La desinflación se frena y el tipo de cambio gana protagonismo

NewsITe
Tras un 2025 que cerró con la inflación más baja desde 2017, el proceso de desinflación en la Argentina entra en una etapa más compleja. Los precios volvieron a acelerar desde mayo del año pasado y, aunque el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se mantiene en torno al 2% mensual, los analistas advierten que la baja será más lenta en los próximos meses por el cambio en la política cambiaria.
De acuerdo con el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la inflación habría sido de 2,3% en diciembre y se ubicaría cerca del 2% en enero. Aun así, las consultoras coinciden en que el ajuste de las bandas cambiarias al ritmo de la inflación de dos meses atrás quitará parte del ancla nominal que ayudó a moderar los precios durante el primer tramo de la gestión de Javier Milei.
El REM proyecta que, a partir de febrero, la tasa mensual retomará un sendero descendente pero menos pronunciado: 1,8% en febrero; 1,9% en marzo; 1,7% en abril; 1,6% en mayo y 1,5% en junio. Para todo 2026, las consultoras relevadas estiman una inflación de alrededor del 20,1%, es decir, unos 10 puntos por debajo del cierre de 2025 y muy por encima de la meta oficial incluida en el Presupuesto.
El rol del dólar y el nuevo esquema económico
Uno de los cambios clave es el abandono del tipo de cambio como ancla rígida. Desde la consultora PPI señalaron que el ajuste más rápido de las bandas cambiarias hará que la desinflación pierda velocidad porque “la eliminación de un ancla nominal exógena de 1% por un ritmo más alto provocará menos anclaje en los bienes transables”. En términos prácticos, el Gobierno busca priorizar la acumulación de reservas y dar más aire a los sectores exportadores, aun a costa de una baja más gradual en la inflación.
El economista Alejandro Giacoia, de Econviews, evaluó que la inflación muestra “cierta inercia” y que, aunque podría seguir cediendo algunas décimas a lo largo de 2026, cada vez será más difícil que continúe la caída al ritmo observado en los últimos dos años. A su juicio, la clave estará en sostener una política monetaria creíble y una tasa de interés real positiva, sin llevarla a niveles que paralicen la actividad, como ocurrió en los meses previos a las legislativas de 2025.
Desde GMA Capital recordaron que el fuerte descenso de la nominalidad en 2024 y 2025 respondió a un ordenamiento macro más amplio: reducción del déficit fiscal, fin de la asistencia del Banco Central al Tesoro y un esquema cambiario que funcionó como ancla con una apreciación real significativa. Ese combo permitió llevar la inflación a la zona del 2% mensual, pero ahora el foco se desplaza hacia la recomposición de reservas, lo que exige una “sintonía fina” para no perder lo ganado en materia de precios.
Inflación baja en términos históricos, pero con señales de alerta
A pesar de las tensiones recientes, 2025 terminó con la menor inflación en ocho años. Proyecciones privadas ubican la suba de precios anual en torno al 31%, frente al 24,8% de 2017, el último año en el que se registró un nivel similar. Sólo en diciembre, el IPC habría rondado el 2,6%, levemente por encima del dato oficial de noviembre, en un mes habitualmente marcado por un mayor consumo por las fiestas.
Ignacio Morales, Chief Investment Officer de Wise Capital, remarcó que el comportamiento de los precios volvió a mostrar una brecha importante entre bienes y servicios, algo que ya se había visto en 2024. A la vez, un informe de la Fundación Libertad y Progreso destacó que el IPC cerró 2025 con una “desaceleración significativa”, en torno al 31,1% interanual, y proyectó que la tendencia podría continuar, aunque con un ritmo más pausado en el corto plazo.
“La discusión ya no pasa sólo por la velocidad de la desaceleración, sino por su compatibilidad con un programa que permita recomponer reservas y, al mismo tiempo, convencer al mercado de que el nuevo equilibrio macroeconómico es sostenible”, advirtió un informe privado.
Con la mira puesta en 2026, el Gobierno sostiene el objetivo de perforar el 1% mensual hacia agosto, tal como anticipó Milei. La respuesta dependerá de la estabilidad cambiaria, la demanda de dinero y la confianza en el programa económico. El desafío será consolidar la baja de la inflación sin resignar la incipiente estabilidad macro y, al mismo tiempo, avanzar en la normalización del frente externo.

