Selectividad alimentaria: cuándo preocuparse en la infancia

Señales de alerta cuando un chico “siempre come lo mismo”

Niño con selectividad alimentaria frente a un plato de comida

NewsITe

En muchos hogares argentinos, las peleas a la hora de comer se viven como algo habitual y hasta esperado durante la infancia. Sin embargo, cuando un chico “siempre come lo mismo” y el rechazo hacia ciertos alimentos se sostiene en el tiempo, la situación puede dejar de ser una simple etapa para transformarse en un problema con impacto real en la salud.

Especialistas en nutrición pediátrica advierten que la selectividad alimentaria prolongada puede derivar en ingestas insuficientes de nutrientes clave como hierro, zinc, calcio, ácidos grasos esenciales y vitaminas. Esto puede suceder incluso en niños con peso y talla aparentemente adecuados, lo que muchas veces retrasa la consulta con el pediatra o nutricionista.

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“La selectividad alimentaria forma parte del desarrollo, sobre todo entre los 2 y 3 años. El problema aparece cuando se prolonga en el tiempo o limita de manera marcada la variedad de alimentos. En esos casos, puede comprometer el aporte de nutrientes esenciales”, explica la médica pediatra y especialista en Nutrición, Dra. Irina Kovalskys, directora médica de INUMI.

Cuándo dejar de pensar que es “una etapa”

Se estima que entre el 25% y el 40% de los niños sanos presentan algún tipo de dificultad alimentaria en su crecimiento, siendo la selectividad una de las formas más frecuentes. Muchas veces es transitoria, pero no siempre. Por eso, los profesionales recomiendan prestar atención a algunas señales de alerta que ameritan una consulta.

  • La situación se mantiene por más de tres meses.
  • El niño acepta menos de 10 a 15 alimentos distintos.
  • Rechaza comidas por su textura, color u olor, de manera sistemática.
  • Las comidas se vuelven eternas o están atravesadas por peleas constantes.
  • La dinámica familiar se ve afectada por la preocupación en torno a qué y cuánto come.

El rechazo marcado por características sensoriales –como la textura o el color– puede dar cuenta de dificultades en el procesamiento sensorial, por lo que no debe minimizarse. A esto se suma otro dato relevante: se calcula que hasta un 20% de los chicos con dificultades alimentarias no recibe un diagnóstico adecuado, lo que retrasa el abordaje oportuno.

Impacto en la salud y rol de la consulta temprana

Una alimentación diversa suele asociarse con buenos niveles de micro y macronutrientes, biomarcadores en sangre estables y una evolución esperable en peso y talla. Pero los especialistas subrayan que estos parámetros de crecimiento, por sí solos, no siempre reflejan lo que está pasando dentro del organismo.

Los niños con dificultades alimentarias pediátricas tienden a no alcanzar las recomendaciones nutricionales, ya sea por la baja diversidad de su dieta, por excluir grupos enteros de alimentos o por consumir cantidades insuficientes de comidas y bebidas. Un metaanálisis reciente mostró que una menor diversidad alimentaria se vincula con mayores probabilidades de anemia en niños y adolescentes, lo que refuerza la importancia de ampliar la variedad del plato diario.

“Cuando un niño come muy poco o muy limitado, lo más importante es no minimizar la situación ni abordarla con presión. Consultar a tiempo permite evaluar el riesgo nutricional y diseñar estrategias adecuadas”, señala la Lic. Lucía De Nobili, Magister en Nutrición Materno Infantil.

Estrategias para acompañar a las familias

Cuando la preocupación crece, la mesa familiar suele convertirse en un foco de tensión. Entre la insistencia, la negociación permanente y la resignación, muchas familias sienten que se quedan sin recursos. Los especialistas coinciden en que el abordaje debe ser progresivo, respetuoso y sostenido en el tiempo.

Algunas recomendaciones incluyen:

  • Ofrecer exposición repetida a nuevos alimentos, sin obligar ni castigar.
  • Introducir cambios graduales a partir de preparaciones que el niño ya acepta.
  • Establecer rutinas claras en los horarios y lugares de comida.
  • Involucrar al chico en la elección y preparación de los alimentos.
  • Ajustar textura, tamaño y presentación de las comidas para favorecer la aceptación.

En aquellos casos en los que la variedad es muy limitada o existe riesgo de déficits nutricionales, la evaluación profesional puede incluir estudios complementarios y, si corresponde, el uso de suplementos nutricionales como apoyo, siempre dentro de un plan que apunte a ampliar la dieta.

Lejos de buscar que el niño coma “perfecto”, el objetivo es construir una relación más variada, suficiente y saludable con la comida. Reconocer las señales de alerta, pedir ayuda a tiempo y trabajar en equipo con el pediatra y el nutricionista permite prevenir deficiencias nutricionales y reducir el impacto a largo plazo en la salud infantil.

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