Roberto Moldavsky reestrena show en la calle Corrientes

“Salud, Moldavsky y Amor”: el regreso del humorista al Apolo

Roberto Moldavsky en su regreso al teatro Apolo de la calle Corrientes

NewsITe

Roberto Moldavsky vuelve a ocupar su “patio de casa”: el teatro Apolo de la avenida Corrientes, en Buenos Aires. A casi una década de aquel debut como comediante profesional, el ex comerciante del Once reestrena su espectáculo “Salud, Moldavsky y Amor”, una propuesta que mezcla autobiografía, observación social y humor político en dosis medidas, con funciones de jueves a domingo durante, al menos, los próximos tres meses.

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Lejos de repetir una fórmula cerrada, Moldavsky concibe el show como un organismo vivo, en constante ajuste. Los cambios de la actualidad, desde la política local hasta fenómenos internacionales como la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, entran y salen del guion casi en tiempo real. “Cada función es distinta”, suele remarcar el humorista, que aprovecha esa estructura flexible para improvisar y leer al público en directo.

Formado primero en el comercio del Once, Moldavsky reconoce que mucho de lo que hoy funciona en el escenario nace de ese oficio. Para él, el vendedor y el comediante comparten una misma lógica: seducir, observar y descifrar al otro. Esa mirada se traduce en un show donde se mezclan parejas en su primera cita, matrimonios de años, turistas y porteños, todos atravesados por la misma necesidad de reírse un rato de sí mismos.

Del Once a la calle Corrientes: una carrera hecha a pulmón

El recorrido de Moldavsky hacia la masividad tuvo varios hitos. Primero, la mirada de Jorge Schussheim, que lo descubrió en un video de stand up casi anónimo. Luego, el impulso decisivo de Gustavo Yankelevich, quien lo proyectó a la calle Corrientes, y la exposición televisiva junto a Gerardo Rozín en Morfi. También nombres como Fernando Bravo, Jorge Lanata y Sebastián Wainraich resultaron claves para empujar la transición definitiva del comercio al escenario.

Detrás del personaje descontracturado convive un sociólogo de vocación tardía. Moldavsky estudió Sociología, vivió en un kibutz en Israel y suele reflexionar sobre el dinero, la clase media, la vida comunitaria y la cultura del trabajo. Esos temas se cuelan en el espectáculo, donde el título “Salud, Moldavsky y Amor” funciona como juego: en lugar del clásico brindis por “salud, dinero y amor”, el dinero se reemplaza por un comodín que cada espectador puede completar a su manera.

Humor político, grieta y el desafío de los tiempos que cambian

Una de las marcas de Moldavsky es su abordaje del humor político. Trabajó con Lanata y escucha como norte una frase que le dejó Enrique Pinti: si nadie se enoja, algo está fallando. El comediante admite que recibe críticas desde todos los extremos —lo acusan de “kuka”, de “gorila” o de tomar partido en conflictos internacionales—, pero sostiene que su objetivo es “pegarle a todos” por igual y que la risa sea un punto de encuentro más que de división.

  • Actualiza el material según la agenda política y las declaraciones de figuras en el poder.
  • Incluye a Javier Milei como uno de los protagonistas de la coyuntura, al que define como “una bendición” en términos humorísticos.
  • Cuida ciertos límites vinculados a género y lenguaje, guiado también por las devoluciones de su hija Galia.

El vínculo con las críticas y los “haters” también aparece en sus reflexiones. Moldavsky recuerda consejos de familiares de Tato Bores para relativizar los ataques anónimos en redes, diferenciando entre la opinión sincera y la agresión discriminatoria. Reconoce que a veces le cuesta no responder, sobre todo cuando las agresiones apuntan a sus hijos Eial y Galia, pero asume que forman parte del “pack” de la exposición pública que la familia eligió sostener.

“El humor es una manera de cerrar la grieta”, sostiene Moldavsky, convencido de que el desafío es lograr que el público se ría incluso de aquello que votó.

Con “Salud, Moldavsky y Amor”, el comediante vuelve a apostar por Buenos Aires en temporada baja, confiado en el público local y en quienes llegan del interior buscando una salida distinta. Entre anécdotas de su vida, política en clave de stand up y una mirada crítica pero afectuosa sobre la sociedad argentina, Moldavsky parece haber encontrado su lugar: un escenario donde conviven todos sus personajes, del vendedor del Once al sociólogo, del padre orgulloso al observador implacable de la realidad.

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