Tensiones renovadas entre Washington, Tel Aviv y Teherán

NewsITe
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, llegó a Washington con un objetivo central: convencer al expresidente estadounidense Donald Trump de mantener abierta la opción de una acción militar contra Irán, en un contexto de extrema sensibilidad en Medio Oriente y de negociaciones nucleares frágiles entre Teherán y Occidente.
De acuerdo con versiones citadas por la cadena CNN, Netanyahu pretendía exponer ante Trump posibles escenarios militares y presentar información actualizada sobre las capacidades ofensivas de la República Islámica, mientras Israel diseña planes de contingencia ante un eventual fracaso de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán.
Fuentes israelíes señalaron que en Tel Aviv existe un fuerte escepticismo respecto del éxito de los contactos diplomáticos en curso. La evaluación preliminar es que, si no se toman medidas para limitar el arsenal iraní, Teherán podría alcanzar entre 1.800 y 2.000 misiles balísticos en cuestión de semanas o meses, lo que modificaría el equilibrio militar regional y reforzaría la presión sobre Israel y sus aliados.
La visita de Netanyahu a la capital estadounidense estaba prevista inicialmente para el 18 de febrero, un día antes de una reunión del denominado Consejo de Paz. Sin embargo, el encuentro con Trump se adelantó a pedido del propio primer ministro israelí, lo que abre interrogantes sobre su participación en esa convención, donde se analiza el futuro del alto el fuego en la Franja de Gaza y la transición a una nueva fase del conflicto.
Irán denuncia trabas en la negociación nuclear
Mientras Israel insiste en mantener sobre la mesa la vía militar, desde Teherán el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, acusó a Occidente y, en particular, a Estados Unidos de imponer “excesivas exigencias” que bloquean el avance de las conversaciones nucleares. El mandatario habló durante los actos por el 47.º aniversario de la Revolución Islámica de 1979.
Pezeshkian aseguró que Irán no busca desarrollar armas nucleares y se declaró dispuesto a aceptar cualquier verificación internacional en ese sentido. Al mismo tiempo, subrayó que los problemas de la región deben ser resueltos por los propios países de Medio Oriente, sin injerencias de potencias extranjeras.
El presidente iraní reiteró que su gobierno mantendrá la apuesta por la vía diplomática, a la vez que procura profundizar vínculos políticos y comerciales con los países de Asia Occidental y con mercados musulmanes y vecinos, como parte de una estrategia para impulsar su desarrollo económico interno y sortear sanciones.
Misiles y líneas rojas en la doctrina iraní
En paralelo, Ali Shamkhani, asesor principal del líder supremo Ali Jamenei, reiteró que la capacidad misilística de Irán constituye una “línea roja” y que no será objeto de negociación. Según el diario iraní Nour News, Shamkhani advirtió que cualquier ataque, incluso limitado, sería considerado el inicio de una guerra con consecuencias que irían más allá del terreno militar y afectarían a poblaciones en distintas partes del mundo.
El funcionario llamó a Washington a privilegiar el diálogo por encima de las amenazas, en momentos en que Irán busca posicionarse como actor clave en la seguridad regional y al mismo tiempo mantener margen de maniobra en su programa de misiles y en el nivel de enriquecimiento de uranio.
Otro informe de Nour News, que cita al portavoz de la cancillería Esmaeil Baghaei, indica que Teherán está dispuesto a discutir límites a su enriquecimiento de uranio y al volumen de su arsenal, aunque solo bajo el pleno respeto de sus derechos en el marco del Tratado de No Proliferación Nuclear. Así, el pulso diplomático entre Estados Unidos, Israel e Irán se combina con amenazas veladas de acción militar, en un tablero geopolítico cada vez más delicado.
“Cualquier ataque militar, incluso limitado, se considerará el inicio de una guerra, cuyas consecuencias afectarán la vida de personas en diferentes partes del mundo”, advirtió Ali Shamkhani.
En este escenario, la ofensiva diplomática de Netanyahu en Washington y las señales de firmeza de Teherán confirman que el futuro del acuerdo nuclear y la estabilidad regional siguen atados a una frágil combinación de presiones, negociaciones y amenazas cruzadas.

