Prevención temprana para una sonrisa sana de por vida

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Las enfermedades bucodentales afectan a casi 3.700 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Detrás de esa cifra hay una realidad que se repite en la Argentina: la mayoría de los problemas dentales se podrían evitar si se trabajara en la prevención desde los primeros meses de vida, incluso antes de que aparezca el primer diente.
En nuestro país, se estima que alrededor de 7 de cada 10 chicos tienen caries. Se trata de una enfermedad crónica de origen infeccioso, asociada a bacterias y al consumo frecuente de azúcares, pero que puede prevenirse con hábitos simples y sostenidos: higiene adecuada, controles periódicos y alimentación saludable.
La médica odontóloga Valeria El Haj remarcó que no es necesario esperar a que el niño tenga dolor para consultar: la primera visita al odontólogo debe realizarse antes del año de vida. Ese primer contacto permite detectar factores de riesgo, acompañar a la familia y prevenir la llamada “caries de la primera infancia”, una afección frecuente que puede avanzar rápido y comprometer tanto la estética como la alimentación y el desarrollo del habla.
Cuándo y cómo empezar a cepillar los dientes
El cuidado bucal comienza aun antes de que erupcione la primera pieza dental. Durante los primeros meses, se recomienda limpiar las encías con una gasa o paño limpio apenas humedecido, especialmente luego de las tomas. Cuando aparece el primer diente, entra en juego el cepillo: debe ser pequeño, de cabeza redondeada y cerdas suaves.
Un punto que suele generar dudas es el uso de pasta dental con flúor. Las guías actuales coinciden en que debe utilizarse desde el inicio, pero en cantidades muy reducidas, adecuadas a la edad del niño:
- Hasta los 3 años: una cantidad equivalente al tamaño de un grano de arroz.
- De 3 a 6 años: aproximadamente el tamaño de una arveja.
El cepillado debe realizarse al menos dos veces por día, siempre bajo la supervisión de un adulto. A la mañana ayuda a retirar la placa acumulada durante la noche, y antes de ir a dormir es clave para evitar que los restos de alimentos y azúcares queden en contacto prolongado con los dientes.
Hábitos que protegen (y hábitos que conviene desterrar)
Además del cepillado, los especialistas insisten en la importancia de revisar algunas costumbres cotidianas. Una de las principales recomendaciones es evitar que los chicos se duerman con la mamadera cuando esta contiene leche azucarada, jugos industrializados o bebidas endulzadas. Del mismo modo, no se aconseja mojar el chupete en azúcar, miel o golosinas, ya que esos azúcares permanecen en la boca y favorecen la aparición de caries tempranas.
También se recomienda limitar el consumo de gaseosas, jugos azucarados y golosinas pegajosas, así como fomentar el agua como bebida principal y una alimentación variada, rica en frutas y verduras. Los controles odontológicos regulares –al menos una vez al año en niños sanos y con mayor frecuencia en caso de riesgo– permiten detectar lesiones iniciales y reforzar las pautas de cuidado en cada etapa del crecimiento.
“La salud bucal no es una respuesta al problema, sino una construcción diaria. Acciones pequeñas hoy evitan tratamientos complejos mañana”, subrayó la Dra. Valeria El Haj.
La prevención temprana, el acompañamiento de la familia y el seguimiento profesional son las herramientas centrales para que las caries dejen de ser un problema frecuente en la infancia. Empezar a tiempo, incluso antes del primer diente, es invertir en salud para toda la vida.

