Un fallo federal de Nueva York encendió la alarma sobre el uso de inteligencia artificial en asuntos personales y legales. La Justicia determinó que los chats con plataformas como ChatGPT o Claude pueden ser incorporados como prueba en un juicio.

Cada conversación con ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot puede convertirse en prueba dentro de un proceso judicial. Así lo dejó establecido un fallo federal de Nueva York que marcó un precedente sobre el uso de inteligencia artificial y la confidencialidad de la información que los usuarios comparten con estas plataformas.
La resolución corresponde al caso United States v. Heppner, que tiene como protagonista a Bradley Heppner, ex chairman de GWG Holdings, una financiera que vendía bonos a jubilados y quebró en 2022 dejando pérdidas superiores a los USD 1.000 millones. Actualmente está imputado por fraude bursátil y uso de medios electrónicos.
Después de recibir la citación del gran jurado y antes de su arresto en noviembre de 2025, Heppner utilizó la versión gratuita de Claude para preparar 31 documentos vinculados a su estrategia de defensa. Allí volcó hechos, argumentos legales y preguntas destinadas a sus abogados.
Cuando el FBI allanó su casa el mismo día de su detención, secuestró los dispositivos electrónicos donde estaban almacenados esos archivos. La defensa pidió que ese material quedara protegido bajo secreto profesional, pero el juez federal Jed Rakoff rechazó ese planteo.
El chatbot no tiene secreto profesional
El magistrado sostuvo que hablar con una inteligencia artificial no equivale a mantener una conversación con un abogado o un profesional alcanzado por el deber de confidencialidad.
Según explicó, el chatbot funciona como un tercero, alojado en servidores de una empresa privada que, a través de sus políticas de privacidad, se reserva el derecho de entregar datos a autoridades regulatorias y utilizarlos para entrenar sus modelos.
Rakoff señaló que Heppner no podía tener una “expectativa razonable de confidencialidad”, ya que al aceptar los términos de uso había consentido justamente lo contrario. Desde el punto de vista legal, el juez comparó la situación con contarle el caso a un amigo en un bar.
Este fallo se convirtió en el primer pronunciamiento federal de Estados Unidos sobre este tema y generó una rápida reacción en estudios jurídicos de Wall Street.
Firmas como Sher Tremonte incorporaron cláusulas específicas en sus contratos para advertir que si un cliente comparte asesoramiento legal con un chatbot, pierde el privilegio profesional. También estudios como Crowell & Moring, Debevoise & Plimpton, Orrick y Kobre & Kim recomendaron tratar todas las plataformas de IA pública como entornos no confidenciales.
El riesgo no se limita a Claude ni a ChatGPT
Especialistas remarcaron que el criterio no aplica solamente a Claude. La investigadora Jennifer King, del Stanford HAI, revisó las políticas de privacidad de Amazon, Anthropic, Google, Meta, Microsoft y OpenAI y concluyó que todas mantienen derechos similares sobre los datos de los usuarios.
Esto alcanza a plataformas como ChatGPT, Gemini, Copilot, Meta AI y Perplexity, que comparten el mismo principio de exposición frente a requerimientos judiciales o regulatorios.
El problema no se limita a causas penales complejas. También puede impactar en divorcios, juicios laborales, auditorías fiscales, investigaciones regulatorias y conflictos comerciales donde una de las partes pueda solicitar documentación.
Si una persona utiliza estas herramientas para “ordenar ideas” sobre un litigio con un proveedor, una inspección impositiva o una respuesta ante un sumario interno, también está generando prueba potencial.
Por qué las personas confiesan más a una IA
La cuestión no es solamente jurídica, sino también psicológica. Diversos estudios académicos muestran que muchas personas se abren más con un chatbot que con otro ser humano.
La combinación de una pantalla que no juzga, respuestas empáticas y disponibilidad permanente genera una sensación de anonimato que reduce las barreras habituales de exposición personal.
La literatura especializada identifica de manera repetida dos factores centrales: la ausencia de juicio social y la percepción de privacidad.
Un estudio del King’s College London publicado en 2025 mostró que chatbots diseñados para extraer información personal lograron obtener hasta 12,5 veces más datos sensibles que sistemas estándar, utilizando estrategias de reciprocidad conversacional. Los participantes apenas percibieron el riesgo.
Ese punto es clave dentro del fallo: la misma herramienta que invita a la confesión puede transformarse luego en una fuente de prueba cuando una autoridad la requiere.
Qué cambia para empresas y usuarios en América Latina
Aunque el fallo pertenece a una corte de Nueva York, especialistas advierten que el principio de discoverability puede extenderse rápidamente a otros países.
Las cortes de Argentina, México, Colombia y España podrían encontrarse con casos similares en poco tiempo, utilizando este antecedente como referencia.
Las empresas que trabajan con versiones enterprise de OpenAI o Anthropic ahora suman una nueva pregunta legal: qué establecen exactamente los contratos sobre retención y entrega de datos ante requerimientos oficiales.
Versiones como ChatGPT Team, ChatGPT Enterprise, Claude for Work o Gemini for Workspace ofrecen compromisos de no entrenamiento sobre datos del cliente y mayores niveles de confidencialidad contractual. Sin embargo, todavía no existe un fallo judicial que garantice que eso preserve el privilegio legal.
El propio juez Rakoff dejó una posible excepción: si los abogados hubieran indicado expresamente el uso de Claude bajo la doctrina Kovel, el chatbot podría haber sido considerado un agente del estudio jurídico.
La diferencia está en quién decide usar la herramienta. Si lo hace el cliente por su cuenta, no hay protección automática. Si existe una instrucción profesional directa, la situación podría cambiar.
La conclusión es clara: la inteligencia artificial no funciona como un confidente. Es un sistema con memoria, contrato y capacidad de entrega de datos. Desde este fallo, también puede convertirse en testigo dentro de un expediente judicial.

