Santiago Bulat: claves de la economía argentina para 2026

Exportaciones, reservas y reformas: los ejes que marcarán el 2026

El economista Santiago Bulat analiza la economía argentina 2026

NewsITe

El economista Santiago Bulat, director de la consultora Invecq, trazó un panorama detallado sobre los desafíos y oportunidades que enfrentará la economía argentina en 2026. Con un entorno internacional más tenso, un programa económico apoyado por el FMI y una estructura productiva que avanza de manera muy desigual, el especialista subrayó que la estrategia de exportación de bienes y servicios será decisiva para sostener el crecimiento y mejorar la estabilidad macroeconómica.

El punto de partida del año combina señales positivas en lo financiero —entre ellas, un REPO por hasta USD 7.000 millones para afrontar vencimientos de deuda y un Presupuesto 2026 aprobado con superávit fiscal— con una economía real que se mueve a diferentes velocidades. Mientras el complejo energético, la minería, el agro y los servicios basados en el conocimiento muestran dinamismo, los rubros ligados al consumo interno, como alimentos, textiles y electrodomésticos, continúan castigados por la pérdida de poder adquisitivo y el alto costo del financiamiento.

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Bulat destacó como “materia pendiente” la acumulación de reservas internacionales. Si bien el Banco Central modificó su esquema de compras y habilitó el giro de dividendos correspondientes a 2025, persiste un stock de utilidades pendientes y de deudas comerciales que condiciona el ritmo de salida del cepo cambiario. Según su visión, el proceso de desarme de controles no será lineal y dependerá de la capacidad del país para acceder a financiamiento y atraer capitales en un contexto global menos amigable con el comercio.

Inflación más baja, crecimiento moderado y rol del Presupuesto

El 2025 dejó una fuerte desaceleración inflacionaria —del 118% anual en 2024 a alrededor del 31% en 2025— y un crecimiento del PBI cercano al 4%, aunque sin un arrastre estadístico relevante hacia 2026. Para este año, el gobierno proyecta una expansión de 5%, pero el mercado es bastante más cauto y se ubica cerca del 3%. Bulat, a partir de sus propios modelos de oferta y demanda sectorial, estima una suba de la actividad más cercana al 2%.

La sanción del Presupuesto y de la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal es leída como una señal de mayor previsibilidad. Para el economista, contar con una hoja de ruta aprobada por el Congreso reduce la discrecionalidad del Ejecutivo y consolida el ajuste fiscal. Sin embargo, advierte que las expectativas privadas difieren de las oficiales en tres frentes: inflación, tipo de cambio y nivel de actividad. Además, las reformas tributarias y laborales en debate, con un impacto estimado de 0,8% del PBI, aún no están plenamente reflejadas en las proyecciones oficiales.

En paralelo, la próxima revisión del FMI sobre las metas de fines de 2025 volverá a poner el foco en la acumulación de reservas. Bulat espera un mensaje de continuidad: reconocimiento de los avances fiscales y monetarios, pero exigencia de un mayor fortalecimiento del frente externo. Este año, Argentina deberá afrontar pagos de intereses por más de USD 3.200 millones y alrededor de USD 1.100 millones de capital con el organismo.

Exportaciones en alza y sectores con mayor potencial

Uno de los puntos más sólidos del panorama es el frente externo real. En 2025, las exportaciones fueron las segundas más altas de la historia, traccionadas por el sector energético y el complejo agropecuario. Las ventas externas de combustibles y energía crecieron cerca del 30% anual hasta noviembre, impulsadas por el petróleo, mientras que los productos primarios subieron alrededor del 24% anual, favorecidos por una buena campaña agrícola y la eliminación transitoria de retenciones.

También se destacó el desempeño de los servicios basados en el conocimiento, que ya rondan los USD 10.000 millones anuales y se consolidan como un pilar de generación de divisas. Para 2026, Bulat proyecta un saldo comercial similar al de 2025, con exportaciones nuevamente lideradas por el agro y la energía, y un aumento moderado de las importaciones, atado al nivel de actividad y al tipo de cambio. Un crecimiento del PBI mayor al previsto o un dólar real más barato podrían acelerar las compras externas y deteriorar el superávit.

“La estrategia de exportación de bienes y servicios será crucial para el desarrollo de sectores en un mundo menos amistoso con el comercio”, remarca Bulat.

Entre los sectores con mayor potencial menciona, además de la energía y la minería, al agro, las economías regionales, la construcción —aunque sin volver todavía a los niveles de 2023— y el sistema financiero, que podría repuntar de la mano del retorno del crédito. La mejora del salario real, anticipa, será gradual y desigual entre ramas de actividad, condicionada por la productividad y por el impacto aún vigente de la actualización de tarifas.

Un mundo más tenso y el desafío de la confianza

En el plano internacional, Bulat describe un escenario signado por tensiones geopolíticas, cambios en el mapa político de América y un replanteo de la globalización, con mayor peso de las políticas proteccionistas y del llamado friend-shoring. La suba del oro —65% en 2025 medida en dólares— y la depreciación de la moneda estadounidense frente a otras canastas son, a su criterio, reflejo de esa incertidumbre y de la búsqueda de activos refugio por parte de bancos centrales y grandes inversores.

En este contexto, la Argentina debe aprovechar sus ventajas en energía fósil y renovable, petróleo y gas no convencional, minería y alimentos, pero sabiendo que el entorno será más exigente en términos de cupos, aranceles y exigencias ambientales. Las recientes restricciones de China a las compras de carne bovina, si bien no afectan de manera directa al cupo argentino, funcionan como recordatorio de que la política comercial global puede cambiar de manera abrupta.

Para que el programa económico sea sostenible, el economista subraya la importancia de la confianza de los mercados y de la inversión extranjera directa. Con una cuenta corriente negativa cercana al 2% del PBI y necesidades crecientes de financiamiento, la capacidad de acceso al crédito y la llegada de capitales productivos serán determinantes. Mantener el orden fiscal, asegurar fuentes de financiamiento y sostener un sendero de reformas pro-competitividad aparecen, así, como condiciones centrales para que 2026 sea un nuevo paso de consolidación y no un punto de inflexión negativo para la economía argentina.

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