El incidente diplomático grave estalló hace dos días en el aeropuerto de Caracas. En las alturas del poder vaticano reina el silencio.

Un grave incidente diplomático entre el régimen de Nicolás Maduro y el Vaticano se desató hace dos días en el aeropuerto de Caracas, cuando autoridades venezolanas confiscaron el pasaporte oficial emitido por la Santa Sede al cardenal Baltazar Porras. La medida le impidió viajar a España y lo obligó a renunciar al vuelo.
La decisión provocó una inmediata reacción de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV), que el jueves condenó el hecho y denunció los malos tratos sufridos por el purpurado, exarzobispo de Caracas. El episodio se convirtió en el primer conflicto diplomático que enfrenta el papa León XIV desde el inicio de su pontificado este año.
En el Vaticano, por ahora, predomina el silencio institucional. Sin embargo, un monseñor con trayectoria en la Santa Sede explicó que “hay que evitar respuestas que no sean bien estimadas”, aunque advirtió que “el Papa no puede dejar pasar esta afrenta”. Según precisó, la respuesta llegará “sin apuros ni dilaciones”, con el objetivo de adoptar una postura firme pero prudente ante una situación que afecta directamente a la Iglesia católica en Venezuela.
El cardenal Baltazar Porras relató que un funcionario aeroportuario se llevó su pasaporte cuando presentó la documentación y, al regresar, le informó que “el pasaporte presenta problemas y nosotros no podemos hacer nada”. Luego, le sugirieron regresar a Caracas y presentarse en una oficina gubernamental, indicándole que no podía abordar el avión por presuntas irregularidades administrativas.
Porras también denunció que no le permitieron fotografiar el documento con la decisión que le leían y que, al insistir, “me amenazaron con ser detenido”, por lo que debió abandonar el aeropuerto y regresar a su domicilio.
Una organización de derechos humanos repudió el episodio y denunció “graves atropellos”. Además, sostuvo que la anulación del pasaporte diplomático del cardenal compromete la imagen internacional de Venezuela y evidencia un patrón reiterado de arbitrariedad estatal. La entidad exigió la restitución inmediata del documento de viaje.
El incidente no fue un hecho aislado. En octubre pasado, las autoridades venezolanas ya le habían impedido al cardenal trasladarse a Isnotú, en el estado de Trujillo, donde debía presidir una misa por el natalicio de Gregorio Hernández, el primer santo venezolano.
Los obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana expresaron su plena solidaridad con Baltazar Porras y reclamaron a las autoridades una “investigación exhaustiva” sobre lo ocurrido.
Creado cardenal en 2016 por el papa Francisco, Porras se convirtió en una figura crítica del régimen chavista, lo que derivó en reiterados ataques desde el gobierno de Maduro. El episodio en el aeropuerto ocurrió el mismo día en que la dirigente opositora María Corina Machado recibió el Premio Nobel de la Paz, un dato que agregó tensión al escenario político venezolano.
En una carta dirigida al episcopado del país, el cardenal expresó su dolor y mortificación, aunque apeló a un mensaje espiritual en el marco de la Navidad: “La fuerza reside en la fragilidad del presente, en la fragilidad de la verdad que se construye en la paz, sin violencia”.

