Un informe de la UCA advierte que las transferencias sociales alcanzan apenas entre el 39% y el 62% de la canasta alimentaria según el tipo de hogar, mientras se profundiza el deterioro frente al costo de vida

Las transferencias de ingresos destinadas a la infancia en Argentina muestran un retroceso en su capacidad de cobertura frente al aumento del costo de vida. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) reveló que, en marzo de 2026, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar cubren apenas entre el 39% y el 62% de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), según la composición del hogar.

El estudio detalla que, en un hogar compuesto por dos adultos y dos adolescentes, la cobertura alcanza el 39%, mientras que en hogares con dos adultos y dos niños asciende al 45% y llega al 62% en familias con tres hijos. Sin embargo, cuando se considera la Canasta Básica Total (CBT), que incluye servicios esenciales además de alimentos, el impacto de estas transferencias se reduce significativamente: cubren entre el 18% y el 28% del total necesario para cubrir necesidades básicas.
El informe identifica una tendencia descendente desde fines de 2024. En ese período, los niveles de cobertura habían alcanzado valores más altos debido a incrementos extraordinarios en los montos de las prestaciones y la ampliación de programas sociales. No obstante, la dinámica inflacionaria volvió a deteriorar su capacidad real de compra.
La evolución reciente muestra que, aunque los montos nominales de la AUH y la Tarjeta Alimentar se actualizaron, lo hicieron por debajo del ritmo de aumento de los precios. En marzo de 2026, la Canasta Básica Alimentaria subió un 2,2% mensual y la Canasta Básica Total un 2,6%, mientras que el índice de precios al consumidor registró un incremento del 3,4% . Esta diferencia explica la pérdida de cobertura observada.
Menor impacto real y limitaciones estructurales del sistema
El informe también advierte que la medición oficial de la Canasta Básica Total podría subestimar el costo real de vida. Al utilizar una canasta alternativa basada en patrones de consumo más actualizados, la cobertura de las transferencias se reduce aún más.
En este escenario, la AUH y la Tarjeta Alimentar cubren apenas entre el 12% y el 18% de esa canasta alternativa, lo que implica entre 6 y 10 puntos porcentuales menos que en la medición oficial . Esta diferencia surge porque la canasta alternativa resulta entre un 42% y un 55% más elevada que la oficial.
El estudio explica que la canasta utilizada actualmente por el INDEC se basa en patrones de consumo de 2004/2005, lo que no refleja los cambios en los hábitos de gasto de los hogares en las últimas décadas. Esta desactualización impacta directamente en la medición de la pobreza y en la evaluación de la efectividad de las políticas sociales.
En paralelo, la serie histórica analizada por la UCA muestra que la cobertura de estas políticas presenta un comportamiento cíclico. Registra mejoras en períodos de expansión o refuerzos extraordinarios, pero tiende a deteriorarse cuando la inflación supera las actualizaciones de ingresos.
En este contexto, el informe sostiene que las transferencias cumplen un rol relevante como complemento de ingresos, pero no alcanzan para cubrir de manera integral las necesidades básicas de los hogares con niños y adolescentes.
Persisten altos niveles de pobreza infantil y desigualdad social
El deterioro en la capacidad de las políticas sociales se inscribe en un escenario más amplio de vulnerabilidad estructural. Según datos de la UCA difundidos previamente, la pobreza infantil alcanzó el 53,6% en 2025, mientras que la indigencia se ubicó en el 10,7%.
A pesar de una leve mejora respecto de años anteriores, el informe advierte que “el dato del año pasado trae alivio, pero no debemos confundir una mejora coyuntural con la solución de un problema estructural”, en referencia a la persistencia de desigualdades profundas.
Además, el 28,8% de los niños y adolescentes experimentó inseguridad alimentaria en 2025 y un 13,2% la padeció en su forma más severa. En este contexto, la asistencia alimentaria alcanzó niveles récord y llegó al 64,8% de la población infantil.
La cobertura de transferencias como la AUH también presenta limitaciones. Alcanzó al 42,5% de los niños, con una caída respecto del año anterior, y no logra abarcar a todos los hogares en situación de pobreza.
El informe concluye que la mejora de las condiciones de vida de la infancia depende no solo del fortalecimiento de las políticas sociales, sino también de la recuperación del empleo y los ingresos de los adultos, en un escenario económico que continúa mostrando fuertes restricciones.

