Se trata de Ahmad Vahidi, ex comandante de la Fuerza Quds y actual figura clave del régimen iraní, con alerta roja de Interpol y señalado por el fiscal Alberto Nisman como uno de los responsables ideológicos del ataque de 1994.

Irán volvió a colocar en el centro de su estructura de poder militar a una figura señalada desde hace décadas por la Justicia argentina. El régimen designó al general de brigada Ahmad Vahidi como nuevo comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una fuerza clave del sistema político iraní y señalada por su rol en operaciones internacionales.
La decisión reavivó el reclamo argentino por el atentado terrorista contra la AMIA, ocurrido en 1994 y que dejó 85 muertos y más de 150 heridos. Vahidi permanece prófugo de la Justicia local y cuenta con una alerta roja de Interpol. La designación fue informada inicialmente por medios iraníes y replicada por Infobae, que detalló el alcance político y judicial de la medida.
Un nombramiento que sacude el escenario internacional
El gobierno iraní oficializó el nombramiento de Ahmad Vahidi al frente de la Guardia Revolucionaria tras la muerte de su antecesor, el general Mohamad Pakpur, en ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel. El anuncio se produjo en un contexto de fuerte tensión regional y de reconfiguración del mando militar en Teherán.
Según informó Infobae, Vahidi ya había ocupado ese cargo de manera interina en 2025, luego de la muerte de Hossein Salami, también abatido en operaciones militares israelíes. Su regreso al máximo puesto operativo consolida la influencia de un dirigente con extensa trayectoria dentro del aparato de seguridad iraní.
Nacido en Shiraz y con 66 años, Vahidi se integró a la Guardia Revolucionaria tras la Revolución Islámica de 1979. Desde entonces, construyó una carrera ascendente que lo llevó a comandar la Fuerza Quds, la unidad de élite encargada de operaciones en el exterior, y a integrar el círculo de asesores con acceso directo al líder supremo.
La Guardia Revolucionaria responde exclusivamente al ayatolá y funciona como un ejército paralelo. Distintos organismos internacionales la describen como parte central del aparato operativo del régimen iraní, con antecedentes de participación en atentados fuera de sus fronteras, incluido el ataque perpetrado en Buenos Aires en 1994.
La acusación por el atentado a la AMIA
Desde noviembre de 2007, Ahmad Vahidi figura en la base de datos de Interpol con una alerta roja activa. La acusación lo señala por “homicidio calificado, doblemente agravado” en perjuicio de 85 víctimas fatales, además de lesiones y daños múltiples, todos agravados por odio racial o religioso.
El fiscal Alberto Nisman lo identificó como uno de los principales ideólogos del atentado contra la AMIA. De acuerdo con la investigación judicial, Vahidi participó en la reunión donde se resolvió ejecutar el ataque y delegar su concreción en la organización Hezbollah del Líbano.
En ese momento, Vahidi se desempeñaba como comandante de la Fuerza Quds. La causa sostiene que no tuvo un rol pasivo, sino que impulsó la elección de Argentina como objetivo del atentado, una propuesta que luego fue evaluada y aprobada por el Comité de Asuntos Especiales del régimen iraní.
Estados Unidos también reclama su captura y lo incluyó en su lista negra en 2010. En Argentina, la Unidad de Información Financiera y la fiscalía solicitaron su incorporación al registro nacional de terroristas junto con otros imputados en la causa AMIA.
Trayectoria política y respaldo del régimen iraní
A pesar de su situación judicial internacional, Vahidi ocupó cargos de máxima jerarquía dentro del Estado iraní. En 2009 fue designado ministro de Defensa durante la presidencia de Mahmoud Ahmadinejad, un nombramiento que consolidó su peso político interno.
También ejercía ese cargo cuando, en 2013, Argentina e Irán firmaron el Memorándum de Entendimiento para avanzar en la investigación del atentado a la AMIA, acuerdo que luego fue declarado inconstitucional por la Justicia argentina.
En 2021, asumió como ministro del Interior. Durante ese período, el gobierno argentino solicitó su detención en el marco de visitas oficiales a Pakistán y Sri Lanka, al confirmar que integraba comitivas diplomáticas iraníes en el exterior. Interpol reiteró entonces la vigencia de la circular roja y Argentina volvió a requerir cooperación internacional para su arresto.
En 2011, ya como ministro de Defensa, Vahidi debió abandonar Bolivia luego de que ese país tomara conocimiento de sus antecedentes judiciales. La visita provocó una fuerte reacción de la comunidad judía argentina y de entidades como la DAIA y la AMIA, que reclamaron protestas diplomáticas formales.
Un mensaje político con impacto regional
La designación de Ahmad Vahidi al frente de la Guardia Revolucionaria refuerza la línea dura del régimen iraní y envía una señal clara a la comunidad internacional. Para la Argentina, el nombramiento vuelve a poner en primer plano una causa abierta desde hace más de tres décadas y sin responsables condenados.
Mientras Vahidi consolida su poder dentro de la estructura militar iraní, la Justicia argentina mantiene vigente su pedido de captura internacional. La decisión de Teherán profundiza el contraste entre el respaldo interno que recibe el dirigente y el reclamo permanente de las víctimas del atentado más grave de la historia argentina.

