Trump, Venezuela y un tablero geopolítico en tensión
NewsITe
La estrategia de Donald Trump para exhibir que controla el rumbo político de Venezuela atraviesa un momento crítico. El mandatario estadounidense se presenta como el arquitecto de las decisiones clave del gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, mientras el madurismo remanente resiste de manera cada vez más abierta. En paralelo, la Casa Blanca mira con atención la creciente conflictividad en Irán, en un escenario que podría redefinir el equilibrio global.
Días atrás, Trump destacó como propio el inicio del desmantelamiento del “Helicoide”, la temida cárcel de Caracas donde se denunciaron sistemáticas torturas contra presos políticos. Casi en simultáneo, reclamó al gobierno transitorio venezolano el envío de cargamentos de petróleo para su comercialización bajo tutela estadounidense, apoyado en un acuerdo por el cual Washington asume la explotación y administración del crudo extraído por PDVSA.
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Sin embargo, este esquema de control a distancia choca con la estructura de poder que aún conservan los principales cuadros del madurismo. Rodríguez designó para su guardia presidencial al jefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), un militar de la máxima confianza de Nicolás Maduro. A la vez, figuras clave como el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, encabezan una oposición silenciosa a las órdenes de Washington, en especial las vinculadas al petróleo y al eventual secuestro de buques que transporten crudo venezolano.
Ambos concentran el mando de fuerzas armadas, policías nacionales, estaduales y municipales, milicias y grupos paramilitares. A ello se suman los “colectivos” motorizados y la presencia de grupos guerrilleros como el ELN y disidencias de las FARC, lo que configura un entramado armado complejo y potencialmente incontrolable. En este contexto, analistas no descartan que el fracaso del esquema impulsado por Trump derive en una suerte de “anarquía armada” en Venezuela.
Presión interna en Estados Unidos y un frente externo que se amplía
La ofensiva sobre Venezuela también genera tensiones dentro de Estados Unidos. De acuerdo con una encuesta citada por el Washington Post, el 42% de los consultados desaprueba el envío de tropas para capturar a Maduro, frente a un 40% que lo respalda. Un 63% considera que el presidente debió pedir autorización del Congreso antes de lanzar el operativo “Resolución Absoluta”, lo que refleja el nivel de controversia interna sobre la política exterior actual.
Pese a las críticas, Trump redobla la apuesta. Anunció un incremento del 50% en el gasto militar para el próximo año, que dejaría a Estados Unidos con un presupuesto bélico seis veces superior al de China. En paralelo, firmó una orden ejecutiva para retirar al país de 66 organismos internacionales —incluyendo 31 vinculados a Naciones Unidas— a los que considera contrarios a los intereses nacionales, con especial foco en cambio climático, energía renovable y migración.
En el plano regional, las tensiones se extendieron a Colombia. El presidente Gustavo Petro convocó a movilizaciones para rechazar las amenazas de Washington y advertir que su país está dispuesto a defenderse, incluso con el uso de las armas. No obstante, una comunicación directa de Trump con su par colombiano bastó para desactivar, al menos de forma temporal, la protesta prevista.
Irán, el otro foco que pone a prueba la política global de Trump
Mientras el tablero venezolano se vuelve más inestable, Trump dirige también su mirada hacia Irán. A fines de diciembre, cuando las protestas comenzaban a extenderse por casi todas las provincias iraníes y el número de víctimas fatales aún era acotado, el mandatario advirtió al ayatollah Ali Khamenei sobre “durísimas represalias” si continuaba la represión en las calles. Hoy, con decenas de muertos, el conflicto se profundiza.
Desde el exilio en Estados Unidos, el hijo del último sha de Irán intenta capitalizar el descontento y se perfila como referente de una oposición apoyada por Washington. En paralelo, grupos de mujaidines con base en Albania también buscan posicionarse como alternativa a la actual dirigencia iraní. Este escenario abre la puerta a un nuevo frente de tensión que podría obligar a la Casa Blanca a definir hasta dónde está dispuesta a avanzar en su proyecto de “nuevo orden mundial”.
La simultaneidad de crisis en Venezuela e Irán expone los límites y riesgos de una estrategia que combina presión económica, operaciones militares puntuales y apuesta por liderazgos opositores frágiles.
Con Venezuela al borde de una fractura interna del madurismo y con Irán bajo creciente presión internacional, el margen de maniobra de Trump se vuelve decisivo no solo para la política estadounidense, sino también para la estabilidad global en los próximos meses.

