A un mes de la licitación del denominado Tramo Portuario Sur, el pliego oficial confirma que no habrá obras de transformación estructural para el corredor que une San Nicolás con la localidad pampeana de Realicó. Si bien el documento exige una puesta en valor inicial –que incluye tareas de bacheo profundo, repavimentación de sectores deteriorados y mejora en la señalización–, el proyecto dejó fuera cualquier obra de expansión de capacidad.

De la redacción de EL NORTE
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La Ruta Nacional 188 se encuentra en una cuenta regresiva que marcará su funcionamiento operativo y su fisonomía por los próximos años. El próximo 7 de mayo, el Gobierno nacional llevará adelante el acto de apertura de sobres en el marco del ambicioso plan denominado Red Federal de Concesiones, un esquema que busca devolver a manos privadas la administración de los corredores viales más estratégicos del país.
Sin embargo, tras conocerse los detalles técnicos definitivos de la licitación para el sector identificado como Tramo Portuario Sur, el sentimiento en Junín y en toda el área de influencia oscila entre la resignación y la profunda preocupación. Para nuestra ruta, la columna vertebral que nos conecta con el puerto y el oeste productivo, no se prevén ensanches, duplicaciones de calzada ni terceros carriles en ninguno de sus tramos críticos.
El pliego de bases y condiciones redactado por las autoridades nacionales es taxativo respecto a las obligaciones que deberá asumir el futuro concesionario sobre los 427,56 kilómetros que unen San Nicolás con la localidad pampeana de Realicó. Si bien el documento exige una puesta en valor inicial que incluye tareas de bacheo profundo, repavimentación de sectores con alto grado de deterioro y una mejora integral en la señalización vertical y horizontal, el proyecto ha dejado fuera cualquier obra de expansión de capacidad.
Esta omisión resulta especialmente llamativa y genera un fuerte contraste cuando se analiza lo estipulado para el Tramo Portuario Norte, correspondiente a la Ruta Nacional 9. En ese corredor, el Gobierno sí incluyó como obra obligatoria e impostergable la construcción de terceros carriles en el segmento comprendido entre Rosario y Alvear.
Para la Ruta 188, en cambio, el plan diseñado por la administración de Javier Milei parece limitarse estrictamente a una gestión de conservación y servicios. Delegará la administración en empresas privadas, pero sin proyectar la transformación estructural que demanda el incremento exponencial del flujo de transporte pesado experimentado en la última década.
Más peajes
Si las obras de infraestructura de fondo brillan por su ausencia en los documentos oficiales, lo que sí aparece con una claridad meridiana es la intención de multiplicar las estaciones de cobro a lo largo del trayecto. Actualmente, la Ruta 188 cuenta con una sola cabina de peaje operativa en este extenso tramo, ubicada precisamente en el kilómetro 152 de nuestra ciudad.
Bajo el nuevo esquema que entrará en vigencia tras la licitación de mayo, el futuro concesionario está habilitado y sugerido para pasar de una a cuatro estaciones de peaje activas. Hacia el este de nuestra ciudad, se proyecta la instalación de una nueva cabina en el kilómetro 60, situada en la localidad de Juan de la Peña, dentro del partido de Pergamino, lo que encarecerá de manera inmediata el costo del flete para toda la producción local que busca salida en los puertos del Paraná. Hacia el oeste, las propuestas técnicas apuntan a nuevos emplazamientos en el kilómetro 300, a la altura de la ciudad de Ameghino, y en el kilómetro 413, en la localidad de Bernardo Larroudé, ya en territorio de la provincia de La Pampa.
Para un productor agropecuario o un transportista que deba trasladar mercaderías, el costo logístico se cuadruplicaría en términos de paradas de pago obligatorias, sin que este incremento en la presión tarifaria se traduzca en una ruta más ancha, más moderna o más segura frente al sobrepaso de camiones.
El acto administrativo del próximo 7 de mayo definirá finalmente quién será el operador privado de la ruta, pero el pliego ya ha definido de antemano qué tipo de infraestructura tendremos por delante. Será una vía concesionada, con una carga tarifaria sensiblemente superior a la actual, pero con la misma estructura estrecha de hace décadas, que ya no responde a las necesidades del siglo XXI.

