Massive Attack y Tom Waits se unen contra el avance fascista

Una alianza artística con fuerte postura política

Massive Attack y Tom Waits en su colaboración antifascista

NewsITe

El regreso discográfico de Massive Attack llega con un mensaje contundente. El grupo de Bristol estrenó “Boots on the Ground”, su primera canción desde el proyecto Eutopia (2020), y lo hizo acompañado por una voz tan prestigiosa como inesperada: Tom Waits. La colaboración se presenta como una intervención artística cargada de tensión política y una clara postura antifascista en un momento global signado por la polarización y el avance de discursos autoritarios.

En un comunicado oficial, Massive Attack definió el lanzamiento como una respuesta al actual “clima de caos” y advirtió sobre la convergencia entre “autoritarismo estatal”, “militarización de las fuerzas policiales” y “política neofascista” en distintas regiones del hemisferio occidental. De esta manera, el grupo reafirma una identidad construida durante décadas: la de utilizar la música como vehículo de crítica social y reflexión política.

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La participación de Tom Waits profundiza ese enfoque. Con su inconfundible registro áspero y una lírica que oscila entre la ironía y la desesperación, el músico estadounidense aporta una dimensión narrativa decisiva para el tono de denuncia de la obra. En uno de los pasajes más filosos, dispara: “¿Quiénes diablos son estos imbéciles federales?”, una línea que apunta directamente al aparato estatal y sus excesos represivos.

Waits, que llevaba más de una década sin estrenar material propio, definió el contexto actual con una frase tan breve como lapidaria: “La locura del hombre es un festín para las moscas”. Ese resumen poético condensa el clima sombrío que recorre la canción y que dialoga con una tradición de arte comprometido frente al resurgimiento de tendencias autoritarias y neofascistas en los principales centros de poder mundial.

Un videoclip atravesado por la denuncia social

El mensaje político de “Boots on the Ground” se amplifica en el videoclip, codirigido por Massive Attack junto al artista visual The Final Eye. La pieza alterna escenas de las protestas del movimiento Black Lives Matter con registros de operativos del ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos. El montaje establece un paralelo directo entre la represión estatal, el control migratorio y las tensiones raciales en ese país.

Según el sello editor, el video retrata “un momento crítico de la historia reciente”, atravesado por la conflictividad social, la desigualdad estructural y la radicalización política. En esa línea, el trabajo audiovisual no se limita a ilustrar la canción, sino que se propone como un documento incómodo sobre la violencia institucional y las políticas de securitización que se expanden en las democracias occidentales.

Identidad política y legado artístico de Massive Attack

Lejos de ser un gesto aislado, la canción refuerza la trayectoria de Massive Attack como proyecto musical involucrado con su tiempo. La banda británica ha abordado históricamente temas como la guerra, el racismo, la vigilancia masiva y el colapso climático, mezclando electrónica, trip hop y experimentación sonora con una mirada crítica sobre el poder y sus lógicas de control.

  • La colaboración con Tom Waits incluye además la participación de su esposa Kathleen Brennan y de su hijo Casey, reforzando el costado colectivo y generacional de la obra.
  • El lanzamiento se edita también en formato vinilo de 12 pulgadas, con una cara B titulada The Fly, pieza hablada que marca el regreso autoral de Waits tras más de diez años sin novedades discográficas.

“Boots on the Ground” funciona como una advertencia sonora frente a una época en la que, según sus creadores, el autoritarismo vuelve a ganar terreno.

Con este trabajo, Massive Attack y Tom Waits ponen en circulación algo más que una colaboración de alto impacto: proponen una toma de posición frente al avance de discursos y prácticas que amenazan derechos civiles y libertades básicas. En tiempos de crispación política global, la apuesta por un arte abiertamente antifascista recupera el papel de la música como espacio de resistencia, memoria y debate público.

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