Stewart Copeland trastorna a The Police en clave sinfónica

Stewart Copeland sacudió Buenos Aires con su Police sinfónico

Stewart Copeland junto a orquesta sinfónica en el Teatro Gran Rex

NewsITe

Stewart Copeland, legendario baterista y cofundador de The Police, volvió a pisar un escenario porteño y lo hizo con una propuesta tan arriesgada como fascinante: Police Deranged for Orchestra, un espectáculo que reimagina las canciones del trío británico en clave sinfónica, con espíritu rockero y una buena dosis de humor corrosivo.

La cita fue en un Teatro Gran Rex colmado, mayoritariamente por un público de entre 50 y 60 años que creció con la música de The Police como banda sonora de su juventud. Desde el inicio, Copeland dejó claro que no se trataba de un tributo nostálgico sino de una auténtica relectura. El show abrió con “Demolition Man”, uno de los temas menos difundidos del repertorio, como declaración de principios: acá no se venía a reproducir el pasado, sino a trastornarlo.

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Sobre el escenario se armó un verdadero laboratorio sonoro. Copeland compartió la escena con las cantantes Sarah Jane, Alta Gracia y Rachel Melanie; el trío Eruca Sativa aportó un bloque rítmico demoledor con Lula Bertoldi en guitarra, Brenda Martin en bajo y la participación esporádica de Gabriel Pedernera en batería, cuando Copeland se corría para tomar la guitarra eléctrica. El marco sinfónico estuvo dirigido por Nico Sorín, al frente de una orquesta de más de 20 músicos que funcionó como un organismo vivo, en tensión permanente entre melodías reconocibles y pasajes quebrados casi hasta la abstracción.

Clásicos trastornados, humor y guiños porteños

Fiel a su estilo, Copeland se mostró locuaz, agradecido y muy divertido. Reconoció entre bromas que había cometido “sacrilegios” con algunas obras emblemáticas del trío. “Hay temas que son diamantes y no se pueden cortar; otros, en cambio, se dejan transformar”, lanzó antes de presentar una versión casi irreconocible de “Roxanne”. También hubo elogios para Sting y Andy Summers, celebrados por la platea, y chicanas sobre la afición de Sting por los “jazz chords”, antes de un intenso “Murder by Numbers”.

El recorrido alternó relecturas cercanas a la versión original, como “Spirits in the Material World”, con arreglos radicales y sorprendentes. No faltó el clásico guiño a la audiencia local —“Buenos Aires tiene la mejor audiencia del mundo”—, premiado con una ovación general. Con la misma mezcla de ironía y admiración, Copeland definió: “Las canciones de Sting son muy intelectuales”, mientras las voces y la orquesta se encargaban de desarmarlas y reconstruirlas.

El concierto también dejó momentos de lucimiento para los músicos invitados. “One World (Not Three)” incorporó un solo de percusión en la introducción; “Walking on the Moon” mantuvo su espíritu reggae desde un intenso diálogo entre batería y bajo. En uno de los pasajes más celebrados, Copeland se ubicó en el podio de director para comandar a la orquesta en “The Equalizer”, pieza compuesta para la película homónima, con un solo de guitarra encendido de Lula Bertoldi. La emoción subió aún más con “Every Breath You Take”, presentada con una introducción monumental y vocalizaciones cercanas al góspel.

Del sinfonismo al pulso rockero y un cierre a puro hit

Lejos de quedarse quieto, Copeland alternó batería, guitarra y batuta. Anunció “Metallica interpretando a Stravinsky” para presentar “Orc Jam”, y luego encaró “The Bed’s Too Big Without You”, siempre jugando con la idea de deformar los clásicos sin perder su esencia. “Yo era una rock star y ahora soy un abuelo, así que tengo permitido tomar agua”, bromeó, descontracturando cualquier atisbo de solemnidad.

El tramo final se apoyó en los hits que marcaron a una generación: “Don’t Stand So Close to Me”, “Message in a Bottle” y “Can’t Stand Losing You”, con el público de pie y coreando cada estribillo. En los bises, Lula Bertoldi tomó el centro de la escena para una poderosa versión de “Magoo”, tema de Eruca Sativa grabado en 2010, con Copeland en guitarra. “Es un tipazo, nos pidió que toquemos una de Eruca”, agradeció la guitarrista ante otra ovación.

El cierre llegó con “Every Little Thing She Does Is Magic”, intenso y emotivo, como síntesis perfecta de la propuesta: energía rítmica, melodías inolvidables y la complejidad de una orquesta moderna conducida por Sorín, bajo la batuta —literal y simbólica— de un Copeland tan irreverente como lúcido. Más que un homenaje, Police Deranged for Orchestra se consolidó como una relectura sin concesiones de un repertorio icónico, que vuelve a ponerse en juego frente a un público dispuesto a escuchar esos clásicos con oídos nuevos.

“El verdadero riesgo no está en trastornar los clásicos, sino en dejarlos intactos”, pareció decir Copeland con cada arreglo que rompió la nostalgia para traer las canciones de The Police al presente.

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