La guerra en Medio Oriente complica la meta de inflación de la Fed y aumenta la disidencia interna

El conflicto presiona los precios de materias primas, altera las cadenas de suministro y profundiza el debate dentro de la Reserva Federal sobre el rumbo de las tasas de interés.

La guerra en Medio Oriente complica la meta de inflación de la Fed y aumenta la disidencia interna

La tensión crece dentro de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos mientras continúan los efectos económicos derivados de la guerra en Medio Oriente. El conflicto presiona las cadenas de suministro globales, impulsa el precio de las materias primas y profundiza las diferencias internas en el organismo encargado de definir la política monetaria norteamericana.

Cuando el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), órgano responsable de fijar las tasas de interés, se reunió el 17 y 18 de marzo, pocas semanas después del inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel, el presidente de la Fed, Jerome Powell, minimizó el impacto inflacionario y no descartó al menos un recorte de tasas durante el año.

En ese contexto, Wall Street apostaba a que Donald Trump impulsaría una conducción más flexible en caso de confirmarse la designación de Kevin Warsh al frente de la Fed a partir del próximo 15 de mayo. Sin embargo, el escenario cambió en las semanas siguientes.

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Durante la reunión de fines de abril, tres integrantes del FOMC votaron en disidencia contra el denominado “sesgo expansivo” de la declaración oficial y cuestionaron que la Fed no reconozca la creciente probabilidad de una suba de tasas.

“La oposición a la política monetaria expansiva fue probablemente más amplia que esos tres votos”, señaló Derek Tang a CNN. “La pregunta es cuándo se dispararán las expectativas inflacionarias. La inflación lleva tiempo por encima del objetivo del 2%”, advirtió.

El conflicto también impactó en el abastecimiento de insumos estratégicos. Según las últimas encuestas del Instituto para la Gestión de la Cadena de Suministro (ISM), empresas de distintos sectores debieron reorganizar sus cadenas de aprovisionamiento ante dificultades vinculadas con fertilizantes, helio y aluminio.

En paralelo, el Índice de Presión de la Cadena de Suministro Global del Banco de la Reserva Federal de Nueva York subió en abril a 1,82, frente al 0,68 registrado en marzo. Se trata del nivel más elevado desde 2022.

“Refleja la grave escasez y las interrupciones que experimentó la economía mundial en 2021, al salir de la pandemia”, afirmó John Williams.

Por su parte, Logan, integrante con voto en el FOMC durante este año, alertó que el conflicto en Medio Oriente “plantea la posibilidad de interrupciones prolongadas o repetidas en el suministro que podrían generar mayores presiones inflacionarias”.

Pese a esas advertencias, Williams y Neel Kashkari coincidieron en sus últimas declaraciones públicas en que las expectativas de inflación de largo plazo continúan “bien ancladas” en torno al 2%, apoyados en mediciones de la Universidad de Michigan, la Fed de Nueva York y el Conference Board.

Sin embargo, un indicador de mercado volvió a encender señales de alerta. La tasa de equilibrio de inflación a 10 años, que surge de la diferencia entre los bonos del Tesoro nominales y los ajustados por inflación, escaló al 2,5%, el valor más alto desde principios de 2023.

La advertencia realizada en marzo por el vicepresidente de la Fed, Philip Jefferson, volvió a cobrar relevancia: “Cuanto más tiempo se mantenga la inflación por encima del 2%, mayor será el riesgo de que se arraigue en las expectativas, dificultando alcanzar el objetivo del banco central”.

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