El humo se extiende por barrios enteros, agrava afecciones respiratorias, impacta en niños y adultos mayores y transforma el aire en un riesgo cotidiano.

El incendio registrado este fin de semana en el predio del GIRSU volvió a encender una alarma que en Ramallo ya no sorprende, pero sí indigna. Otra vez, Bomberos Voluntarios debieron intervenir de urgencia para controlar focos activos entre montañas de basura, en un predio que desde hace tiempo dejó de funcionar como un verdadero sistema de gestión integral de residuos y se convirtió en un basural a cielo abierto sin control, sin planificación y sin políticas públicas efectivas.
La escena se repite con una frecuencia preocupante: humo denso, fuego oculto bajo los desechos, dotaciones trabajando en condiciones precarias y una comunidad que respira aire contaminado sin recibir explicaciones ni soluciones de fondo. Lejos de tratarse de un episodio aislado, el incendio de este fin de semana vuelve a poner en evidencia el abandono del GIRSU por parte del municipio de Ramallo.
La falta de maquinaria adecuada es uno de los problemas centrales. Combatir incendios en un basural requiere excavadoras, topadoras y personal capacitado para remover residuos enterrados y aislar los focos subterráneos. Sin embargo, esas herramientas no están disponibles o llegan tarde. La consecuencia es que los bomberos solo pueden atacar las llamas superficiales, mientras el fuego continúa activo bajo tierra, listo para reavivarse con el primer cambio de viento.
A esta precariedad se suma la ausencia de personal idóneo y de un plan serio de tratamiento de residuos. No hay separación en origen, no hay clasificación, no hay reciclaje, no hay control ambiental. La solución parece limitarse a dejar que la basura se acumule y, en muchos casos, permitir o tolerar las quemas como método rudimentario para reducir volumen. Una práctica peligrosa, ilegal y profundamente dañina para la salud pública.
Las responsabilidades políticas recaen directamente sobre las autoridades municipales a cargo del área. El intendente Mauro Poletti y el secretario de Obras Públicas, Leandro Torri, tienen bajo su órbita la planificación, el mantenimiento y el control del Predio de Disposición Final de Residuos, una problemática que se repite desde hace varios años y que se intensifica en cada temporada estival.
Hasta el momento, no se han implementado políticas integrales de tratamiento de residuos ni se han anunciado planes sostenidos de inversión en infraestructura, maquinaria o capacitación de personal. Tampoco se han establecido mecanismos permanentes de prevención y control de incendios en el predio, lo que expone deficiencias en el mantenimiento y en la gestión operativa del lugar, y deja a los equipos de emergencia como única respuesta frente a situaciones que podrían ser evitadas con una planificación adecuada.
Mientras tanto, los vecinos de Ramallo y Villa Ramallo pagan el costo más alto. El humo invade barrios enteros, agrava enfermedades respiratorias, afecta a niños y adultos mayores y convierte al aire en un riesgo cotidiano. La contaminación no se limita al aire: la quema de plásticos, electrónicos y residuos peligrosos libera sustancias tóxicas que se infiltran en el suelo y las napas, comprometiendo el ambiente a largo plazo.
El problema también impacta en la seguridad vial. Cuando el humo cubre el Camino de la Costa y los accesos portuarios, la visibilidad se reduce a niveles críticos, generando un escenario propicio para accidentes graves. Aun así, no se conocen operativos preventivos, controles permanentes ni un plan de contingencia efectivo.

