“Sábados circulares”: el programa ómnibus que cambió la TV

El fenómeno de Pipo Mancera que dominó las tardes argentinas

Nicolás Pipo Mancera en Sábados Circulares, clásico de la TV argentina

NewsITe

En una época sin streaming, sin cable y con apenas un puñado de canales de aire, un nombre se volvió sinónimo de sábado a la tarde frente al televisor: Nicolás “Pipo” Mancera. Desde comienzos de los años ‘60, su ciclo Sábados Circulares impuso el formato ómnibus en la televisión argentina y llegó a cifras de rating que hoy parecen imposibles.

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La historia empezó el 6 de enero de 1962, cuando debutó Circulares con Mancera, un programa de cinco horas y media que combinaba música, humor, actualidad y entrevistas. Para convencer a las autoridades, Pipo llegó a un acuerdo inusual: trabajaría gratis durante los primeros tres meses y solo cobraría su sueldo si el rating acompañaba. La apuesta no solo resultó, sino que marcó un antes y un después en la pantalla chica.

El éxito fue tal que, dos años más tarde, el ciclo adoptó el nombre con el que pasó a la historia: Sábados Circulares con Mancera. Primero en Canal 13 y luego en Canal 11, el programa se mantuvo al aire hasta el 11 de noviembre de 1974. Durante esas tardes interminables, desfilaron las principales figuras del espectáculo, el deporte y la política, en un estudio que funcionaba como gran vidriera de la cultura popular argentina.

Rating histórico, invitados de lujo y momentos inolvidables

Uno de los hitos más recordados fue la transmisión en vivo del casamiento de Ramón “Palito” Ortega y Evangelina Salazar, el 13 de marzo de 1967, desde la Abadía de San Benito. Aquella emisión alcanzó un récord de 82 puntos de rating, una marca que ilustra el peso que tenía el programa en la vida cotidiana de los argentinos.

Mancera también quedó en la memoria como el primer periodista en entrevistar en TV a un chico llamado Diego Armando Maradona. Corría 1971 y el futuro astro, de apenas 10 años, fue presentado como “el chico malabarista”. Cuando Pipo le preguntó cuál era su mayor sueño, el pequeño respondió sin dudar: “Jugar el Mundial”. Esa escena se transformó con el tiempo en un documento histórico.

El ciclo recibió además a grandes figuras internacionales: Sophia Loren, Alain Delon, Marcello Mastroianni, Pelé y Raphael, entre otros. Un joven Joan Manuel Serrat, por entonces prohibido en la España franquista, también tuvo allí un espacio para mostrar su arte a un público que todavía no lo conocía masivamente.

El showman total y el costo de la censura

La propuesta de Sábados Circulares era tan variada como impredecible. Mancera se animó a todo: fue sumergido en el Río de la Plata dentro de una caja de hierro, atado de pies y manos, y emergió vestido de smoking con una copa de champagne; caminó en ropa interior por las calles de Miami e incluso realizó un informe especial desde Hiroshima, combinando espectáculo con periodismo.

Ese costado informativo también fue reconocido. En 1967, Pipo recibió un premio por la cobertura del terremoto que había sacudido a Venezuela el 29 de julio de ese año. Sin embargo, el contexto político le jugaría en contra: con la llegada de la dictadura de 1976, el conductor recibió una advertencia directa de su amigo José María Muñoz —“Rajá porque sos boleta”— y se exilió en Francia, Italia, Brasil y luego Estados Unidos.

A su regreso en 1983, intentó volver a la televisión con el ciclo Videoshow, pero el programa duró apenas un mes. El intento de reflotar el espíritu de Sábados Circulares recién se concretó en 2007, en la pantalla de Crónica TV, aunque sin el impacto ni la masividad de antaño.

Un legado que perdura en el formato ómnibus

Nicolás Pipo Mancera murió el 29 de agosto de 2011, a los 80 años, con la sensación de que buena parte del medio había olvidado su aporte. Sin embargo, su creación se mantuvo viva: el formato de programa ómnibus siguió replicándose en ciclos como Feliz Domingo o Sábados de la bondad, y hoy su nombre sigue asociado a esas largas transmisiones que acompañan durante horas al público.

Cada vez que se habla de televisión de maratón, inevitablemente aparece la referencia a Sábados Circulares: aquel clásico que relató la boda de Palito Ortega, descubrió a un niño llamado Maradona y demostró que un sábado a la tarde podía concentrar a todo un país frente a la pantalla.

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