciudades distintas de dos provincias diferentes, las causas fueron investigadas por dos fiscalías: una de San Nicolás y otra de Rosario.
Fuero federal
Posteriormente la causa pasó al fuero federal rosarino que procesó a cuatro organizadores de la fiesta por “facilitar un espacio para el tráfico, comercialización y consumo de estupefacientes”. Los testigos que se presentaron ante la Justicia plantearon que la gente consumía sustancias tales como pastillas, cocaína y popper, y que las mismas, incluso, eran vendidas por distintas personas en el VIP del evento. El dato se acreditó al encontrarse en el predio comprimidos de drogas sintéticas y, al retirarse los baños químicos, hallaron sobres con cocaína.
Las denuncias contra los organizadores apuntaban, además, a la falta de controles, de personal médico y de seguridad, la sobreventa de entradas, la escasa ventilación, la falta de sanitarios y también de agua, que se terminó rápidamente en los dispensers habilitados y en los puntos para su comercialización.
La capacidad del predio, según los asistentes, estaba colapsada. En el contrato que firmaron la productora y quienes manejaban el boliche se consignó que la cantidad de asistentes no podía superar las 3200 personas, cuando el lugar tenía capacidad para 2346. La empresa Ticketek había confirmado la impresión de 5400 tickets. .
En las primeras inspecciones al local bailable donde se organizó la fiesta fueron encontradas tres pastillas: dos de color celeste y una de color rosa con forma de osito. Estaban en una bolsa transparente. “Se vendían drogas como caramelos” había asegurado el padre de la joven muerta en sus declaraciones a los medios periodísticos “Estamos todos involucrados, pero los más afectados son los chicos. Los cortes de agua en las canillas y de los ventiladores fue programado, algo programado para que no le corte el negocio a los organizadores”, había afirmado. “Mi hija se equivocó. Ella pagó su equivocación, pero la han ayudado a que comenta ese error. Sé que las ambulancias y los médicos no daban abasto”, había remarcado.
La muerte de los jóvenes reabrió el debate sobre la prevención, los controles y la peligrosidad de las drogas de diseño. En las últimas décadas este tipo de fiestas aumentaron en frecuencia. La música, el baile y las luces se combinan con sustancias para sostener una movida que se prolonga en el tiempo y que modifica la sensopercepción. Las sustancias que acompañan estas fiestas son varias: la vedette es el éxtasis (MDMA) y sus acompañantes son el LSD, la ketamina, el popper, el GHB, entre otras. Afirmaron los investigadores.
Unos meses antes, en abril de 2016, cinco jóvenes habían muerto tras concurrir a una fiesta electrónica en Costa Salguero; además, otras cinco personas resultaron intoxicadas y debieron ser hospitalizadas. Era la primera jornada de Time Warp. Entrada la madrugada el festival se vio sacudido por la intoxicación de al menos diez personas, todas habrían consumido drogas de diseño similares al éxtasis, algunos internados presentaron quemaduras internas, producto de los altísimos estados febriles. La última de las muertes fue la de una joven de 28 años y se registró este año en Córdoba.

