La improvisación que creó una reliquia del fútbol mundial

NewsITe
Hablar del Mundial de México 1986 es ingresar a un capítulo de la mitología argentina. Sin embargo, detrás de los goles inmortales de Diego Maradona ante Inglaterra hay una historia mucho más terrenal: la de unas camisetas azules compradas de apuro en un local de barrio, por apenas 20 dólares cada una, que terminaron convertidas en la prenda más cara de la historia del deporte.
Obsesivo como pocos, Carlos Salvador Bilardo había pedido antes del Mundial una indumentaria más liviana para combatir el calor y la altura mexicana. La marca Le Coq Sportif respondió con la tecnología Air-Tech, un tejido microperforado que se aplicó a la camiseta titular albiceleste. Pero la suplente azul quedó relegada al viejo piqué de algodón, elegante pero pesado, algo que la Selección sufriría bajo la lluvia ante Uruguay en octavos de final.
Cuando la FIFA determinó que frente a Inglaterra Argentina debía jugar de azul, Bilardo estalló. No quería repetir la experiencia de Montecarlo 86: “Con esas remeras no se puede, pesan el doble”, insistió. Entonces ordenó al administrativo de AFA, Rubén Moschella, salir a la caza urgente de una alternativa en el Distrito Federal. Tras varios intentos frustrados, el empleado encontró en Deportes Casín un lote de camisetas Le Coq Sportif azules, de stock viejo, con un tono más eléctrico y tela calada.
Moschella compró las 38 que quedaban y las llevó a la concentración para que el cuerpo técnico las revisara. Bilardo dudaba, hasta que apareció Maradona, tomó una de cuello en V y sentenció: “Qué linda esta remera. Con esta le ganamos a los ingleses”. La frase zanjó toda discusión y dio inicio a una maratón nocturna para convertir esas prendas de outlet en indumentaria oficial de la Selección.
De remeras de saldo a “armadura” histórica
Con menos de 24 horas por delante, se montó un operativo de emergencia en el Club América. Lourdes y Maritza, dos trabajadoras del área de lavandería y maestranza, pasaron la madrugada cosiendo a mano parches antiguos de la AFA —sin los laureles dorados— y planchando números plateados de fútbol americano, los únicos que se consiguieron en cantidad suficiente. Sin moldes ni guía láser, el trabajo fue “a ojo”, detalle que décadas después serviría para autenticar las camisetas originales.
Esas remeras livianas, improvisadas y hasta con algunos números levemente torcidos se transformaron en la “armadura” con la que Maradona anotó la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”. Al final del partido, en el túnel del Estadio Azteca, el inglés Steve Hodge intercambió su camiseta con la de Diego, sin imaginar que se llevaba el trofeo más codiciado del fútbol moderno. Soportó críticas de compatriotas que lo acusaban de elogiar a un “tramposo”, pero él siempre sostuvo que estaba ante el mejor jugador del mundo.
Durante años, Hodge rechazó ofertas millonarias y cedió la reliquia al Museo Nacional del Fútbol en Manchester. Solo tras la muerte de Maradona y ante el incremento exponencial del valor de los objetos vinculados al astro, decidió subastarla en Sotheby’s. Un proceso de photomatching, con peritajes minuciosos sobre el bordado del escudo y la posición de los números, ratificó que se trataba de la camiseta usada por Diego en el segundo tiempo, cuando marcó los dos tantos inolvidables.
- La camiseta fue adquirida originalmente por unos 20 dólares en un local del DF mexicano.
- En mayo de 2022, Sotheby’s la vendió por 9,28 millones de dólares, récord absoluto para una prenda deportiva.
“Ha sido un honor absoluto haber tenido esta camiseta durante más de 35 años… Siento que es el momento adecuado para que el mundo la vea de otra manera”, declaró Steve Hodge antes de la subasta que transformó esa improvisación criolla en el negocio más grande de la historia del fútbol.
Así, la improvisación de Bilardo, el olfato de Moschella, el trabajo silencioso de dos costureras mexicanas y la magia irrepetible de Maradona se combinaron para escribir una de las historias más fascinantes detrás de una simple camiseta de fútbol.

