Un nuevo estudio reabre el debate sobre la inteligencia neandertal

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Un trabajo reciente publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) pone en discusión una de las ideas más instaladas en la paleoantropología: que los neandertales habrían tenido capacidades cognitivas inferiores a las de los humanos modernos. Lejos de confirmarlo, la nueva evidencia sugiere que las diferencias anatómicas en el cerebro no implicaron una desventaja intelectual significativa para esta especie extinguida.
El estudio fue realizado por un equipo internacional integrado por Thomas Schoenemann, Ralph Holloway, Jia-Hong Gao y Guoyuan Yang, investigadores de la Universidad de Indiana, la Universidad de Columbia, la Universidad de Pekín y el Instituto de Tecnología de Pekín. A partir de reconstrucciones endocraneales —modelos que permiten estimar la forma y el volumen del cerebro a partir del cráneo—, compararon las dimensiones de cerebros neandertales con los de distintos grupos de humanos actuales.
Las conclusiones son contundentes: las diferencias entre los cerebros de neandertales y de humanos modernos no superan, en promedio, las variaciones que existen hoy entre distintas poblaciones humanas. Esto significa que, en términos anatómicos, un neandertal podría haber estado tan cerca de un humano moderno como un individuo de una población contemporánea lo está de otra, por ejemplo entre grupos de Estados Unidos y China.
Cómo se hizo la comparación entre cráneos y cerebros
Para llegar a estos resultados, el equipo analizó imágenes de resonancia magnética de grandes muestras de población en Estados Unidos y China. Midieron el volumen de 13 regiones cerebrales clave y compararon esos datos con las estimaciones disponibles de cerebros neandertales. En nueve de esas trece áreas, las diferencias entre estadounidenses y chinos resultaron incluso mayores que las registradas entre neandertales y Homo sapiens.
Los autores también revisaron 116 áreas cerebrales, y hallaron que el 43% presentaba diferencias significativas entre las dos poblaciones modernas estudiadas. Ese hallazgo relativiza aún más la idea de una gran brecha estructural entre el cerebro de los neandertales y el de los humanos actuales.
Según el artículo de PNAS, “las diferencias endocraneanas entre neandertales y sus contemporáneos predicen tamaños de efecto de diferencia cognitiva de solo 0,14 desviaciones estándar o menos”. Traducido al lenguaje cotidiano, esto implica que la brecha cognitiva promedio que podría deducirse de la anatomía es muy pequeña, casi irrelevante desde el punto de vista práctico.
Inteligencia, evolución y mito neandertal
Uno de los puntos centrales del trabajo es que, en humanos modernos, la relación entre anatomía cerebral y capacidad cognitiva general es débil. El tamaño de ciertas regiones puede asociarse de manera tenue con el rendimiento en tareas específicas, pero no alcanza para predecir la inteligencia global de una persona. A la luz de esta relación laxa, sostienen los científicos, es improbable que las diferencias anatómicas observadas entre especies expliquen por sí solas la desaparición de los neandertales.
El cerebelo, área vinculada a la coordinación motora, el procesamiento sensorial y algunas funciones cognitivas, muestra además diferencias mínimas entre neandertales y humanos actuales. Queda así cuestionada la hipótesis de que la sustitución de una especie por la otra haya sido producto de una presunta desventaja intelectual neandertal.
- Las variaciones cerebrales entre poblaciones modernas son tan grandes o mayores que las observadas entre neandertales y Homo sapiens.
- La anatomía del cerebro se asocia de forma limitada con la inteligencia general.
- Factores culturales, ambientales y demográficos ganan peso como explicación de la extinción neandertal.
“Esto socava la sugerencia de que el reemplazo neandertal ocurrió por limitaciones cognitivas”, concluyen los autores del estudio.
De este modo, el trabajo refuerza una línea de investigación que viene ganando consenso en la comunidad científica: los neandertales no habrían sido los “primos torpes” de los humanos modernos, sino grupos humanos con capacidades cognitivas comparables, cuya desaparición obedeció a procesos mucho más complejos que la simple inferioridad intelectual.

