El estadounidense nacionalizado argentino que pasara por Belgrano en la pasada Liga Federal de Básquet se puso “el overol” en Bahía Blanca para tratar de salvar el piso de madera del Club Alem, a donde había llegado para disputar el torneo local.

El estadounidense Howard Wilkerson lleva varios años recorriendo nuestro país de la mano del básquetbol. Inclusive, el año pasado pasó por San Nicolás, como refuerzo de Belgrano en la Liga Federal. Ya pocas cosas relacionadas con la cultura, costumbres y clima lo sorprenden a esta altura. Aunque él mismo le contó al diario “La Nueva” que le costó creer lo que estaba viendo, desde su departamento, en Mitre y Caronti, en Bahía Blanca, a donde llegó hace algunas semanas para disputar el torneo local para Leandro N. Alem.
“En Estados Unidos estas cosas pasan más seguido. Pero es la primera vez que veo algo así, nunca nada ni cerca. Jamás había visto autos apilados unos arriba de otros y el desastre que hizo la fuerza del agua”, admitió.
Su experiencia con lo vivido alguna vez por la furia del clima en su país, a Howard le permitió tomarse la situación con más calma, aunque sin poder salir del asombro, por lo que estaba viviendo al despertar el último viernes.
“Aunque ya había visto algo parecido (en Carolina del Norte) con algunos huracanes o tornados, al principio me asusté un poco. Igual, mi preocupación más que nada era por la gente”, contó.
Las imágenes que llevará guardadas por siempre en su memoria lo paralizaron. Y como nos pasó a la mayoría que estábamos en nuestra ciudad, por instinto natural, las mismas inmediatamente nos incentivaron para poner manos a la obra, algunos puertas adentro y, como en su caso que no padeció demasiado las consecuencias, ayudando afuera.
Una vez que las condiciones se lo permitieron, agarró su bicicleta y salió, como pudo, hacia la que hoy es su segunda casa: el club Leandro N. Alem.
“Como no tenía luz, no sabía qué pasaba. Con Fede Giarraffa, con quien vivimos en el mismo complejo, cuando pudimos movernos salimos a ver cómo estaba la cosa y no lo podíamos creer. Me fui en bici, je. Llegué como pude. Quería saber cómo estaba el club. No tenía señal de teléfono ni nada. Así que fui y me puse a ayudar para limpiar el gimnasio. La verdad que la cancha estaba destruida”, recordó.
“Era lo único que podía hacer –reconoció-. Y la verdad que ayudar me hace sentir bien, y más a gente que uno quiere, necesitaba verles las caras y saber cómo estaban”.

Con sus casi dos metros secando el piso del Daniel Lacunza, naturalmente sobresalía del resto, entre los chicos y no tanto que se habían sumado a colaborar. Involucrado como cualquier allegado al propio Leandro N. Alem, el estadounidense -literalmente- se remangó los pantalones y se puso codo a codo a sacar agua, intentando salvar el mismo piso que venía corriendo desde hacía un mes, preparándose para el torneo de Primera local.
“Cuando llegamos vimos que estaban como en shock, sorprendidos, no entendían cómo podía pasar esto, invadidos por la tristeza. Pero noté que las caras fueron cambiando cuando empezaron a ayudar. Sabiendo que estábamos todos juntos, en familia, para ayudar y ver cómo poder avanzar. Eso generó un poco de esperanza”, relató.
Pensando en lo que viene, Wilkerson manifestó: “Ahora no podemos pensar en jugar al básquet con todo lo que está pasando, pero considero que entrando a la cancha, como así la gente haciendo lo que le gusta, puede ayudar a distraerse, sacar la cabeza un poco del dolor y mejorar”. Y opinó que “Bahía es la Capital del Básquet, así que volver a jugar seguro que ayudará a que la gente se distraiga”.
Claro que la realidad de varios gimnasios impedirá el normal desarrollo de la actividad.
“El problema es el estado de las canchas. La nuestra está destruida, no sirve más el piso, van a tener que cambiarlo todo. Es algo muy triste, porque se tendrá que juntar plata como sea. No sé cómo vamos a seguir”, admitió.
Aunque, al mismo tiempo avisó: “De alguna manera vamos a colaborar y trabajar”.

