Esa condición, que afecta la visión de lejos, avanza en todo el mundo. El regreso a las aulas pone en el centro de la escena una problemática creciente que inquieta a la comunidad médica y educativa. El retorno a la rutina escolar presenta una oportunidad de prevención y tratamiento a través de los recomendados controles anuales. Los especialistas advierten sobre la necesidad de adoptar hábitos y cuidados específicos.

La miopía se convirtió en una de las principales causas de discapacidad visual prevenible y ceguera, con una prevalencia creciente en muchos países.
Ejemplos como Singapur muestran que hace 40 años la prevalencia en jóvenes no superaba el 30%, mientras que actualmente cerca del 85% presentan ese problema visual. Fenómenos similares se observan en Taiwán, Corea, Hong Kong, Guangzhou y Beijing. En Estados Unidos y Europa, la miopía ya alcanza al 50% de los jóvenes, en comparación con el 10-20% informado entre adolescentes de Argentina y el resto de Latinoamérica.
En un comunicado -publicado en un artículo de Infobae sobre la problemática- desde el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advirtieron que “a nivel global, análisis recientes estiman que aproximadamente 1 de cada 3 niños y adolescentes de las grandes ciudades es miope, con un incremento sostenido desde la década de 1990 y una proyección cercana al 40% para 2050”.
En los últimos 30 años, la prevalencia de la miopía entre niños y adolescentes aumentó significativamente (del 24% en 1990 a casi el 36% en 2023), según un artículo publicado en el British Journal of Ophthalmology.
Genética y entorno
El desarrollo de la miopía responde a una interacción compleja entre genética y ambiente. El principal factor no modificable es la genética: los hijos de padres miopes tienen mayor probabilidad de desarrollar miopía y, además, de que aparezca a edades más tempranas. Por otra parte, inciden el exceso de actividades de visión cercana, como pantallas, lectura o tareas prolongadas sin pausas, y la escasa exposición a la luz natural.
Los especialistas coinciden en que los factores ambientales —tiempo al aire libre, cantidad de trabajo de visión cercana, hábitos de lectura— modulan la aparición y la progresión de la enfermedad. En todos los pacientes con miopía o con factores predisponentes se ve que el uso prolongado de dispositivos digitales de mano, como celulares y tablets es un factor de riesgo.
Luz natural y tiempo al aire libre
Diversos estudios demostraron la importancia de la exposición diaria a la luz natural como uno de los principales factores protectores para la salud visual infantil. La evidencia científica muestra que la exposición diaria a la luz natural es uno de los factores protectores más importantes. Pasar al menos dos horas por día al aire libre ayuda a reducir la probabilidad de desarrollar miopía y, en quienes ya la tienen, puede enlentecer su progresión.
El Ministerio de Educación de Taiwán, por ejemplo, estableció la obligatoriedad de dos horas al aire libre por día en las escuelas. Así, la prevalencia de miopía disminuyó en los últimos diez años en el screening anual nacional hecho en esas instituciones.
La exposición al aire libre no solo previene problemas visuales, sino que también tiene efectos positivos en la salud física y mental, como la activación de la vitamina D y la disminución de la depresión emocional.
Uso de pantallas
El incremento del uso de dispositivos digitales y pantallas en la vida cotidiana de niñas y niños está relacionado con síntomas como fatiga ocular, irritación conjuntival, ojo seco, visión borrosa, cefaleas y dolores musculares. Se denomina síndrome visual informático.
Entre las recomendaciones de los especialistas se destaca la regla “20-20-20”: cada 20 minutos de uso de tecnología, descansar 20 segundos mirando a lo lejos, a una distancia de seis metros. Otra pauta útil es la “30-40-50”, que consiste en mantener el teléfono celular a 30 cm, la tablet a 40 cm y la notebook a 50 cm. Los niños de 0 a 2 años deben evitar el uso de pantallas y dispositivos electrónicos, los niños de 2 a 5 años deben limitar su uso a una hora por día y a los niños mayores a 6 años se les debe establecer límites de exposición.
Cuidados, prevención y controles
La detección temprana y los controles oftalmológicos regulares son herramientas esenciales para abordar la miopía escolar. En general se aconseja un control oftalmológico anual durante la etapa escolar.
Asimismo, se recomiendan controles rutinarios al recién nacido, a los 6 meses, al año, a los 3 y 5 años, y luego de forma anual, especialmente si hay síntomas o antecedentes familiares. Si ya existe diagnóstico o tratamiento, los chequeos pueden realizarse cada seis meses para ajustar la estrategia y detectar cambios rápidos en la graduación.
El certificado oftalmológico es la oportunidad de realizar un control visual completo y de esa manera brindar las herramientas en cada caso en particular. La miopía no tratada puede derivar en complicaciones graves.

