La UE aún no logra consenso interno para firmar con el Mercosur
NewsITe
Los gobiernos de la Unión Europea encaran horas decisivas en torno al acuerdo de asociación con el Mercosur, pero el consenso aún está lejos. A días de una posible definición, varios países del bloque mantienen reservas por el impacto que el tratado podría tener sobre los agricultores europeos, especialmente en medio de un clima social tenso y crecientes protestas en sectores rurales.
Tras una reunión informal de ministros de Agricultura, el comisario europeo del área, Christophe Hansen, admitió que persisten diferencias en torno a las cláusulas de salvaguardia destinadas a proteger al campo europeo. Esos mecanismos funcionarían como una red de seguridad para activar restricciones si el aumento de las importaciones desde Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay afecta seriamente a los productores locales.
Hansen resaltó, sin embargo, que varios ministros hicieron hincapié en las posibilidades que abre el acuerdo con el Mercosur, tanto en materia de exportaciones industriales y de servicios como desde una perspectiva estratégica. En el contexto de la guerra en Ucrania, la competencia con China y la puja de Estados Unidos por mayor influencia en América Latina, Bruselas ve al tratado como una pieza clave de su política exterior.
La ministra de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente de Chipre, Maria Panayiotou, quien preside el Consejo de la UE este semestre, confirmó que los embajadores de los Veintisiete volverán a analizar el texto este viernes. “Es un acuerdo comercial importante, pero para nosotros también es fundamental que se escuchen con atención las preocupaciones de los agricultores”, subrayó, marcando la línea de varios gobiernos que reclaman mayor protección.
Salvaguardias, mayoría cualificada y tensión política
El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, recordó que la UE se juega también su credibilidad internacional como socio fiable. Según explicó, la Comisión introdujo herramientas sin precedentes para responder a las inquietudes del sector agropecuario, tanto en materia de volúmenes de importación como en el cumplimiento de estándares sanitarios, ambientales y laborales.
Pese a esos ajustes, el acuerdo ya sufrió al menos un traspié reciente: la falta de apoyo suficiente por las reservas de Francia y la demanda de Italia de más tiempo para estudiar el impacto sobre su producción agrícola. Para avanzar, la iniciativa necesita una mayoría cualificada de los Estados miembros, algo que aún no está asegurado.
La portavoz de la Comisión, Paula Pinho, evitó confirmar que el 12 de enero sea la fecha definitiva para aprobar el tratado de libre comercio con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. De todos modos, insistió en que las conversaciones “avanzan por buen camino” y que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, buscará el respaldo necesario antes de viajar a América Latina.
Protestas en Francia y malestar en el campo europeo
Mientras en Bruselas se discuten tecnicismos y salvaguardias, en las rutas francesas la tensión se manifiesta con fuerza. El gobierno de Emmanuel Macron anunció la suspensión temporal de algunas importaciones de productos agrícolas tratados con sustancias prohibidas en la UE, principalmente originarias de Sudamérica, un gesto dirigido a descomprimir el enojo del sector.
En paralelo, agricultores agrupados en el sindicato Coordinación Rural lanzaron una marcha de tractores hacia París para expresar su rechazo al acuerdo UE-Mercosur y reclamar medidas de alivio frente a los altos costos de producción. Otros grupos del suroeste francés, afectados por la crisis derivada de la dermatosis bovina, mantienen bloqueos en rutas cercanas a Toulouse, desafiando las restricciones oficiales a las protestas.
El temor a la competencia de productos agropecuarios latinoamericanos, la preocupación por las condiciones sanitarias y el encarecimiento de fertilizantes se combinan en un cóctel que complica el escenario político. Para muchos productores, el tratado podría acentuar las asimetrías entre modelos productivos y presionar a la baja los ingresos del campo europeo.
“Desde el punto de vista económico el tratado tiene sentido, pero también desde el punto de vista geopolítico”, sostuvo el comisario Christophe Hansen, sintetizando el dilema entre abrir mercados o priorizar las demandas internas.
Con un calendario ajustado y presiones cruzadas, las próximas jornadas serán clave para determinar si la UE consigue la mayoría necesaria para avanzar con el Mercosur o si las dudas, las protestas y el peso político del agro europeo vuelven a postergar una negociación que lleva más de dos décadas.

