Homilía del Obispo: “No matarás”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt 5, 17-37).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

«Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal”. Pero Yo les digo que todo aquel que se irrita con su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero Yo les digo: “El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”. Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: “No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor”. Pero Yo les digo que “no juren de ningún modo”. Cuando ustedes digan “sí”, que sea sí, y cuando digan “no”, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno». Palabra del Señor.

Estamos ante “los mandamientos” del Nuevo Testamento o “ley nueva”: las bienaventuranzas. El papa Francisco suele decir que si uno vive las bienaventuranzas y el Evangelio del juicio final (“estuve, enfermo, preso… y me viniste a visitar; desnudo y me vestiste; hambriento y me diste de comer…”), se salva, porque en esos textos está, en resumen, lo que tiene que vivir un cristiano. Lo “nuevo” que tienen las bienaventuranzas es la gracia de Dios para poder vivirlas, porque son mucho más difíciles de practicar que los diez mandamientos. Por la densidad que tienen, reflexionaré solamente sobre una de ellas: “No matarás”.

Comencemos con lo más común: matar el “buen nombre” de una persona mediante la crítica o la calumnia. Las redes sociales son una formidable manera de comunicarnos; lo podemos hacer a cada rato, con menos tiempo y cubriendo mayores distancias. Podemos mandar un WhatsApp a un amigo en Europa u otro continente y comunicarnos como si estuviésemos cerca. Desde el punto de vista negativo, escondidos detrás de un celular o una computadora, se puede matar el buen nombre de una persona, de manera increíble; le podemos poner una “etiqueta” que, aunque después se demuestre que era falsa, será muy difícil que esa persona se libre de la mala fama que le hicimos a través de un tuit, del Facebook, Instagram u otro modo de comunicación.

Por eso el papa Francisco dice en el documento que escribió sobre la santidad en el mundo actual: “También los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital […] se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena […] en estas redes se dicen cosas que no serían tolerables en la vida pública, y se busca compensar las propias insatisfacciones descargando con furia los deseos de venganza […] y se destroza la imagen ajena sin piedad” (Papa Francisco: Gaudete et exsultate nº 115).

Ante este nuevo modo de violencia, el papa, en el documento citado, nos aconseja no reaccionar de la misma manera, sino de la siguiente: “La firmeza interior, que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social, porque la gracia aplaca la vanidad y hace posible la mansedumbre del corazón. El santo no gasta sus energías lamentando errores ajenos: es capaz de hacer silencio ante los defectos de sus hermanos y evita la violencia verbal que arrasa y maltrata, porque no se cree digno de ser duro con los demás, sino que los considera como superiores a uno mismo” (cf Flp 2, 3).

En síntesis: además de evitar criticar o calumniar por las redes —porque el daño que podemos hacer al buen nombre de una persona es mayúsculo e injusto—, la reacción que tenemos que tener cuando nos han criticado injustamente es la mansedumbre; pedirle a Dios la gracia de no entrar en el juego violento que significa el intercambio de críticas por las redes.

El camino que propone Jesús en el Evangelio es menos cobarde y no es anónimo: la corrección fraterna. Consiste en hablar personalmente con la persona que nos ofendió y humildemente decirle «me parece que te equivocaste», aclarar el equívoco —ya que muchas veces se trata solo de eso: una falta de entendimiento o una comprensión no correcta de un mensaje— y dialogar para reconciliarse. De este modo, bajamos los altos decibeles de violencia social y somos constructores de paz y de unidad. Así ponemos nuestro granito de arena para una mayor calidad de vida para todos.

Buen domingo.

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