Mariana Enriquez, la autora argentina que reinventa el terror

La escritora que llevó el terror argentino al centro de la escena

La escritora argentina Mariana Enriquez

NewsITe

En los últimos años, el nombre de Mariana Enriquez se volvió ineludible en las mesas de novedades, en las columnas culturales y en los programas académicos. A los 50 años, la autora nacida en Buenos Aires en 1973 es una de las voces más leídas de la narrativa en español y, al mismo tiempo, una figura estudiada en universidades de todo el mundo. Su especialidad —el terror fantástico— podría haberla confinado a un nicho, pero en su caso ocurrió exactamente lo contrario.

La autora irrumpió con fuerza en el cuento: Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016) la convirtieron en referencia obligada para quienes siguen el género. Más tarde, su novela Nuestra parte de noche, ganadora del Premio Herralde en 2019, consolidó su proyección internacional y la acercó a lectores que no suelen elegir relatos breves.

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Enriquez combina una gran destreza técnica para armar tramas sin lugares comunes con la creación de personajes complejos, atravesados por miedos íntimos y colectivos. Su literatura actualiza el terror clásico: toma los elementos reconocibles del género, pero los reescribe desde la Argentina contemporánea, con barrios, cuerpos y lenguajes muy reconocibles para el lector local, y, a la vez, legibles en cualquier lugar del mundo.

Una voz que interpela a lectores y académicos

El fenómeno Enriquez excede el mercado editorial. En el plano académico, su obra genera un interés inusual: búsquedas en bases de datos especializadas registran decenas de artículos y trabajos dedicados a su narrativa, muy por encima de lo que suele ocurrir con autores de su misma generación. Críticos y especialistas destacan su poética desacomplejada y su apuesta por revisar el canon sin pedir permiso.

En sus libros, Enriquez trama una genealogía propia: el título Nuestra parte de noche retoma un verso de Emily Dickinson traducido por Silvina Ocampo, mientras que Las cosas que perdimos en el fuego dialoga con una canción de la banda británica Bastille. Esa red de referencias se combina con su rol como lectora militante: recomienda, reseña y visibiliza a otros autores, en especial iberoamericanos, menos conocidos que ella.

El miedo como clave para leer la realidad

Uno de los núcleos de su escritura es el miedo, entendido no solo como recurso para generar tensión, sino como emoción central de nuestra época. Muchos de sus cuentos recurren a fantasmas y posesiones para explorar violencias muy concretas: la violencia machista, el maltrato infantil, la aporofobia, la enfermedad o las marcas de la dictadura militar en la sociedad argentina.

  • En numerosos relatos, los personajes son poseídos por espectros que los llevan a dañarse a sí mismos, lo que habilita una lectura psicológica y otra sobrenatural.
  • Esa ambigüedad permite pensar tanto en trastornos de salud mental como en fuerzas externas que actúan sobre los cuerpos y las decisiones.
  • La víctima queda atrapada en un doble castigo: sufre el ataque del fantasma y, al mismo tiempo, la incomprensión de quienes la rodean, que no reconocen su sufrimiento.

En su obra más reciente, Enriquez complejiza aún más esta tensión y propone que también los fantasmas pueden ser sujetos vulnerables, necesitados de cuidado y afecto, figuras que encarnan a quienes el sistema expulsa o ignora. Así, el terror se convierte en una herramienta para hablar de desigualdad, abandono y violencia estructural.

Más que encajonarse en la literatura fantástica, Mariana Enriquez explora el miedo en todas sus formas, desde la intimidad familiar hasta los grandes traumas colectivos.

Con una narrativa liminar, situada en la frontera entre géneros y tradiciones, Enriquez desacomoda la realidad para mostrar sus fisuras. En ese gesto, que combina imaginación desbordante, crítica social y un oído preciso para las voces de la calle, radica buena parte de la fascinación que hoy despierta en lectores, críticos y académicos, dentro y fuera de la Argentina.

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