Proyecto de ley bipartidista para blindar la soberanía de Groenlandia

NewsITe
Un inusual frente bipartidista en el Senado de Estados Unidos intenta poner un freno legislativo a las intenciones del expresidente Donald Trump de avanzar sobre Groenlandia. Las senadoras Lisa Murkowski, republicana, y Jeanne Shaheen, demócrata, presentaron un proyecto de ley que busca prohibir el uso de recursos oficiales para anexar, ocupar o controlar territorios pertenecientes a aliados de la OTAN, con la isla ártica en el centro de la discusión.
La iniciativa, bautizada como “Ley de Protección de la Unidad de la OTAN”, fue registrada en la Cámara Alta con el objetivo de dejar sentado que cualquier intento de apropiarse del territorio soberano de un socio del pacto atlántico viola tanto la Carta de las Naciones Unidas como el Tratado del Atlántico Norte. El texto apunta directamente a la presión ejercida durante la administración Trump para incorporar Groenlandia a Estados Unidos, un proyecto que había generado rechazo inmediato en Copenhague, en el gobierno autónomo groenlandés y en la Unión Europea.
En un comunicado difundido desde su página oficial, Murkowski advirtió que “la mera idea de que Estados Unidos utilice nuestros vastos recursos contra nuestros aliados es profundamente preocupante y debe ser rechazada por completo por el Congreso”. La senadora remarcó que el proyecto busca blindar la política exterior estadounidense frente a eventuales aventuras unilaterales que pongan en riesgo la cohesión del bloque atlántico.
Qué establece la “Ley de Protección de la Unidad de la OTAN”
El proyecto incluye cinco cláusulas centrales que regulan el uso de fondos públicos. Entre los puntos más relevantes, se dispone que el Departamento de Defensa no podrá destinar dinero para bloquear, ocupar, anexar, ejecutar operaciones militares ni ejercer ningún tipo de control sobre el territorio soberano de un miembro de la OTAN, salvo que exista una autorización expresa de ese país o una decisión formal del Consejo del Atlántico Norte.
De manera paralela, el texto también prohíbe que el Departamento de Estado utilice recursos para diseñar, apoyar o implementar planes que busquen el mismo objetivo. Se trata de una restricción que abarca tanto acciones militares como diplomáticas y administrativas, con la intención de impedir maniobras de presión o injerencia bajo la cobertura de misiones oficiales.
Unidad aliada y mensaje a la Casa Blanca
La senadora demócrata Jeanne Shaheen, integrante clave del Comité de Relaciones Exteriores, subrayó que la fortaleza de la OTAN descansa en el respeto irrestricto a la soberanía y la integridad territorial de cada uno de sus miembros. Desde su banca por el estado de Nueva Hampshire, sostuvo que cualquier insinuación de que Washington pueda utilizar su poder para apropiarse de tierras de un aliado “socava directamente la alianza que protege a los estadounidenses”.
- Reafirmación del principio de soberanía sobre territorios aliados.
- Prohibición expresa de emplear fondos del Pentágono para anexiones.
- Veto al uso de recursos diplomáticos para apoyar proyectos de adquisición territorial.
- Mensaje político de unidad bipartidista frente a señalamientos de la OTAN.
“La retórica reciente en torno a Groenlandia socava profundamente los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos y se enfrenta a la oposición bipartidista en el Congreso”, advirtió Shaheen.
El debate en el Senado se suma a otra iniciativa presentada en la Cámara de Representantes por el legislador republicano Randy Fine, quien llegó a proponer la incorporación de Groenlandia como el quincuagésimo primer estado de Estados Unidos. Estas movidas reflejan la creciente puja interna en Washington sobre el futuro de la isla y las prioridades de la política exterior estadounidense en el Ártico, una región clave por sus recursos naturales, su posición geoestratégica y la competencia con otras potencias.
Mientras tanto, las autoridades de Groenlandia y Dinamarca mantienen una negativa rotunda a cualquier negociación que implique ceder soberanía. Desde Europa se observa con preocupación el impacto que podría tener un avance unilateral de Washington sobre la confianza mutua construida durante décadas en el marco de la OTAN. Por ahora, el proyecto impulsado por Murkowski y Shaheen se presenta como un intento de institucionalizar límites claros a la tentación de reabrir debates coloniales en pleno siglo XXI.

