La vida de Leticia, marcada por el amor por la comunicación, las raíces familiares y una profunda conexión con Tres Arroyos, quedó truncada durante un encuentro laboral en Mar del Plata. Su muerte generó conmoción en ambas ciudades.

Leticia Lembi, conocida por todos como “Leti”, era una mujer de afectos intensos, rutinas sencillas y un compromiso firme con la comunicación. Amante de los animales, especialmente de los perros salchicha, encontraba en Donna y Mabel una compañía inseparable. Desde hacía algunos meses compartía un departamento con su novio, Matías Elcuaz, baterista de la banda Arlequines, grupo que este viernes pensaba presentar su nuevo disco “Tentando a la suerte” en un centro cultural de Tres Arroyos. Ella celebraba cada avance de la banda con entusiasmo y un apoyo constante que, para su círculo, era una de sus marcas personales.
La noticia de su muerte, ocurrida al caer desde un acantilado mientras intentaba sacarse una selfie, golpeó fuerte en su ciudad natal. La redacción de La Voz del Pueblo recibió el llamado de colegas de La Capital de Mar del Plata, y del otro lado la reacción fue inmediata: conmoción, incredulidad y lágrimas. Aunque su paso por el diario tresarroyense había sido breve —dos meses en el verano de 2020— su modo de trabajo, su energía y su mirada fresca dejaron un recuerdo imborrable entre quienes compartieron redacción con ella.
Una periodista que dejó huella más allá del tiempo compartido
Durante aquel verano de 2020, Leticia estuvo a cargo de la cobertura de Las 24 Horas de la Corvina Negra, uno de los concursos de pesca más tradicionales e importantes del país. Su vínculo con Tres Arroyos era profundo, tanto personal como profesional. Su familia formaba parte de la identidad histórica de la ciudad: su padre, Carlos Lembi, fue durante décadas el responsable de Casa Evaristo, la tienda icónica fundada por su propio padre y que vistió a generaciones de vecinos durante 80 años. Tras cerrar sus puertas en febrero de 2022, Carlos decidió dedicarse a disfrutar más tiempo en familia junto a su esposa, Patricia Valerio. El hermano mayor de Leticia, Luciano, siguió otro camino que también remite al cariño que compartían por los animales: es veterinario.
Leticia había cumplido 33 años el 6 de marzo. Entre 2010 y 2017 vivió en La Plata, donde se recibió de Licenciada en Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata. Antes de eso había cursado sus estudios secundarios en el Colegio Holandés, una institución marcada por la presencia histórica de descendientes de inmigrantes neerlandeses y daneses, y que forma parte del paisaje cultural tresarroyense.
Cada verano esperaba volver a Claromecó, la playa favorita de su familia. Allí solían verla caminar, reír, disfrutar del aire libre y compartir tiempo con sus perros. Ese paisaje, para Leticia, era una especie de refugio afectivo que atravesó todas las etapas de su vida adulta.
Una trayectoria profesional que crecía y un desenlace inesperado
En agosto de 2021, Leticia se incorporó a Onlera, la agencia de marketing digital creada por su primo, Santiago Escudero. Allí se encargaba de la gestión estratégica de la operación del equipo, coordinando objetivos, proyectos y tareas. Su rol hablaba de su compromiso profesional y de una capacidad organizativa que sus colegas destacaban con frecuencia. Ella misma lo definía así en su perfil de LinkedIn, como una forma de nombrar un trabajo en el que ponía atención, dedicación y una fuerte vocación de crecimiento.
La tragedia que terminó con su vida ocurrió durante el Onlera Summit, el encuentro anual de la agencia realizado en Mar del Plata. El accidente, tan absurdo como inesperado, dejó un impacto inmediato en su entorno laboral y en toda la comunidad de Tres Arroyos, donde la noticia se extendió con rapidez.
Su muerte abrió un duelo difícil de transitar para familiares, amigos, colegas y todos aquellos que compartieron con ella un tramo, aunque breve, de su camino. La recordaron como una mujer cálida, comprometida, apasionada por su profesión y profundamente unida a sus afectos. Y en esa memoria colectiva, su nombre permanece asociado a una vida luminosa que dejó una marca imposible de medir solo con palabras.

