MARTÍN ESPÍNDOLA: “NO ES SALUD EL DEPORTE DE ALTO RENDIMIENTO”

Fue medalla de plata en los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018, y una de las grandes promesas de la gimnasia artística argentina. Pero la exigencia física lo llevó a pasarla muy mal, con serios problemas en su columna. Al punto que debió alejarse definitivamente del deporte. Hoy, con 20 años, el nicoleño intenta vivir una vida “normal”, a pesar de los dolores que debe sobrellevar día tras día.

Martin, en el estudio de Radio U

Aquellos Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires fueron históricos para el país. Argentina le demostró al mundo estar a la altura de semejante acontecimiento en cuanto a lo organizativo, y la cosecha deportiva parecía iniciar un camino que podría llevar a grandes logros. En caso de continuarlo, claro. Pero el paso del tiempo confirmó lo que temíamos en un principio: ese buen trabajo a nivel dirigencial duró apenas cuatro años, y muchas de las chicas y chicos que se destacaron en aquella competencia volvieron a sufrir la recurrente falta de apoyo.

Buenos Aires 2018 fue un hito histórico también para el deporte de San Nicolás. Sol Ordas, en remo, ganó la medalla de oro (la primera de las once que cosechó la delegación). Después de eso, la nicoleña decidió retirarse de la selección y pensó seriamente en dejar el deporte. Hoy está de regreso, tratando de recuperar su mejor versión. Y Martín Espíndola logró colgarse la medalla de plata en la prueba por “equipos internacionales” de gimnasia artística, además de haber clasificado para la final de Salto. Argentina solo tenía una plaza para un varón en dicho deporte, y fue el nicoleño el que la consiguió tras cuatro años de exigencia, de concentraciones, de “cortes” y de competencias internacionales. De 70 que fueron preseleccionados al principio del proceso (en 2014), Martín fue el mejor.

¿Color de rosa?

“La gente por televisión nos ve ahí parados, haciendo la rutina, y dice ‘éste la tiene clara’. Lo he escuchado en mucha gente. No es así. Yo en la esquina de Suelo rezaba para que no me colapse la cabeza. Son muchos nervios. Por eso trabajé mucho tiempo con psicólogos deportivos para poder tratar todo eso, porque es algo duro, más cuando no estás preparado mentalmente. La gente dice que ‘el deporte es bueno’, y es cierto, pero la verdad es que el deporte de alto rendimiento no es salud. La carga horaria, la carga mental, lo hacen muy diferente”, remarcó con crudeza Martín, que durante la semana visitó el estudio de Radio U para charlar en “La Deportiva”.

Cuando se le preguntó cómo superaba esos momentos de tensión en la competencia, contó que “siempre cuando iba a presentarme, que el juez me levantaba la mano, a mí se me cambiaba todo alrededor, ya no existía nadie, ni siquiera mi entrenador. Éramos el aparato y yo”.



Comenzó a practicar el deporte a los 8 años y rápidamente exhibió un talento fuera de lo común, por eso no tardó en superar niveles y empezar a entrenar con Eugenio Coffey, director del Gimnasio Conesa, proyectándose luego a nivel nacional. A los 12, entró en el radar de la Confederación Argentina e inició su preparación para los Juegos de Buenos Aires. Empezaron 70 chicos de todo el país; en 2017, cuando viajaron a Brasil, quedaban 10. Y a principios de 2018, fueron cuatro los argentinos que viajaron al Panamericano con la única plaza disponible para los Olímpicos en juego. Martín fue el mejor de los argentinos, y se ganó el derecho de representar al país en Buenos Aires 2018. Pero la preparación para llegar a ese nivel le pasaba factura a su cuerpo.

En la competencia, logró meterse en la final de Salto y ganar la medalla de plata con el equipo “Max Whitlock”. “Los Juegos de Buenos Aires fueron una experiencia increíble, me conmovió mucho mentalmente. Yo a esa competencia había llegado con dolores, pero tenía muchas expectativas, estaba muy arriba anímicamente y eso me llevó a estar en la final de Salto. También tenía otra chance en Paralelas, pero no se me dio porque un día antes estaba practicando la serie y justo me doblé el pie”, recordó el nicoleño. Esa lesión le impidió saltar en la final. “Me dolió mucho porque era una final muy importante. Había hecho una preparación gigante en España, metí muchas horas, aposté mucho por Salto y por Paralelas, que eran mis dos fuertes, hice una preparación muy larga, tanto física como mental, porque, algo a destacar, la psicología es muy importante, para el deporte y para la vida. Tenía mucha esperanza de otras cosas para mi futuro”, lamentó.

A pulmón

A su vez, junto a su familia le hacía frente a las innumerables obligaciones económicas que le demandaba sostener una carrera en el alto rendimiento, con un apoyo prácticamente amateur. “Siempre con mis padres, con rifas, todo salió siempre de nuestro bolsillo. Fue mucho esfuerzo. Cuando empecé a entrar en la órbita de la selección argentina, a los 13 años en un Sudamericano, me acuerdo de que el apoyo económico era muy malo, y así siguió siendo hasta el último día. Lo que es tema de salud para mí hubiese sido muy importante. Ellos me daban un 10, y el otro 90 lo poníamos nosotros. Y eso es lo que mucha gente no ve, te dicen ‘pero vos te fuiste a Colombia, a España…’. Sí, con mucho sacrificio. Puse mi mente, mi cuerpo, lo hice con mucha pasión, porque si hubiese sido por plata, me hubiese retirado del deporte mucho antes”, tiró el joven. “A los deportes como la gimnasia la dirigencia lo ve como algo ‘muy bajo’. La plata está, y el hecho de que ‘desaparezca’ no nos podemos hacer cargo los deportistas”, disparó, y recordó también que “el Municipio de San Nicolás tampoco me apoyó, me prometieron una computadora que era muy importante para poder estudiar, pero nunca me la dieron. Todo me costó el doble”.



Soportar el dolor

Los años de doble turno, de caídas, de impactos, fueron devastadores con su espalda. “Los dolores fueron empeorando cada año. Yo he competido muchas veces con medicamentos recetados, me he inyectado calmantes para un rápido efecto y poder competir dentro de todo sin dolor. Tenía una recuperación de dos o tres semanas después de cada torneo”, contó Martín.

Tras la experiencia en los Juegos, el nicoleño tuvo la posibilidad de competir nada menos que en el Mundial Juvenil 2019 en Hungría. Sería la última competencia de su carrera. “Dudábamos con Eugenio si ir o no, porque yo estaba con una lesión. Llegué a una muy buena recuperación, y más allá de que no pude dar mi cien por ciento, llegué muy bien preparado física y mentalmente. Pero los dolores iban empeorando. Cada semana un pinchazo me dejaba parado dos o tres días. Evitamos la operación durante mucho tiempo, tratamos de estirarlo. Hasta que me tuve que operar de la columna, de una hernia de disco. Y tengo dos hernias más. Según lo que dice el médico, es inevitable una próxima operación”, expresó.



Hoy, con 20 años, se alejó por completo del deporte al que le dedicó más de la mitad de su vida. “Entré a trabajar en varias empresas, pero no me dio la espalda. No llegaba a trabajar ni dos meses, siempre me iba con una tableta de ibuprofeno y la tomaba en dos días. No exagero. Si no, al otro día no podía ir a trabajar por el dolor. Después del deporte, busqué salidas, busqué qué hacer, y nadie te dice qué hacer”, reconoció Martín. “Uno tiene que ver qué es lo que puede proyectar. Lo que quiero  hacer tiene que ver con mi otra pasión, la tecnología. Quiero estudiar Análisis de Sistemas. Estoy terminando la escuela para poder empezar esa carrera”, contó.

Los días interminables de entrenamiento le impidieron terminar la escuela, más allá de que avanzó algo de manera virtual. Pero la carga horaria era demasiado alta. “A mí me apasionaba y lo hacía porque yo quería, nadie me obligaba. Perdí muchas cosas de mi infancia y mi adolescencia, pero hay mucha gente que no pudo vivir experiencias como vivir afuera, conocer otras culturas, mil cosas. Eso siempre lo voy a destacar de mi deporte”, aseguró el medallista olímpico, y cerró: “Aunque haya pasado por todas estas cosas, las lesiones, el dolor de espalda que me va a quedar de manera crónica… yo creo que fue algo hermoso. La gimnasia me enseñó muchísimos valores, me dejó muchas cosas buenas que hoy en día me sirven. No me arrepiento. Y lo haría otra vez a este deporte, porque la pasión que se siente al salir volando por la barra, o haciendo un salto, son cosas que no te las puedo explicar. Yo siempre tuve ganas de seguir, busqué la solución, traté de volver…, pero el cuerpo me lo impidió”.



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