Tras el ataque en la escuela Mariano Moreno de la ciudad santafecina, funcionarios y fuerzas de seguridad brindaron detalles sobre la “True Crime Community”, una subcultura digital vinculada a la fascinación por crímenes reales.

El crimen ocurrido en una escuela de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe, derivó en una advertencia de autoridades nacionales sobre la denominada “True Crime Community” (TCC), una subcultura digital global vinculada a la fascinación por crímenes reales y hechos violentos.
En conferencia de prensa, el gobernador Maximiliano Pullaro, la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva y autoridades de la Policía Federal brindaron detalles del caso y expusieron las características de estas comunidades virtuales.
Monteoliva explicó el alcance del fenómeno y su impacto: “Este caso muestra y pone en evidencia que no es un caso aislado, no es un caso de bullyng y es que estamos frente a la presencia de subculturas que tienen que ver con comunidades virtuales que se centran en el estudio, en el análisis, la fascinación de asesinatos y de tiroteos masivos”.
En la misma línea, Pullaro remarcó el vínculo del caso con este tipo de espacios digitales: “participaba de una red internacional, una subcultura digital que se denomina TCC”, donde se veneran “asesinatos y delitos voilentos que en algunos casos llegan a la imitación”.

Cómo funcionan estas comunidades digitales
El jefe del Departamento de la Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal detalló las dinámicas internas de estas comunidades y describió un proceso escalonado que puede derivar en hechos graves.
“Cumple diferentes facetas. Estas personas hacen una investigación sobre crímenes verdaderos, fascinados por diferentes tiradores seriales”, explicó.
Según indicó, este fenómeno tiene antecedentes en la década del 90, a partir de “la masacre de Columbine”, y se estructura en distintas etapas.
En una primera instancia, los participantes difunden contenido: “Empiezan a compartir material y glorificar a través de foros o páginas de internet”, aseguró.
Luego, el proceso avanza hacia espacios más cerrados: “pasan a grupos cerrados como discord o telegram. Dentro de esas plataformas empiezan a compartir material y glorificar a estos perpetradores, a imitarlos”.
Finalmente, advirtió sobre la fase más crítica: “planificar ataques porque quieren imitarlos, es la gran preocupación y tenemos que detectarlo de forma temprana”.
Las autoridades señalaron que no existe un perfil único entre quienes integran estas comunidades, aunque identificaron una franja etaria predominante entre los 13 y 19 años.
El desafío, según indicaron, radica en la detección temprana de estas conductas en entornos digitales que presentan dificultades para su monitoreo.

