El lanzamiento de misiles desde Yemen marca un nuevo frente en un conflicto que ya afecta el suministro energético global, tensiona alianzas internacionales y profundiza el impacto económico.

Los hutíes de Yemen lanzaron misiles contra Israel y abrieron un nuevo frente en la guerra que involucra a Irán, en un escenario que eleva el riesgo de una expansión regional del conflicto. El ataque, confirmado el sábado, representa la primera ofensiva directa del grupo contra territorio israelí desde el inicio de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El movimiento hutí, alineado con Teherán, afirmó que continuará sus operaciones hasta que cese lo que definió como una “agresión” en todos los frentes. Hasta ahora, Yemen se había mantenido al margen de la guerra, lo que convierte esta ofensiva en un punto de inflexión en la dinámica del conflicto, según consignó Reuters.
En paralelo, Israel intensificó sus ataques sobre Teherán, donde el ejército afirmó haber golpeado infraestructuras vinculadas al gobierno iraní. Irán, por su parte, respondió con nuevas ofensivas, entre ellas un ataque contra una base aérea en Arabia Saudita que dejó 12 militares estadounidenses heridos, dos de ellos en estado grave.
El conflicto, que comenzó el 28 de febrero con ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, ya lleva cinco semanas y provocó miles de muertes, además de una fuerte disrupción en el suministro energético global. En ese contexto, la creciente participación de actores regionales amplía la escala y complejidad de la guerra.
Un nuevo frente que amenaza el comercio mundial
La ofensiva hutí introduce un factor de presión adicional sobre el comercio internacional, especialmente en el transporte marítimo. El grupo demostró en los últimos años su capacidad para atacar objetivos a gran distancia y afectar rutas estratégicas en el Mar Rojo y la Península Arábiga.
Uno de los puntos más sensibles es el estrecho de Bab el-Mandab, una vía clave para el tránsito hacia el canal de Suez. Una eventual interrupción en esa zona podría profundizar el impacto económico global, que ya se ve afectado por el cierre de facto del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
Las perturbaciones en el comercio y la energía ya generaron consecuencias concretas. El precio del crudo Brent superó los 112 dólares, con una suba superior al 50% desde el inicio de la guerra, mientras que los mercados financieros registraron caídas ante la incertidumbre sobre la duración del conflicto.
En Estados Unidos, el impacto se trasladó a los combustibles. El diésel en California alcanzó un promedio récord de 7,17 dólares por galón, según datos de la Asociación Automovilística Estadounidense, lo que añade presión política en un año electoral.
En ese contexto, el secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que Washington espera concluir las operaciones militares “en semanas, no meses”, aunque reconoció que la situación sigue siendo volátil. Según Reuters, Estados Unidos desplegó miles de efectivos adicionales en la región para mantener flexibilidad operativa.
Tensiones diplomáticas y dudas sobre la OTAN
El avance del conflicto también puso a prueba las alianzas internacionales, en especial dentro de la OTAN. El expresidente Donald Trump cuestionó el respaldo de los aliados y sugirió que la falta de apoyo podría tener consecuencias en la relación transatlántica.
«Siempre hubiéramos estado ahí para ellos, pero ahora, a juzgar por sus acciones, supongo que no tenemos por qué estarlo, ¿verdad?», afirmó Trump en un foro en Miami. «¿Por qué estaríamos ahí para ellos si ellos no están ahí para nosotros? No estuvieron ahí para nosotros».
La declaración se da en un contexto en el que varios países europeos y asiáticos evitaron involucrarse directamente en el conflicto, en parte porque no fueron consultados antes de los ataques iniciales. La carta fundacional de la OTAN establece la defensa mutua entre sus miembros, pero la falta de consenso debilita esa lógica en este escenario.
Mientras tanto, se mantienen esfuerzos diplomáticos para contener la escalada. Pakistán, Egipto y Turquía actúan como intermediarios, aunque desde Teherán negaron la existencia de negociaciones directas con Washington. Analistas citados por Reuters advierten que las posibilidades de diálogo inmediato siguen siendo limitadas.
Más ataques y una escalada con impacto global
La guerra continuó con nuevos episodios de violencia en distintos puntos de la región. Emiratos Árabes Unidos y Baréin reportaron ataques con misiles, mientras que en Abu Dabi se registraron incendios tras la interceptación de un proyectil cerca del puerto Khalifa.
En Kuwait, el aeropuerto internacional sufrió daños en su sistema de radar tras ataques con drones. En Irán, medios locales informaron sobre un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra una vivienda en Zanjan, con al menos cinco muertos y siete heridos.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, advirtió que su país responderá con firmeza ante nuevos ataques. “Tomarán fuertes represalias si se ataca nuestra infraestructura o nuestros centros económicos”, afirmó en una publicación en la red social X.
En paralelo, Trump elevó la presión y amenazó con atacar infraestructuras energéticas iraníes si no se reabre el estrecho de Ormuz. Sin embargo, extendió el plazo para una respuesta de Teherán, lo que mantiene abierta una ventana limitada para evitar una escalada mayor.
Con múltiples frentes activos y sin avances diplomáticos concretos, el conflicto se consolida como una crisis de alcance global, con impacto directo en la economía, la seguridad internacional y la estabilidad de Medio Oriente.

