Un estudio internacional confirma que el proceso de sanación avanza gracias al Protocolo de Montreal, aunque advierte que el uso creciente de ciertos compuestos químicos podría demorar su restablecimiento completo

La capa de ozono continúa su proceso de recuperación a nivel global, impulsada por las restricciones impuestas desde fines del siglo XX sobre sustancias que la deterioran. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que ese avance es más lento de lo esperado debido a emisiones industriales que no estaban plenamente contempladas en los acuerdos internacionales.
Un estudio liderado por el científico Stefan Reimann y un equipo internacional de investigadores, publicado en la revista científica Nature Communications, analizó la evolución de las emisiones de compuestos que agotan el ozono y concluyó que, si bien la tendencia general es positiva, persisten fuentes relevantes vinculadas a su uso como insumos en la industria química. Estos compuestos, conocidos como sustancias agotadoras de ozono (ODS), fueron regulados para usos directos, pero no en su rol como materias primas en procesos industriales.
Un proceso de recuperación en marcha
Desde la entrada en vigor del Protocolo de Montreal en 1987, la producción y el consumo de los compuestos más dañinos —como los clorofluorocarbonos (CFC)— se redujeron drásticamente. Como resultado, la concentración de estas sustancias en la atmósfera comenzó a descender y la capa de ozono inició un proceso de recuperación sostenido.
Los científicos toman como referencia los niveles de 1980 para medir esa recuperación. En ese sentido, las proyecciones actuales indican que el ozono estratosférico podría volver a esos valores en las próximas décadas, lo que confirma la efectividad de las políticas ambientales implementadas a nivel global.
Emisiones no previstas que ralentizan el proceso
El nuevo estudio pone el foco en un punto que había sido considerado marginal: las emisiones derivadas del uso de estas sustancias como “feedstocks”, es decir, como insumos para fabricar otros productos químicos.
Cuando se diseñaron las regulaciones internacionales, se estimaba que estas emisiones representarían apenas el 0,5% de la producción total. Sin embargo, los datos actuales muestran que ese porcentaje es significativamente mayor, en torno al 3,6%, y que además el uso de estos compuestos no disminuyó, sino que creció con el tiempo.
Entre 2000 y 2024, el uso global de estas sustancias como materias primas aumentó más de un 160%, impulsado por la demanda de nuevos productos, como refrigerantes alternativos, plásticos especializados y compuestos utilizados en la industria farmacéutica y tecnológica.
Impacto en los tiempos de recuperación
A partir de distintos escenarios, los investigadores estimaron que, si estas emisiones continúan en los niveles actuales, la recuperación de la capa de ozono podría demorarse alrededor de siete años respecto de lo previsto en escenarios más optimistas.
En términos concretos, esto implica que el regreso a los niveles de 1980 —considerados un punto de referencia— podría producirse hacia 2073 en lugar de mediados de la década de 2060.
El principal factor detrás de este retraso es la persistencia de emisiones de compuestos como el tetracloruro de carbono, cuya presencia en la atmósfera sigue siendo más alta de lo que se esperaba, lo que evidencia pérdidas en procesos industriales o la generación de subproductos no controlados.
Un desafío pendiente en la agenda ambiental
Además de su impacto sobre la capa de ozono, estas emisiones también contribuyen al calentamiento global, ya que muchos de estos compuestos tienen un alto potencial de efecto invernadero. Por ello, los especialistas advierten que reducir estas fuentes podría generar un doble beneficio ambiental.
El trabajo concluye que, si bien el Protocolo de Montreal sigue siendo uno de los acuerdos internacionales más exitosos en materia ambiental, existen áreas no reguladas que requieren atención para consolidar los avances logrados.
En ese sentido, limitar las emisiones asociadas a los procesos industriales aparece como un paso clave para acelerar la recuperación de la capa de ozono y reducir su impacto sobre el clima.

