En el corazón del norte chileno, científicos y organismos internacionales advierten que la problemática amenaza la calidad excepcional de los cielos.

En el corazón del desierto de Atacama, la noche no solo ofrece un espectáculo visual único, sino que también representa uno de los principales recursos para la ciencia a nivel global. Este territorio, considerado el más árido del planeta, se destaca por sus cielos despejados y oscuros, esenciales para el desarrollo de la astronomía. Se consolidó como uno de los mejores lugares del mundo para la observación del universo, pero enfrenta amenazas crecientes asociadas a la contaminación lumínica.
La posibilidad de perder este entorno privilegiado generó preocupación en la comunidad científica internacional. En 2025, la propuesta de instalar un complejo de energía renovable a solo 10 kilómetros del Observatorio Paranal expuso la vulnerabilidad de la región. La construcción de nuevos proyectos y el avance urbano pusieron en jaque la permanencia de estas condiciones excepcionales. El debate sobre cómo proteger el cielo nocturno del Atacama no es solo una cuestión local, sino una preocupación global con consecuencias para la ciencia, el medio ambiente y la cultura.
Un laboratorio astronómico único en el mundo
El desierto de Atacama reúne condiciones climáticas y geográficas excepcionales: extrema sequedad, gran altitud y aislamiento de fuentes de luz artificial. Según explicó Chiara Mazzucchelli, presidenta de la Sociedad Chilena de Astronomía, a Associated Press, este lugar cuenta con más de 300 noches despejadas al año, sin nubes ni lluvias, lo que permite una ventana inigualable para explorar el cosmos.
En este escenario se ubican cerca de 30 instalaciones astronómicas, muchas de ellas gestionadas por organismos internacionales. El Observatorio Paranal, administrado por el Observatorio Europeo Austral (ESO), se destaca por operar algunos de los instrumentos más avanzados del planeta. Según destacó Itziar de Gregorio-Monsalvo, representante de ESO en Chile, “muchos de estos grandes proyectos astronómicos se encuentran aquí y los telescopios del ESO son los más potentes del mundo”. Esto convirtió a la región en un polo de atracción para miles de científicos que buscan comprender el origen y la evolución del universo.
Entre los proyectos más ambiciosos figura el Extremely Large Telescope (ELT), una obra de 1.500 millones de dólares cuya conclusión está prevista para 2030. Contará con 798 espejos y una superficie colectora de luz de casi 1.000 metros cuadrados, lo que le dará una capacidad veinte veces superior a la de los telescopios actuales y una resolución quince veces mayor que la del telescopio espacial Hubble de la NASA. Según el astrónomo Lucas Bordone, del ESO, “con el ELT podremos ver planetas similares a la Tierra en la zona habitable, es decir, aquellos que podrían albergar vida”.
Contaminación lumínica: una amenaza creciente
La contaminación lumínica se define como la alteración artificial de los niveles de luz exterior respecto a los valores naturales, según la organización DarkSky. Este fenómeno, generado principalmente por el uso indebido de iluminación en ciudades, industrias, espacios públicos y privados, afecta tanto a la observación astronómica como a los ecosistemas y la salud humana.
En los últimos años, el desierto de Atacama dejó de ser “un océano de oscuridad”, como lo recordó Eduardo Unda-Sanzana, director del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta, a Associated Press.
La directora de la Fundación Cielos de Chile, Daniela González, advirtió que la legislación actual resulta insuficiente para garantizar la protección de las zonas astronómicas. “Estamos trabajando para que los nuevos criterios sean lo suficientemente estrictos como para asegurar que no haya impacto en las áreas de observación”, declaró a Associated Press.
La contaminación lumínica tiene efectos directos sobre la fauna, los ecosistemas y el clima. De acuerdo con DarkSky, la luz artificial interrumpe los ciclos vitales de animales nocturnos, afecta la reproducción de anfibios y altera la migración de aves. Además, impide la visión del cielo estrellado a la mayoría de la población mundial: el 80% vive bajo cielos contaminados, cifra que asciende al 99% en Europa y Estados Unidos. Entre las consecuencias también figuran el desperdicio de energía y el aumento de emisiones de dióxido de carbono.
Te puede interesar: https://test.test.diarioelnorte.com.ar/un-informe-de-la-onu-muestra-la-recuperacion-de-la-capa-de-ozono/

