Reforma electoral: fuerte debate en la Ciudad por las PASO

Reforma electoral: la Ciudad abre su propio debate

Legisladores porteños debaten la reforma electoral

NewsITe

Mientras el proyecto de reforma electoral impulsado por el Gobierno nacional ya ingresó al Senado, en la Ciudad de Buenos Aires comenzó a tomar forma un debate propio sobre posibles cambios en las reglas de juego locales. Legisladores de distintos espacios políticos expresaron sus posiciones, dejando en evidencia la fractura existente en torno a la continuidad de las PASO y a los requisitos para los partidos políticos.

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Pilar Ramírez, presidenta del bloque libertario en la Legislatura porteña, fue una de las primeras en expresarse públicamente. A través de la red social X, reclamó que la Ciudad avance en una reforma de fondo en línea con las propuestas de La Libertad Avanza a nivel nacional. Entre los puntos centrales mencionó la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y la implementación de la llamada “Ficha Limpia” para impedir que candidatos con condenas firmes puedan competir en elecciones.

Según Ramírez, estas modificaciones apuntan a reducir lo que considera “caprichos políticos” financiados con los impuestos de los porteños y a terminar con la impunidad de dirigentes cuestionados judicialmente. La mirada libertaria se alinea así con el objetivo de achicar costos electorales y endurecer las condiciones de elegibilidad.

Críticas desde la oposición: temor a una menor participación

Desde un ángulo opuesto, el legislador Federico Mochi, de Fuerza Por Buenos Aires, cuestionó el espíritu de la reforma. En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, planteó que no ve justificación para modificar el sistema actual y advirtió que la iniciativa “busca limitar la participación política” más que mejorarla.

Mochi consideró que la eliminación de las PASO favorecería al oficialismo nacional y a La Libertad Avanza, al permitirle ordenar su interna y, al mismo tiempo, condicionar al peronismo y a otros espacios opositores. A su entender, suprimir las primarias reduce la posibilidad de competencia interna tanto en el oficialismo como en la oposición, y deja menos alternativas a los votantes a la hora de elegir candidatos.

Partidos chicos y nuevos espacios, en la mira

El legislador también puso la lupa sobre otros aspectos del proyecto, como el aumento de los requisitos para el sostenimiento de los partidos. Hoy se exige personería en al menos cinco distritos, pero la iniciativa eleva ese número a diez, al tiempo que sube del 1% al 3% el piso electoral para conservar la personería jurídica.

Para Mochi, estas medidas impactarían de lleno en las fuerzas más pequeñas y en las nuevas expresiones políticas, al empujarlas a integrarse en frentes dominados por partidos mayoritarios para no desaparecer del escenario institucional. Por ese motivo, anticipó que su bloque no acompañará una eventual eliminación de las PASO ni una reforma que complique la supervivencia de los espacios emergentes en la Ciudad.

El PRO pide discutir la frecuencia de las elecciones

El oficialismo porteño aún no fijó una postura definitiva sobre la reforma, pero comenzaron a escucharse señales. La legisladora Rocío Figueroa, del PRO, utilizó también X para plantear una preocupación diferente: la frecuencia con la que se convoca a las urnas.

Figueroa sostuvo que la “verdadera reforma electoral” debería apuntar a terminar con elecciones nacionales cada dos años, porque —según advirtió— eso empuja a la política a vivir en una campaña permanente. Recordó que hace menos de seis meses los argentinos fueron a votar y, sin embargo, ya se habla del escenario de 2027, algo que, afirmó, dificulta la planificación de políticas públicas de largo plazo.

La postura libertaria juvenil y un Parlamento fragmentado

En medio de la discusión, el referente de la juventud libertaria porteña, Dante Di Carlo, respaldó el enfoque de su espacio y reforzó el argumento contra las PASO. Retomando el planteo de Figueroa, sostuvo que en un “país serio” los ciudadanos no deberían afrontar el costo de lo que definió como un “capricho político” y postuló la boleta única de papel como mecanismo ideal para ordenar el sistema.

“En un país serio, la política se ordena para servir a la gente”, remarcó Di Carlo, sintetizando la mirada libertaria sobre la reforma electoral.

El escenario en la Legislatura de la Ciudad, sin embargo, aparece complejo para alcanzar consensos amplios. Con un Parlamento altamente fragmentado, el bloque mayoritario —vinculado al peronismo y con unos 20 integrantes— y otras fuerzas minoritarias aún no expresaron una posición común frente a los cambios en discusión. Esa falta de alineamiento anticipa un camino cuesta arriba para cualquier intento de reformar el sistema electoral porteño en el corto plazo.

De esta manera, mientras el Congreso nacional comienza a tratar la reforma electoral promovida por el Gobierno, la Ciudad de Buenos Aires se prepara para un debate propio, atravesado por intereses contrapuestos, visiones encontradas sobre la participación política y la tensión entre gobernabilidad y pluralismo.

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