El asombroso hallazgo sobre cómo percibimos la belleza desde la cuna

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Un equipo de la Universidad de Grenoble-Alpes, en Francia, aportó nueva evidencia sobre un interrogante clásico de la ciencia: ¿cuándo empezamos a percibir la belleza? Lejos de ser una capacidad reservada al mundo adulto, los investigadores concluyeron que el llamado “sentido de la belleza” aparece en los primeros meses de vida y se perfecciona a medida que maduran las funciones cognitivas.
El trabajo, publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B, analizó cómo reaccionan bebés y adultos ante determinados estímulos visuales. Más que indagar en gustos personales —por ejemplo, si alguien prefiere un cuadro clásico o una pintura moderna—, el estudio se centró en un estado de bienestar y atracción que ciertas imágenes generan en el observador.
Para eso, el equipo coordinado por el investigador David Méary diseñó una serie de experimentos con bebés de entre 4 y 24 meses y con voluntarios adultos. A todos se les mostraron pares de imágenes formadas por patrones de puntos proyectados en una pantalla, durante pocos segundos. La clave estaba en registrar hacia qué imágenes dirigían la mirada y durante cuánto tiempo la sostenían.
Cómo reaccionan los bebés frente a las imágenes
Los resultados mostraron que tanto los bebés como las personas adultas tendían a fijar la vista por más tiempo en las mismas imágenes, lo que sugiere que esos patrones visuales les resultaban más atractivos. Esa preferencia, según los autores, se va reforzando con la edad: cuanto mayores eran los bebés, más clara y consistente se volvía la elección de ciertos estímulos frente a otros.
El estudio también distinguió entre dos tipos de reacciones. Por un lado, la simple respuesta de orientación, es decir, la atención automática hacia elementos visuales llamativos, como podría ser un destello o un contraste fuerte. Por otro, una respuesta estética más lenta pero más duradera, vinculada a procesos cognitivos más complejos que involucran la evaluación y el disfrute de lo que se ve.
La belleza como proceso temprano y compartido
- La respuesta estética aparece en los primeros meses de vida.
- Se fortalece con el desarrollo de las capacidades cognitivas.
- No se limita a la mera atención visual, sino que involucra un estado de bienestar.
- Bebés y adultos comparten patrones de preferencia ante ciertos estímulos.
Según los investigadores, esta respuesta tardía y sostenida “indica la intervención de mecanismos cognitivos más elaborados que los simples reflejos de orientación visual”.
De este modo, el trabajo sugiere que el sentido de la belleza es una capacidad humana que se gesta desde muy temprano y acompaña todo el desarrollo posterior. Lejos de ser un gusto aprendido exclusivamente por la cultura, tendría una base cognitiva que nos lleva, desde la cuna, a encontrar algunas formas, patrones y composiciones visuales más agradables que otras.
Para la ciencia cognitiva y la psicología del desarrollo, estos resultados abren una vía para seguir investigando cómo se combinan la biología y el entorno cultural en la construcción de aquello que llamamos belleza.

