Semana Mundial de la Sal: el foco en el sodio oculto

Alertan por el impacto del sodio oculto en la salud cardiovascular

Concientización sobre el consumo de sal y sodio

NewsITe

La Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal, que se desarrolla hasta el 17 de mayo, vuelve a poner en primer plano un problema silencioso pero extendido: el exceso de sodio en la alimentación cotidiana y su impacto directo sobre el corazón, el cerebro y los riñones. En la Argentina, el consumo diario de sal duplica ampliamente las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que se traduce en un aumento de casos de hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

La sal de mesa contiene sodio, un mineral necesario para el equilibrio de líquidos del organismo. El problema aparece cuando se lo ingiere en exceso: el cuerpo retiene agua, aumenta el volumen sanguíneo y, en consecuencia, se eleva la presión arterial. A largo plazo, esta sobrecarga daña arterias y órganos vitales, elevando el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca e incluso demencia vascular.

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El Colegio de Nutricionistas de la provincia de Buenos Aires se suma a la campaña global con un mensaje claro: no se trata de una acción aislada, sino de un llamado a construir políticas públicas sostenidas que apunten a frenar el avance de las enfermedades crónicas no transmisibles, especialmente las cardiovasculares, hoy al tope de las causas de muerte y discapacidad en el mundo.

Qué recomienda la OMS y cuánto se consume en Argentina

La OMS recomienda no superar los 5 gramos de sal al día —equivalentes a unos 2 gramos de sodio— en personas adultas. Sin embargo, los relevamientos internacionales muestran que, en la mayoría de los países, el consumo real suele duplicar ese valor. En la Argentina, los datos del Ministerio de Salud de la Nación estiman que cada persona ingiere entre 10 y 12 gramos diarios de sal, más del doble de lo aconsejado.

La licenciada en Nutrición Paola Del Grosso (M.P. 3.210) subraya que el principal problema no está en el salero. “Entre el 65% y el 70% del sodio que consumimos proviene de alimentos procesados e industrializados. La sal que agregamos al cocinar o en la mesa representa solo una fracción menor del total”, advirtió. Galletitas, fiambres, embutidos, caldos concentrados, conservas, snacks, aderezos, comidas listas, panificados y quesos figuran entre los productos que más contribuyen al exceso.

Hipertensión, riñones y corazón: las consecuencias del exceso

El vínculo entre sodio y presión arterial está respaldado por abundante evidencia científica. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2018 mostró que entre el 34% y el 46% de las personas adultas en el país presenta hipertensión. Esta condición, muchas veces silenciosa, aumenta de manera considerable la posibilidad de infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia renal crónica.

Estudios recientes también demuestran que una dieta rica en sal acelera el deterioro de la función renal, favorece la pérdida de proteínas por la orina y empeora el pronóstico de quienes ya tienen una enfermedad renal instalada. En pacientes con insuficiencia cardíaca, una reducción moderada del sodio forma parte del tratamiento no farmacológico, junto con la actividad física, el control del peso y la adherencia a la medicación.

“No alcanza con decirle a la gente que use menos sal en la mesa; hay que enseñar a leer etiquetas y exigir a la industria que reformule sus productos”, planteó Del Grosso.

Cómo reducir el sodio en la vida diaria

Para especialistas y sociedades científicas, actuar a tiempo puede marcar una diferencia significativa. En prevención primaria, mejorar los hábitos alimentarios reduce el riesgo de desarrollar hipertensión y síndrome metabólico. En quienes ya tienen diagnóstico, bajar el consumo de sodio ayuda a controlar la presión y a demorar la progresión de daños cardiovasculares y renales.

La estrategia, destacan, no es eliminar por completo la sal, sino cambiar el tipo de alimentos que llegan al plato. Priorizar frutas y verduras frescas, legumbres, cereales integrales, huevos, carnes magras y preparaciones caseras permite tener mayor control sobre la cantidad de sodio ingerida. Para realzar el sabor, se recomienda reemplazar parte de la sal por hierbas aromáticas, especias, jugo de limón, vinagre, aceto o ajo.

  • Elegir productos con menos sodio leyendo con atención las etiquetas nutricionales.
  • Limitar el consumo de ultraprocesados como snacks, fiambres, comidas listas y caldos concentrados.
  • Reducir gradualmente la sal en las preparaciones caseras para habituar el paladar.
  • Favorecer menús basados en ingredientes frescos y de estación.

Desde el Colegio de Nutricionistas bonaerense remarcan que para lograr cambios sostenidos se debe trabajar en tres frentes: concientizar a la población, respaldar normas que obliguen a la industria alimentaria a reformular sus productos y facilitar que las y los consumidores tomen decisiones más informadas. Avanzar en esa dirección, señalan, es clave para disminuir el impacto de las enfermedades cardiovasculares y aliviar la carga sobre el sistema de salud.

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