Ramallo: el asfalto que no duró ni seis meses: enojo y desilusión en el barrio Don Antonio

La imagen se viralizó en las últimas horas y encendió la bronca vecinal: el pavimento inaugurado en septiembre de 2025 en el barrio Don Antonio, en Villa Ramallo, ya se encuentra visiblemente deteriorado. En la calle Buenos Aires, entre Riva y Kennedy, se abrió una grieta que —según vecinos— alcanza cerca de 50 metros de longitud. “Recién asfaltada y ya en mal estado. Esto no es progreso”, expresaron en redes, con ironía y aplausos “de pie” para una obra que, lejos de mejorar la calidad de vida, hoy es símbolo de frustración.

La obra había sido presentada como parte de un ambicioso plan de asfaltado que contemplaba 19 cuadras dentro del barrio, con una inversión anunciada de 150 millones de pesos, e incluía la promesa de luminarias LED y la pavimentación de más arterias para una “transformación integral”. Fue lanzada en plena campaña electoral, con fuerte despliegue comunicacional, como una señal de progreso y cercanía con los vecinos. Hoy, apenas meses después, el asfalto resquebrajado vuelve a poner bajo la lupa la calidad de los materiales, la ejecución y la planificación.

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El malestar apunta a la gestión del intendente Mauro Poletti, a su secretario de Obras Públicas, Leandro Torri, y al delegado de Villa Ramallo, Mauricio Frascaroli. Vecinos consultados cuestionan la idoneidad del área de Obras Públicas y advierten que, desde que asumieron, “se gastaron más recursos que los presupuestados”, con compras y alquileres que —afirman— “resultaron más caros de lo esperado”. Si bien estas observaciones son parte de reclamos vecinales y no constituyen una determinación judicial, el clima de sospecha y enojo se intensifica al ver un pavimento nuevo que ya muestra fallas estructurales.

“Nos prometieron calles seguras, iluminación y mejoras integrales. Lo único que tenemos es una grieta que crece”, relató una vecina. Otros residentes señalan que, además del deterioro prematuro, varias de las mejoras anunciadas no se completaron. La sensación general es de “promesas inconclusas” y de una ejecución que priorizó el impacto político por sobre la durabilidad y la técnica.

Especialistas en obra vial consultados señalan que un pavimento que se fisura tan pronto puede estar asociado a deficiencias en la base, en la compactación, en la calidad de los insumos o en el control de obra. Son aspectos que, de confirmarse, apuntarían a una cadena de responsabilidades que involucra tanto la planificación como la supervisión.

En un contexto de recursos escasos y demandas crecientes, cada peso invertido en infraestructura debería traducirse en soluciones duraderas. Lo ocurrido en Don Antonio vuelve a instalar una duda sobre la calidad técnica de las obras y el profesionalismo de quienes las llevan adelante.

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